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La Épica De Los Antiguos

La Épica De Los Antiguos

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Mitos y leyendas / Acción
Popularitas:59
Nilai: 5
nombre de autor: Bastian Silva

El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará

NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el hombre del vacio

—Estas cosas siempre pasan en este trabajo, podía pasar en cualquier momento —decía Edgard en su mente, mientras abría la puerta trasera para entrar en la casa. Lisa se encontraba tocando Bad reputation cuando notó el mal semblante que llevaba el hombre. Dejó el instrumento en el sofá para acercarse a su tío y saber las nuevas noticias.

—¿Pasó algo, tío? —preguntó la joven abriendo sus ojos amarillos aún más, producto de la preocupación.

—Jean acaba de morir —mintió el hombre sin mirarle a los ojos. La joven no le prestó mucho interés. Luego de escuchar esa noticia se clamó un poco, ya que sabía que algunos camaradas morían en misiones.

—Te lo dijo Kevin —afirmó la joven.

—... Sí. —El nudo en la garganta del hombre se incrementaba, sintiendo bastante tristeza, que casi deja escapar arrugando su rostro por la amargura de la noticia. Abena notó esto, encontrándolo muy sospechoso.

—¿Estás seguro? —preguntó nuevamente la chica, tocando las mejillas de su tutor.

—Es que creí que pude progresar en algo, es todo —dijo Edgard.

—Aún está Kevin —dijo Lisa animando a Edgard.

—Lo sé. Y hablando de él, qué tal si me haces un café en su tazón, no creo que se moleste —dijo Edgard sacando la cajetilla de cigarros de su bolsillo derecho. La joven fue obedientemente a la cocina, sacando un tazón negro que tenía una montaña impresa como diseño. Se puso a hervir el agua en el hervidor mientras encendía la televisión.

—Deberías dejar el cigarrillo, tío, sabes que hace mal a la salud —dijo la muchacha mirando la puerta de salida y al hombre abriéndola.

—Quédate tranquila —dijo Edgard esbozando una leve sonrisa. Salió nuevamente, poniéndose un cigarrillo en la boca para posteriormente soltar el humo, lo cual le relajaba. Contempló la enorme luna que se alzaba en el negro cielo y se hundió en sus recuerdos mientras una lágrima caía de su ojo derecho.

Kevin siempre estuvo dispuesto a ayudar a la humanidad luchando contra los monstruos que aparecían en diversas misiones, con la arena protegiendo a los civiles mientras Edgard se encargaba del problema; incluso había veces en las que el joven saltaba directamente a la pelea sin un plan fijo, aun con su casco puesto podía notarse su euforia por su tono de voz, disfrutando de las peleas.

El peor error que pudo cometer fue atacar sin pensar a un chamán en la ciudad de Portland. Cayó en la trampa de su enemigo, quien invocó centenares de no muertos que comenzaron a atacar a los civiles y a los policías; creaba, además, un espeso humo negro en el suelo que le rodeaba y cada cosa viva que le tocaba salía como un no muerto, cada cadáver traía su propia arma.

—¡Maldito Kevin! —gritó Mark. Era el tercer miembro del equipo y el décimo en entrar al grupo de Strathman, ya que todos sus predecesores o estaban muertos o les habían dado de baja por incapacidad. Su cabello era negro y corto, era de descendencia asiática, tenía una cicatriz cruzando su ojo derecho, nariz respingada, su contextura física era delgada y no estaba hecho para peleas duras.

Mark y Kevin habían formado una amistad duradera desde que ambos fueron reclutas. El asiático era el cerebro de la dupla, mientras que el australiano era el de los músculos. Así trabajaban ambos. Gracias a esta amistad Edgard veía mucha más humanidad en el antiguo e incluso se reflejaba en él, como cuando era más joven e inexperto. Incluso en sus ratos libres, Mark le daba clases a Kevin.

—Realmente la cagó, tío —dijo Lisa, molesta, mientras decapitaba a varios no muertos con el chacram.

