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Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:694
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Cinco años de matrimonio empañados por la distancia y un embarazo fallido llevan a Victor y Victoria al inevitable divorcio. El acuerdo es pacífico y la separación, inminente. Cada uno toma su propio camino; sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que el frío y reservado Victor Song descubra que desatarse del pasado es imposible cuando la mujer que dejó ir sigue siendo la única que desea.

NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hogar, No Dulce Hogar

El camino a casa fue una pesadilla total. El paso de los topes y las imperfecciones del concreto se volvieron un peor tormento que el mero hecho de venir en el asiento de copiloto, con el aroma de Victoria colándose en mis fosas como un veneno destinado a acabar con mi paciencia.

Cada pequeño salto era un dolor que debía tragarme y refundirlo hasta lo más recóndito de mi ser. La mandíbula ya empezaba a trabarse y mis dientes iban a explotar en cualquier momento, sin embargo, el ruido de su teléfono recibiendo una llamada fue suficiente para decidirme a querer abrir la puerta y lanzarme aunque siguiéramos avanzando.

En algún momento, sus ojos atraparon los míos, mas no mencioné palabra alguna. Victoria bajó la velocidad y respondió desde el tablero con una familiaridad que me dejó aturdido y con el corazón oprimido, pues el nombre del contacto y la hora del reloj marcando a la madrugada, no eran ninguna buena señal.

—John.

El nombre entró a mis oídos, arrastrando todo sentido de calma para volverse un tormento de celos e ira revuelta. Ignoré por completo su lado y me concentré en la carretera, masticándome la lengua para no colgar y comenzar una guerra.

—Vicky… Lo siento, yo… Te necesito.

El sabor metálico se coló entre mis dientes, y los intestinos se me retorcieron en una enfermiza conmoción.

En todos mis años de vida, nunca había sentido tanto deseo por tener a mi hermano enfrente y partirle la cara en dos. Pretender que no escuchaba y que aquel maldito sobrenombre no me afectaba; resultó mucho mas difícil cuando el pecho no tampoco colaboró y solo me estrujó como víbora tratando de cortarme la respiración.

—¿Qué sucede, John?

Las náuseas volvieron y una rítmica punzada me acorraló. Cerré los ojos y contuve la respiración, tratando de evadir el perfume de Victoria que seguía andando en el ambiente similar a una burla ponzoñosa. Aun así, parecía que toda la pesadilla era solo para mí.

—Chris tiene fiebre y Ginny no me responde… No sé qué hacer.

La voz de mi hermano continuó sonando bajo ese tono que me ponía los nervios de punta. Bajé el vidrio de la puerta y asomé un poco el rostro, tratando de que el aire me golpeara, sin embargo, mis intentos fueron en vano porque la camioneta se detuvo y Victoria colocó el seguro de niños.

—No te asustes, John —le calmó, sin perturbar el tono de voz—. En un vaso coloca agua con gas, échale una cuchara de fécula de maíz y una de azúcar, revuélvelo y dáselo.

El martilleo me atravesó la nuca y por mucho que lo intenté, no logré mantenerme derecho. Podía escuchar las voces de Victoria y John, aunque no lograba codificar el mensaje. Las letras se iban distorsionando con cada sílaba escupida, la visión se iba borrando y todo el mundo empezaba a dar vueltas.

Me sentí caer hacia la izquierda y fui detenido en el aire casi al instante. Sin oportunidad a contenerme, expulsé lo poco que había ingerido en el día y, a pesar de todo, mi espalda fue receptora de unas suaves palmadas que me impulsaron a buscar la calma que necesitaba, pues por dentro, mis intestinos ya estaban haciéndose trizas. Mis sentidos estaban dormidos, pero podía entender un poco de lo que ocurría conmigo, como el hecho de que mi brazo estaba siendo pellizcado cada momento sin la mera intención de lastimarme. Pronto la brisa del aire retomó su misión conmigo aunque no pasó demasiado tiempo cuando el camino se detuvo de manera definitiva.

—¿Puedes mantenerte de pie?

Victoria preguntó a mi lado. Vocalicé una sílaba y ella bajó del auto, rodeándolo hasta llegar a mí. Me ayudó a bajar y me abrazó por la cintura firmemente, con la misma fuerza desconcertante que me mantuvo en alerta durante todos los cinco años pasados.

Entrar a casa después de algunos días se sintió reconfortante, principalmente porque era Victoria la que me acompañaba y no Leo. De cierto modo, este escenario me llevaba de vuelta a aquella noche trágica donde ambos tratábamos de mantenernos lo más lejanos posible y, aun así, siempre se mantuvo al pendiente de nuestra fiebre.

Me recosté en la cama y con el máximo cuidado. Victoria me ayudó a sacarme la sudadera y la gorra y sin pensarlo, ni prevenirlo, sentí un pinchazo en el antebrazo.

—Es el sedante —explicó tranquila.

—¿Cómo?

—Les pedí a las enfermeras que me enseñaran… ¿Te traigo agua?

—No… no.

Eché un suspiro, encontrándola entre la penumbra de la habitación. Una pobre luz lograba colarse lo suficiente para permitirme mirarle el rostro. Sus ojos enormes me revisaban y una extraña ansiedad comenzaba a desesperarme, haciéndome sentir terror con el único pensamiento de cerrar los ojos.

Tiré de mi mano y alcancé a la suya. Victoria no se alejó y permitió que entrelazara sus dedos con los míos, acercándose cuando entendió que necesitaba hablarle.

—Ya te dije que no voy a asesinarte —murmuró.

—¿Vas a irte con John?

La sonrisa de Victoria se congeló. Se quedó en silencio y la falta de respuesta prevaleció por una eternidad completa que me sofocó. Intenté deshacer el agarre, sin embargo, ella me lo impidió y volvió a ejercer fuerza, pero una que no buscaba someterme.

—No voy a ir a ningún lado, Victor —despejó mi frente—. Cuando despiertes, voy a estar aquí —prometió.

El sedante comenzó a hacer efecto. El sueño y la anestesia empezaron a dormir cada centímetro de mí, y por mucho que busqué estar en mis cinco sentidos, me fue imposible. Cada segundo iba desbordando una impotencia en mi pecho que me acorraló como a un niño temeroso en una noche de tormenta eléctrica.

—Vicky…

Veía su sombra, pero no podía identificarla del todo. Si estaba hablando, sus palabras no me llegaban a los oídos. Mis ojos parpadearon y finalmente mi lucha cedió.

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