Aurora, una joven de campo marcada por el miedo, huye hacia Londres junto a su pequeño hermano Charles, escapando de un pasado oscuro y de un padrastro que amenaza con destruirlo todo. En medio de una ciudad desconocida y desafiante, su dulzura e inocencia se convierten en su única fortaleza.
Su vida cambia cuando conoce a Christian Potter, un hombre que ella cree un simple chofer, sin imaginar que en realidad es un poderoso y frío CEO multimillonario. Acostumbrado al éxito, pero atrapado en una vida de soledad y amargura, Christian encuentra en Aurora una luz inesperada.
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Capítulo 21
Al salir de la sala de juntas, el ambiente seguía cargado de tensión. Christian se dirigió a su oficina privada con paso firme. Joseph lo siguió y cerró la puerta tras de sí.
Christian se sirvió un café negro mientras Joseph se preparaba un whisky con hielo.
—Vaya espectáculo el de hoy —dijo Joseph con una sonrisa burlona, sentándose frente a él—. El gran Christian Potter interrumpiendo una junta millonaria para contestar un mensaje… y además sonriendo como un adolescente. Nunca pensé que vería esto.
Christian le lanzó una mirada fría por encima de la taza.
—No empieces, Joseph.
Joseph soltó una risa baja y tomó un sorbo de whisky.
—Vamos, hermano. Todos se dieron cuenta. Robert casi se atraganta. ¿Quién es ella? ¿La mesera de la que me hablaste? Debe ser muy especial para que rompas tus propias reglas sagradas.
Christian no respondió. Solo lo miró con esa expresión gélida que solía intimidar a cualquiera. Joseph levantó las manos en señal de rendición.
—Está bien, está bien. No diré más… por ahora.
En ese momento, el teléfono de Christian sonó con una nueva notificación.
Aurora: “Amor, hoy ha sido un día muy pesado en la cafetería. Probablemente salga bastante tarde. Mejor no pases por mí. Ve directo a casa y acompaña a Charles para que no se quede tanto tiempo solo, ¿sí? Te quiero ❤️”
Christian frunció el ceño. No le gustaba nada que Aurora trabajara tantas horas ni que tuviera que caminar sola de noche, pero entendía su preocupación por el niño.
Respondió rápidamente:
Christian: “Entendido, mi amor. Iré directo a casa con Charles. No te preocupes por nada. Cuídate mucho y avísame cuando salgas. Te amo.”
Guardó el teléfono y terminó su café de un trago.
Joseph sonrió de medio lado y se levantó.
—Veo que estás ocupado. Me voy antes de que me congeles con esa mirada. Nos vemos mañana, hermano.
Christian solo asintió y salió de la oficina.
Llegó al apartamento 503 y abrió la puerta con la llave que Aurora le había dado. Charles estaba sentado en el sofá viejo, leyendo un libro ilustrado.
— ¡Christian! —exclamó el niño con alegría—. ¿Dónde está Aurora?
Christian cerró la puerta y se acercó.
—Tu hermana va a salir tarde hoy. Me pidió que viniera a hacerte compañía para que no estés solo.
Charles asintió, un poco decepcionado.
—Ah… está bien.
Christian se sentó a su lado y sacó del bolsillo el teléfono antiguo que ya no usaba.
—Toma, esto es para ti. Así puedes jugar un rato o leer en él si quieres.
Charles abrió los ojos como platos y tomó el teléfono con las dos manos.
—¡Gracias! ¡Es genial!
Mientras el niño empezaba a explorar el teléfono, Christian lo observó unos segundos y luego preguntó con voz calmada:
—Charlie… ¿te gustaría volver a la escuela?
Charles levantó la vista inmediatamente, con una mezcla de sorpresa y tristeza.
—Sí… me gustaría mucho. Echo de menos aprender cosas nuevas y tener amigos. Pero Aurora dice que no alcanza el dinero. Ella trabaja muy duro y… no quiero que se preocupe más.
Christian se inclinó un poco hacia adelante, mirándolo con seriedad pero con cariño.
—Escucha, yo puedo pagar tu escuela. Una buena escuela, con uniformes, libros y todo lo que necesites. No tendrías que preocuparte por nada.
Charles lo miró boquiabierto, con una sonrisa enorme empezando a formarse en su rostro.
—¿De verdad? ¿Podría ir a la escuela otra vez?
—Sí, de verdad —respondió Christian con una sonrisa suave—. Solo necesito que me digas qué te gustaría estudiar y yo me encargo del resto.
El niño se levantó de un salto y lo abrazó fuerte.
—¡Gracias, Christian! ¡Eres el mejor! ¡Voy a contarle a Aurora cuando llegue!
Christian le devolvió el abrazo con cuidado.
—Todavía no le digas nada. Quiero que sea una sorpresa para ella también. ¿De acuerdo?
— ¡De acuerdo! —dijo Charles, emocionado, y volvió a sentarse con el teléfono, aunque ahora no podía dejar de sonreír.
Christian lo miró con ternura, pensando en lo mucho que habían cambiado su vida estos últimos días. Por primera vez, sentía que estaba haciendo algo realmente bueno.