—Quédate atrás y cuida de los civiles —ordenó Edgard saltando a la acción e invocando a un caballo negro para posteriormente montarlo y cabalgar a la pelea, asesinando a varios no muertos con su lanza sagrada y los sellos mágicos que les hacían explotar. El nigromante invocó una lanza podrida hecha de huesos del suelo para darle pelea a Strathman, pero Kevin se interpuso, lanzándole un muro de arena que el chamán logró esquivar.

Mark había creado murallas en las cuatro calles que rodeaban el centro, estas murallas estaban hechas de hilos resistentes y el asiático, además, dejó varios grupos delante de cada muralla, ya que al ser afilados los no muertos pasarían y serían partidos a la mitad antes de alcanzar el muro.

—Cuando todo esto acabe le patearé el culo al «rey de la arena» —dijo Mark a Lisa, quien estaba resguardando el área junto a los policías.

—Cuenta conmigo. Se está portando como un imbécil últimamente, su estupidez costó la vida de esos civiles —dijo Lisa.

—Un día de estos lamentará todas sus cagadas. Ayúdame a hacerle pensar bien las cosas —dijo Mark.

El chamán invocó cadáveres de gigantes de veinte metros de alto desde la sombra en el suelo. Se movían torpemente, pero de una manera muy agresiva, por lo que Edgard tuvo que esconderse en su dimensión de bolsillo para poder contratacar a su enemigo. Mientras tanto, Kevin destrozaba las hordas de humanoides que salían de debajo del nigromante.

Uno de los gigantes pateó al antiguo, mandándolo a volar contra los edificios. Este logró envolverse a tiempo en arena; los enormes seres también comenzaron a destruir los edificios pequeños. Por desgracia, la gente que estaba dentro murió aplastada o quedó atrapada bajo los escombros; incluso tuvieron la inteligencia de arrojar los escombros a las calles aledañas y al muro hecho por Mark.

—¡Oh, no! —gritó Mark creando más hilos para intentar detener los enormes trozos de concreto que le arrojaron—. No permitiré que lleguen a hacerle daño a nadie más. —Pero fue en vano, ya que rompieron los hilos y de no ser por Edgard los escombros hubieran provocado un desastre en el resto de la calle, al transportarlos a su dimensión de bolsillo para posteriormente expulsarlos justo detrás de las cabezas de los colosos, llegando a matar a seis de ellos instantáneamente.

—Aprende a improvisar —dijo Edgard a Mark, molesto—. No quiero más fallas y sígueme. —Dicho esto desapareció en su dimensión de bolsillo.

—Seguirlo, ¿a dónde? —dijo Mark alzándose entre los edificios y colgándose con los hilos para entrar en la pelea, quedando cara a cara con uno de los gigantes.

Uno de los enormes humanoides iba a golpear con su porra al chico, pero este lo detuvo enviando un montón de hilos a su cuello, enredándolos para posteriormente unirlos a los edificios. La fuerza fue tanta que le rompió el cuello al monstruo, que cayó muerto por segunda vez.

Los otros cuatro restantes alzaron sus armas para intentar asesinar al chico, pero este creó cientos de hilos que salían de todas partes para intentar detener a los gigantes en movimiento. Se estaba forzando, su nariz ya estaba sangrando por la enorme carga de crear esos hilos y de paso tensarlos.

—¡Edgard! —gritó Mark desesperadamente al notar que estaba a punto de desmayarse.

Void apareció en el aire, sobre los gigantes, cayendo en medio de ellos y dejando huecos enormes, ya que iba abriendo varios portales en sus cuerpos. No contento con eso invocó a Fragarach para cortar a los sobrevivientes con las ondas de viento de la espada. Mark deshizo los hilos exhaustos, viendo que Edgard estaba en el suelo intacto.

