NovelToon NovelToon
LA HEREDERA DE LA NIEBLA

LA HEREDERA DE LA NIEBLA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Vampiro / Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

"Luna heredó una cabaña en un pueblo maldito donde vampiros, hombres lobo y la mafia se disputan el derecho a poseerla, sin saber que ella es la última Heredera de la Niebla y la única capaz de destruirlos a todos."

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21: LA ASAMBLEA DE LAS FRACTURAS

El Círculo de los Colmillos amaneció cubierto de escarcha.

Luna llegó al amanecer, acompañada por Margaret. Los tres reyes ya estaban allí. Viktor, vestido de negro, con los pies apenas tocando el suelo. Alec, descalzo sobre el hielo, con el torso desnudo a pesar del frío. Dante, impecable en su traje gris, con una pistola oculta bajo la chaqueta.

Detrás de ellos, el valle entero.

Vampiros llegados de la mansión de cristal, con sus rostros pálidos y sus ojos hambrientos. Lobos de la Sierra, con el pelo erizado y los colmillos afilados. Humanos del pueblo —los pocos que se atrevían a salir de sus casas—, con escopetas y palos, las manos temblorosas pero la mirada fija.

Tres grupos. Tres miedos. Tres formas distintas de odiarse.

Luna caminó hacia el centro del círculo.

El suelo crujió bajo sus botas. La escarcha se rompía como huesos. A cada paso, sentía las runas de su costilla latir más fuerte, como si supieran que algo importante iba a ocurrir.

Se detuvo en el centro.

Se giró lentamente. Abarcó con la mirada a los tres grupos.

—Me llamo Luna —dijo—. Soy la Heredera de la Niebla. La nieta de Margaret Morelli. La hija de Clara, que murió custodiando el lago sin nombre. Y vine a este valle hace un año sin saber nada de nada.

Silencio.

—No sabía de vampiros. No sabía de lobos. No sabía de brujas. Solo sabía que mi abuela me había dejado una cabaña en medio del bosque y que necesitaba un lugar al que pertenecer.

Un vampiro de la corte de Viktor soltó una risa sarcástica.

—¿Y nosotros qué tenemos que ver con tus problemas?

Luna lo miró. Era un hombre de aspecto joven, pelo oscoro, barba incipiente. Sus ojos rojos brillaban con desafío.

—Usted tiene que ver —respondió Luna— porque su líder, Viktor Volkov, decidió aliarse conmigo. Con los lobos. Con los humanos. Porque entendió que la única forma de sobrevivir en este valle no era matando al vecino, sino aprendiendo a vivir con él.

—Viktor es un traidor —escupió otro vampiro, una mujer de pelo blanco y labios negros—. Ha vendido nuestra esencia a cambio de la protección de una bruja.

—No he vendido nada —intervino Viktor, con voz fría—. He negociado. Y lo que he conseguido es un año de paz. Algo que ningún Primogénito antes que mí logró en siete siglos.

—La paz de los cobardes —gruñó un lobo enorme, tatuado en el pecho—. Mi manada ha perdido a dos hermanos esta semana. Asesinados por vampiros. ¿Dónde está vuestra paz?

—En el mismo lugar donde están vuestros hermanos —respondió Luna—. Enterrada bajo la tierra. Pero matar a cambio no los va a devolver. Solo va a añadir más cadáveres.

—¿Y qué propones, Heredera? —preguntó una mujer humana, de pelo canoso y delantal manchado de harina. La panadera del pueblo. Luna la reconocía por sus visitas a la cabaña—. ¿Que nos quedemos en casa mientras ellos se matan?

—Propongo que todos nos quedemos en casa —dijo Luna—. Porque el enemigo no está en este círculo.

Los murmullos se intensificaron.

—¿Quién es el enemigo entonces? —preguntó el lobo tatuado.

Luna señaló el bosque. No en una dirección concreta. En todas.

—El miedo. El miedo a lo diferente. El miedo a perder el control. El miedo a que el mundo cambie. Ese es el verdadero enemigo. No los vampiros. No los lobos. No los humanos.

—Palabras bonitas —dijo la vampira de labios negros—. Pero las palabras no alimentan. No protegen. No vengan.

—No —admitió Luna—. Pero las acciones sí. Y las acciones empiezan aquí. Hoy. En este círculo.

Un hombre del pueblo —el carnicero, con el delantal aún manchado de sangre— dio un paso al frente.

—Mi hijo murió el año pasado. Atacado por un lobo. ¿También fue culpa del miedo?

Luna lo miró. Había dolor en sus ojos. Dolor real, profundo, imposible de ignorar.

—No —dijo—. No fue culpa del miedo. Fue culpa de un lobo que perdió el control. Y ese lobo pagó por su crimen. ¿O no fue suficiente?

El carnicero bajó la mirada.

—Fue ahorcado —admitió en voz baja.

—Entonces la justicia ya actuó. ¿Qué más quieres? ¿La sangre de todos los lobos? ¿La sangre de los hijos de los lobos? ¿Hasta dónde piensas llegar?

—Hasta que mi hijo descanse en paz.

—Tu hijo no descansará en paz mientras tú sigas lleno de odio. El odio no es un homenaje. Es una condena.

El silencio se hizo denso.

Entonces, en la distancia, algo retumbó.

No era un trueno. Era más profundo. Más viejo.

El suelo tembló.

—El lago —susurró Margaret.

Luna se giró hacia el este. Hacia el lugar donde el Ojo Negro dormía bajo la nieve.

El lago sin nombre se estaba abriendo.

No metafóricamente. Literalmente.

