Para asegurar su presidencia de la prestigiosa compañía de chocolates familiar, el arrogante Gerson accedió a unir su vida legalmente a la de Hellen. Ella era una heredera millonaria a quien él y su madre despreciaban profundamente por considerarla ingenua, pero cuyo capital era indispensable para sus ambiciones. Sin embargo, el destino cambió de rumbo aquella mañana, cuando Hellen se desplomó inexplicablemente tras beber un té que su propia suegra le había preparado...
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Capítulo 2
HELLEN:
El restaurante privado que Horacio Evans reservó para la cena exhala una opulencia casi violenta.
Las paredes están tapizadas en seda, los cubiertos de plata relucen bajo las luces y un silencio sepulcral solo se rompe por el tintineo de las copas. Para Gerson y su madre, Leonor, este lugar es su hábitat natural. Para mi madre y para mí es una jaula de oro.
Mantengo la espalda ligeramente encorvada y la mirada fija en mi regazo. Sé que no soy fea, pero hoy decido apagarme por completo. Me puse un vestido rosa pálido, holgado y abotonado hasta el cuello.
Sé que me hace lucir pequeña, temerosa e insignificante al lado de la sofisticación de los Evans. Juego nerviosa con la servilleta de tela y dejo que mis manos tiemblen un poco.
El luto por la reciente muerte de mi padre me pesa en el alma, pero hoy esa tristeza es también mi mejor escudo.
A mi lado, mi madre imita mi silencio. Tiene el rostro cansado y los ojos enrojecidos por la pena.
La pérdida de mi padre nos dejó desamparadas en este mar de tiburones corporativos. Ella tiene miedo real; yo solo observo.
—La sopa de trufa está exquisita.
Comenta Leonor, rompiendo el hielo con una elegancia ponzoñosa. Mira de reojo mi plato casi intacto y sonríe con desdén.
—Aunque claro, quizás el paladar de Hellen no esté acostumbrado a sabores tan complejos. Mi querido Gerson siempre ha sido un hombre de gustos muy refinados ¿Sabes, querida? Él necesita a su lado a alguien que entienda de alta cocina, de etiqueta... de protocolo. Alguien que sepa estar a la altura de las circunstancias.
Siento el golpe disimulado en el pecho, pero no me inmuto. Trago saliva y bajo aún más la cabeza, fingiendo que sus palabras me destruyen. Mi madre, sintiendo la humillación, me aprieta la mano por debajo de la mesa y guarda un silencio sepulcral.
Ella cree que no tenemos opción. Piensa que la empresa de chocolates está en juego y que, como no sabemos de negocios, dependemos de los Evans.
Dejo que lo sigan creyendo.
Horacio interviene entonces con su típica sonrisa de político calculador.
—Leonor por favor, dale tiempo a la muchacha. Hellen es... una niña tranquila. Sé que la administración de una multinacional de chocolates es un terreno demasiado grande y complicado para alguien tan ingenuo como ella, pero para eso estará mi hijo.
Gerson asumirá el control total y ella solo tendrá que preocuparse por ser una buena esposa en casa.
Miro de reojo a Gerson.
Está impecable en su traje oscuro, con una postura rígida y una mirada de hielo. Observa la escena con un aburrimiento evidente y no disimula su desprecio.
Para él, yo soy solo el trámite más amargo de su vida. El precio que debe pagar por su preciada presidencia.
—El documento del acuerdo prenupcial y el contrato de matrimonio están listos.
Suelta Gerson con voz cortante, no hay una pizca de romance ni consideración por mi luto.
—Firmamos la próxima semana, hacemos una ceremonia privada para los medios y asumiré la presidencia de inmediato.
Creo que es lo mejor para todos, Hellen no tiene la menor idea de cómo dirigir el cincuenta por ciento de las acciones que le dejó su padre, así que delegar en mí es su única salida sensata.
Sus palabras caen como piedras sobre la mesa y levanto los ojos por un segundo y me encuentro con su mirada fría y dominante.
Me ve como a una tonta incapaz. Observo a mi madre, veo las lágrimas contenidas en sus ojos y sé lo que debo hacer. Tengo que firmar ese papel para protegerla a ella y ganar tiempo.
—Está bien...
Susurro con una voz tan baja que casi se pierde en el aire, forzando un temblor en mis labios.
—Si eso es lo que mi papá hubiera querido para proteger la empresa... yo acepto casarme contigo, Gerson.
Leonor sonríe con triunfo. Cree que la tonta millonaria cayó en la trampa. Gerson solo asiente con frialdad y levanta su copa de vino sin celebrar. Para él, ya soy una propiedad más de su compañía.
Nadie en esta mesa de etiqueta perfecta se imagina que acaban de meter al enemigo a su casa. Que piensen que soy una inútil; el golpe les dolerá más cuando descubran la verdad.