—Bien hecho, chico —dijo Edgard corriendo hacia donde estaba el nigromante. Su enemigo también hizo lo mismo, arrojando su lanza demoniaca contra el hombre, quien logró esquivarla, agitando la espada varias veces para crear las ondas que terminaron por cortar en trozos al chamán—. Todo acabó, Mark —dijo Edgard volteando a mirar al joven, que tenía la lanza ensartada en su corazón.

Kevin había despertado y vuelto al campo de batalla, encontrando a Edgard. Dejando a su amigo en el suelo, el rubio tenía el brazo derecho roto; el cuerpo del chamán comenzó a elevarse para intentar rearmarse, pero fue en vano, ya que la maldición de Fragarach impide sanar heridas, por lo que intentó tocar a Edgard con su sombra.

—¡Cuidado, Edgard! —gritó Kevin alertando a su padre adoptivo, quien, en un arranque de ira, creó un enorme agujero, enviando al chamán a su dimensión de bolsillo.

El hombre también entró al vacío, flotando junto al chamán, esperando a lo que haría su enemigo.

—Sácame de aquí, maldito —ordenó el nigromante intentando emanar su poder sin éxito alguno—. Mi cuerpo está…

—No hay manera de que te recuperes y tampoco puedes atacarme. Aquí cualquier poder o habilidad queda neutralizada —dijo Edgard.

—¡Imposible! —gritó el chamán.

—Esto es el vacío, pero incluso en esta dimensión de bolsillo... viven monstruos —dijo Edgard, emanando luz con la lanza sagrada. El chamán vio con horror criaturas incomprendidas al ojo humano, bestias deformadas por la oscuridad. Criaturas de fantasía como ogros y centauros acompañaban a los enormes seres e incluso había enormes golems de cientos de metros de alto.

—¡Oh, joder! —gritó el chamán.

—No me digas que te asusta esto, después de todo juegas con la muerte de las personas y, hablando de la muerte, ya que no puedes morir de manera convencional, tengo un amiguito especial para ti —añadió Edgard chasqueando los dedos y llamando a una enorme anguila.

—¡Espera! —gritó el chamán.

—¿En serio le pides piedad a tu enemigo? Qué patético, tú no la tuviste con todas esas personas ni con mi subordinado —dijo Edgard—. Hora de comer.

—¡No, piedad, haré lo que sea! —gritó el chamán, pero la enorme anguila comenzó a masticarlo mientras el gritaba de la agonía. Así estaría hasta el fin de los tiempos, cuando el universo muera o hasta que Edgard la alimente con otro incauto. Hasta entonces sería digerido en el estómago del monstruo.

Edgard salió de su dimensión, encontrándose con toda la gente rodeando a los cruzados y agradeciéndoles haberles salvado de ese nigromante, pero Edgard no se inmutaba y ni siquiera quiso dirigirle la palabra a Kevin hasta pasada una semana desde la muerte de Mark.

—Tu estupidez nos costó cara —dijo Edgard, provocando que Kevin bajara la cabeza. Esto le irritó aún más—. Sé hombre y mírame a los ojos cuando te hablo.

—Lo siento.

—No, no sientas nada. Su familia nunca podrá verlo otra vez e, independientemente de nuestras habilidades, seguimos siendo humanos. ¡Si me hubieras hecho caso! —dijo Edgard.

—Estas cosas siempre pasan, es lo que dices cada vez que uno de nosotros muere —contestó Kevin, recibiendo un puñetazo en la boca del estómago.

—Creo que ni haberte criado como humano cambia el hecho de que estés pensando como un maldito monstruo —dijo Edgard—. Se suponía que erais amigos.

—De verdad lo siento, Edgard.

—No me lo creo y tampoco encontramos su cuerpo —dijo Edgard—. Vete ya y espero que recuerdes que no importa de qué especie seas, siempre va a haber alguna consecuencia por nuestros actos —dijo recordando a su antigua familia.

—Tío, ya está listo el café —dijo Lisa abriendo la puerta.

—Ya voy —respondió Edgard entrando en la casa.

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