Mi vida ya era un desastre antes de que él apareciera.
Estoy endeudada, vivo en un apartamento horrible y trabajo en una cafetería donde apenas sobrevivo y entonces llega mi nuevo vecino.
Alto, atractivo, arrogante… Y probablemente un asesino serial.
Todas las noches hace ruidos extraños, aparece cubierto de sangre y actúa como si quisiera matar a cualquiera que se acerque a mí.
Pero mientras más intento evitarlo, más comienzan a cambiar las cosas.
Sueños extraños.
Secretos ocultos.
Y una peligrosa verdad sobre mí que nunca debió despertar.
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Capitulo:23
AMELIA:
El comedor de la mansión es tan descomunal como el resto de la casa y en el centro hay una mesa de madera maciza donde perfectamente podrían cenar veinte personas, pero hoy en este momento solo estamos tres.
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El banquete sobre la mesa parece sacado de un hotel de cinco estrellas: pan recién horneado, frutas frescas, tocino, huevos, carne asada y jarras de jugo.
Definitivamente, los lobos no escatiman en comida.
Con cuidado me siento a un lado de la mesa mientras Asher se acomoda en la cabecera y Logan toma asiento frente a mí con una sonrisa de oreja a oreja.
—Bueno, Amelia... Sobreviviste a tu primera reunión con el consejo.
Dice Logan sirviéndose una porción gigante de carne asada.
— Aunque debo admitir que el Alfa casi le arranca la cabeza al anciano cuando puso en duda tu olor.
—Todavía me tiemblan las piernas.
Admito untándole mantequilla a un panecillo.
—Ese viejo tiene cara de que no ha sonreído desde el siglo pasado.
—Vane es un tradicionalista recalcitrante.
Interviene Asher, tomando un sorbo de su café negro mientras sus ojos grises me observan fijamente.
— Pero tiene razón en algo, la junta de la manada en tres días no será un juego... No solo estarán los ancianos, sino las familias grandes de la manada, los guerreros y las hembras que aspiraban a convertirse en la Luna de los Blackwood.
Casi me atraganto con el pedazo de pan.
—Un momento... ¿Dijiste hembras que aspiraban a ser tu Luna?
Pregunto alzando una ceja y mirándolo fijamente.
—¿O sea que voy a tener competencia?
Logan suelta una risita baja mientras Asher lo mira con advertencia antes de responder.
—Ninguna hembra es competencia para ti, Amelia... Tu olor y tu lugar ya están reclamados por mi lobo.
Dice Asher con esa posesividad natural que me eriza la piel.
—Pero intentarán ponerte a prueba... Buscarán cualquier falla en tu comportamiento, tu postura o tu forma de hablar para hacerte quedar mal y demostrar que una humana o bruja con olor neutro no está a la altura.
—Por eso el entrenamiento empieza hoy.
Añade Logan guiñándome un ojo.
—No solo tienes que aprender a moverte como una reina, sino a mantener la cabeza en alto cuando los lobos intenten intimidarte con su aura.
Suelto un largo suspiro y me recuesto contra el respaldo de la silla.
—Genial... Pasé de servir café a clientes neuróticos en la cafetería a prepararme para un duelo de miradas con lobos aristócratas, la vida es maravillosa.
Asher esboza una leve sonrisa de lado, esa que hace que se me acelere el corazón, y se pone de pie.
—Termina tu desayuno, pequeña bruja... Te espero en el gran salón en Veinte minutos.
(...)
Veinte minutos después, me encuentro parada en el centro del amplio salón y Asher se quitó la camisa gris y ahora viste una camiseta negra ajustada que marca cada uno de sus músculos, dándole un aire aún más imponente.
—Bien.
Comienza diciendo y camina despacio a mi alrededor como si fuera un instructor militar.
—Lo primero que debes saber sobre los lobos es que nos movemos por dominancia... Si caminas encorvada, mirando al suelo o mostrando duda, la manada lo interpretará como debilidad.
—No soy débil, lobito.
Protesto cruzándome de brazos.
—Sé que no lo eres aquí dentro.
Dice tocando levemente mi frente con su índice antes de bajar su mano hasta mi barbilla, alzándola con suavidad.
—Pero necesitas reflejarlo afuera, hombros atrás, barbilla arriba y la mirada siempre fija en los ojos de quien te hable... Nunca bajes la vista ante nadie, ni siquiera ante los ancianos, eres mi luna, mi reina y eso debe demostrarlo.
Me acomodo la postura echando los hombros hacia atrás y levantando el mentón tal como me indicó.
—¿Así, profesor profesor?
Asher se acerca por detrás y siento su pecho cálido pegándose ligeramente a mi espalda y sus manos grandes y firmes se posan en mis caderas para corregir mi postura.
Una descarga eléctrica me recorre el cuerpo de inmediato.
—Mantén el torso firme.
Susurra su voz ronca pegada a mi oreja, haciéndome soltar un pequeño jadeo.
—Cuando camines a mi lado, no lo harás un paso atrás, caminarás hombro a hombro conmigo... Eres la pareja del alfa, Amelia. Eres mi igual.
Trago saliva intentando concentrarme en la lección y no en el hecho de que su aliento roza mi piel y la calidez de sus manos moldea mis caderas.
—Entendido... Hombro a hombro.
Consigo decir con la voz un poco temblorosa.
—Ahora, la prueba más difícil.
Dice él rodeándome para quedar nuevamente frente a mí.
—Cuando entres al gran salón de la junta, cientos de lobos liberarán su aura para intentar someterte... Se siente como una presión en el pecho, un peso invisible, quiero que intentes resistir el mío.
Antes de que pueda preguntarle a qué se refiere, los ojos de Asher cambian drásticamente: el gris de sus pupilas se vuelve de un color plata brillante y deslumbrante.
Al instante el aire de la habitación se vuelve pesado, denso y una fuerza invisible y poderosa parece presionar mis hombros hacia abajo, instándome a arrodillarme o agachar la cabeza por puro instinto de supervivencia.
Aprieto los dientes y siento cómo mi corazón martillea contra mis costillas, pero me niego rotundamente a ceder.
Recuerdo quién soy... Una recién descubierta bruja que ha sobrevivido sola en orfanato y luego en la ciudad, que no le tiene miedo a nada y que desde luego, no va a arrodillarse ante ningún lobo por muy guapo que sea.
Busco dentro de mí esa chispa de magia que llevo en la sangre, enderezo la espalda y le sostengo la mirada plateada directamente a los ojos, apretando los puños a mis costados.
Pasan unos segundos eternos en los que el choque de nuestras miradas parece sacar chispas en el aire y de repente, la presión desaparece por completo.
Los ojos de Asher regresan a su gris habitual y una mirada de absoluta sorpresa, seguida de un orgullo feroz, ilumina su rostro.
—Increíble...
Murmura Asher dando un paso rápido hacia mí y tomando mi rostro con ambas manos.
—Resististe el aura de un Alfa de primera línea sin pestañear.
—Te dije que no soy débil, lobito.
Digo con una sonrisa arrogante, aunque por dentro siento que las piernas me tiemblan un poco.
Asher deja escapar una risa baja y profunda que me eriza la piel y sin previo aviso, pega su frente a la mía.
—Eres perfecta Amelia... Vas a dejar a esa manada con la boca abierta y lo mejor de todo es que eres mía.