Una grieta recorría su superficie helada. Del interior brotaba una luz violeta —no la niebla suave que Luna conocía, sino algo más intenso, más hambriento—. Y de la grieta, comenzaron a salir figuras.

Figuras de agua y sombra.

Figuras con ojos verdes.

Los Antiguos.

—No puede ser —dijo Viktor—. Dijiste que dormían.

—Dormían —respondió Luna, sintiendo cómo las runas de su costilla se calentaban hasta doler—. Pero alguien los ha despertado.

—¿Quién? —preguntó Alec.

Luna miró el lago. La grieta. Las figuras que avanzaban hacia ellos con pasos lentos, inexorables.

Y entonces lo entendió.

—Mi madre —susurró—. Clara. No está atrapada. Está alimentando la puerta del lago. Y la puerta...

—¿La puerta qué? —preguntó Dante.

—La puerta es la madre de los Antiguos.

Las figuras de agua y sombra llegaron al borde del Círculo de los Colmillos. Se detuvieron. Las verdes brillaban en la penumbra, fijas en Luna.

Una de ellas —más grande, más definida, casi humana— dio un paso al frente.

Heredera, dijo, y su voz era el eco del fondo del mar. Tu madre nos ha liberado. Nos ha dicho que es hora de que el valle pague por lo que hizo a la Primera.

—Mi madre no haría eso —dijo Luna, aunque una parte de ella temía que fuera cierto.

¿No? ¿Y qué sabes tú de tu madre? Solo lo que te contó Margaret. Solo lo que leíste en una carta. Nunca la conociste. Nunca supiste lo que pensaba. Lo que sentía. Lo que planeaba.

—Luna —Margaret la agarró del brazo—. No les creas. Los Antiguos mienten. Es su naturaleza.

No mentimos —dijo la figura—. Solo mostramos lo que los humanos se niegan a ver.

Luna se quedó inmóvil.

Las runas de su costilla ardían como brasas. Y en su interior, el vacío donde antes estaba la niebla comenzó a llenarse.

No con la niebla violeta.

Con otra cosa.

Más oscura. Más densa. Más suya.

Porque los Primeros no le habían quitado la niebla. Solo la habían transformado.

Cerró los ojos.

Y cuando los abrió, la niebla negra brotó de su cuerpo como un manto de medianoche.

Los vampiros retrocedieron. Los lobos gruñeron. Los humanos gritaron.

Pero los Antiguos...

Los Antiguos sonrieron.

Ahora entiendes, dijo la figura. La niebla nunca fue de los Primeros. Siempre fue tuya.

—¿Qué soy? —susurró Luna.

Eres lo que la Primera quiso ser y no pudo. Eres el final del ciclo. El cierre de la puerta. El descanso de los muertos.

—No quiero ser nada de eso.

No importa lo que quieras. Importa lo que eres.

La figura de agua y sombra extendió una mano hacia ella.

Ven con nosotros, Heredera. Conoce a tu madre. Conoce a la Primera. Conoce la verdad.

Luna miró la mano extendida. Luego miró hacia atrás.

Vio a Margaret, con los ojos llenos de lágrimas. A Viktor, con el rostro pálido y los puños apretados. A Alec, transformándose a medias, el pelo erizado y los colmillos afuera. A Dante, con la pistola en la mano, el seguro quitado.

Vio a vampiros, lobos y humanos, unidos por primera vez no por el odio, sino por el miedo.

A ellos.

A ella.

—No —dijo.

Y la niebla negra se lanzó contra los Antiguos.

No fue un ataque. Fue un abraso.

La oscuridad envolvió a las figuras de agua y sombra, absorbiéndolas, disolviéndolas. Los Antiguos no gritaron. No lucharon. Simplemente... se deshicieron.

Como si la niebla de Luna fuera su único depredador natural.

En segundos, el Círculo de los Colmillos estuvo vacío.

Solo quedó la grieta en el lago. Y la luz violeta que seguía brillando en su interior.

Luna cayó de rodillas.

La niebla negra se retiró, replegándose sobre su cuerpo como un manto cansado.

—Luna —Margaret corrió hacia ella—. ¿Estás bien?

—No —respondió Luna—. Pero por primera vez... sé quién soy.

Se puso en pie.

Miró a los tres reyes. A los vampiros. A los lobos. A los humanos.

—Los Antiguos han vuelto a dormir. Pero la puerta del lago sigue abierta. Mi madre sigue al otro lado. Y la Primera... la Primera está esperando.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Alec.

Luna miró la grieta. La luz violeta. El camino hacia el fondo del lago.

—Voy a bajar. Y no voy a volver sin respuestas.

—Iremos contigo —dijo Viktor.

—No. Esta vez voy sola.

—Luna...

—¡No! —su voz resonó en el círculo—. Ya he perdido demasiado. No voy a perderos también a vosotros. Esperadme aquí. Si no vuelvo al amanecer... si no vuelvo...

—Volverás —dijo Dante con firmeza.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque eres la persona más tozuda que he conocido. Ni la muerte quiere discutir contigo.

Luna sonrió. Débil. Pero real.

—Eso sí es verdad.

Caminó hacia el lago.

La niebla negra la acompañaba, envolviéndola como una armadura.

Y cuando llegó a la orilla, cuando la grieta se abrió ante sus pies, no dudó.

Saltó.

El agua la tragó.

Y la oscuridad se hizo total.

1
Gloria
Buenas noches autor una pregunta esta es una historia poliamorosa , o ella solo tiene en destinado por así decirlo , lo digo por que no me gustan las historias poliamorosas , yo soy más de la pajarera y ya 🤔🤔🤔🤔
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play