Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 23
El pánico de ver cómo se acercaban a la verdad convirtió la prudencia de Elisa en desesperación. Ya no bastaban medias verdades ni insinuaciones sutiles: necesitaba algo rotundo, una prueba "irrefutable" que los separara de golpe, para siempre. Preparó todo con minuciosidad, convencida de que esta vez su éxito sería absoluto.
Todo ocurrió una tarde en el parque, el mismo lugar donde Miriam y Adam habían empezado a reconstruir su confianza. Elisa había convencido a un conocido para que, delante de Miriam, entregara a Adam un regalo envuelto con elegancia, acompañado de unas palabras calculadas.
—Es de parte de ella —dijo el hombre, cumpliendo el guion que Elisa le había pagado por seguir—. Dice que no olvida lo suyo y que espera que esto te recuerde lo bien que la pasaron juntos.
Miriam, que presenció la escena escondida tras unos arbustos tal como Elisa lo había planeado, sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Adam tomó el obsequio sorprendido, sin saber qué decir, y esa confusión momentánea fue suficiente para que pareciera culpable ante los ojos que lo vigilaban. Elisa apareció enseguida junto a Miriam, fingiendo dolor.
—¿Lo ves? —susurró con voz rota, aunque brillaba de satisfacción—. No cambia, Miriam. Promete amor eterno, pero a la primera oportunidad vuelve a lo mismo. Ella dice que él sigue respondiendo a sus mensajes, que no la ha olvidado… y ahora lo ves tú misma.
Pero Miriam no se dejó invadir por la ciega desesperación de antes. Esta vez, sus ojos buscaron con atención la reacción real de Adam, no solo lo que querían que viera. Y vio algo que no encajaba: confusión, sí, pero también perplejidad, miedo a ser malinterpretado… no la tranquilidad de quien recibe algo esperado.
Al mismo tiempo, Elisa buscó a Adam poco después, armada con una captura de pantalla falsa, hecha con una caligrafía idéntica a la de Miriam.
—Mira esto —le dijo, con fingida compasión—. Ella lo envió hace un rato a una amiga: “Adam insiste y sigue ahí, pero ya no siento nada por él. Solo me da lástima que no entienda que todo terminó para mí hace mucho”. Adam, no te hagas más daño: ella juega contigo por lástima, no por amor.
Adam apretó el teléfono, sintiendo una punzada aguda, pero su duda fue mayor que su dolor.
—¿Lástima? —repitió él, mirándola fijamente—. Si no sintiera nada, ¿por qué arriesgaría su paz para hablar conmigo? ¿Por qué buscaría pruebas del pasado si para ella todo es indiferente? Algo no encaja aquí, Elisa. Nunca lo ha hecho cuando tú estás en medio.
—¿Cómo puedes dudar de esto? —se alteró ella, notando que no caía en la trampa como esperaba—. ¡Es su mensaje, su letra, sus palabras claras!
—Claras demasiado —replicó Adam con frialdad—. Demasiado perfectas para romperme, demasiado oportunas para coincidir justo con ese regalo extraño que no pedí. Es curioso: todo lo que me hiere siempre llega a través de ti. ¿Cómo lo explicas?
Elisa sintió cómo el control se le escapaba de las manos. Quiso insistir, pero su propia precipitación la traicionó: al intentar justificar la procedencia del mensaje, mencionó detalles que nadie debía saber, y al defender la entrega del regalo, cometió un error fatal.
—Esa chica… la que supuestamente le escribió —balbuceó, tratando de rearmar la mentira—, ella me lo confirmó personalmente. Dijo que Miriam hablaba de huir, de alejarse para siempre…
—¿Cómo sabes que es una mujer? —la interrumpió Miriam, que se había acercado en silencio y había escuchado todo—. En la captura no se menciona quién es, ni el género, ni nombres… ¡solo tú lo das por hecho! Y ese regalo: cuando el mensajero se fue, lo seguí. Fue directo a encontrarse contigo, Elisa. Lo vi. ¡Todo fue falso, planeado por ti!
Elisa palideció, con la boca seca y sin palabras para defenderse.
—¡No… yo solo quise protegerlos! —tartamudeó, retrocediendo—. Fue casualidad, solo…
—¡Ya basta! —exclamó Adam, avanzando hacia ella con una determinación que la hizo encogerse—. Quisiste cerrarnos el paso con una mentira más grande, pero se te olvidó lo más importante: ya no somos los mismos de antes. Ya no creemos ciegamente lo que tú decidas inventar.
—Te creíste tan lista que te enredaste en tu propia trampa —añadió Miriam, con voz firme y sin rastro de miedo—. Querías confirmar nuestras dudas, pero solo terminaste confirmando tu propia maldad. ¡Tú preparaste todo, no es así?
Elisa miró a un lado y a otro, acorralada. Su ataque furibundo, diseñado para destruirlos definitivamente, se había vuelto contra ella mismo: cada cabo suelto, cada detalle forzado, cada palabra precipitada, formaba ahora una red mucho más fuerte que la que ella había tejido. Y esta vez, no tenía forma de escapar.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.