Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.
El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.
Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.
¡ACTUALIZACIONES DISPONIBLES TODOS LOS MARTES Y VIERNES!
NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Ataque Del Halcón
El clima era tranquilo esa mañana. Los cielos estaban despejados y el sol brillaba intensamente entre el cúmulo de nubes blancas.
Tres días habían sido suficientes para que la salud de Odette mejorara significativamente. La medicina de Sky funcionó casi al instante y ahora Julie podía andar por todo el palacio sin tener ganas de devolver el estómago cada cinco minutos. Así que ahí estaba ahora, sentada cómodamente en la silla del juego del jardín, bebiendo un té, mientras leía el diario de la dueña original.
—Rojita —llamó.
La aludida chilló emocionada, acercándose con la velocidad de un rayo de luz. Su corazón permaneció alborotado; sin embargo, se mordió la lengua y se obligó a mantener la alegría encerrada en su pecho.
—Dígame, Milady.
—¿Hace cuánto que tú y Lili cuidan de mí?
Los ojos violeta de Odette brillaron intensamente bajo la luz solar. Su parpadeo sereno le acompañó a la curiosidad y Ruby estuvo a punto de llorar.
—Oh, bueno, Lili y yo somos hijas de las doncellas de su madre, así que hemos cuidado de usted desde su nacimiento.
—¿Cuántos años me llevan?
—Diez, Milady.
—Parecen mucho más jóvenes —declaró—. Son demasiado hermosas para ser solo doncellas.
La mujer se sonrojó con furia. La respuesta a las palabras ajenas peleaba por salir; sin embargo, fue un carraspeo ajeno lo que rompió por completo el ambiente, provocando que ambas rompieran el contacto visual. Aunque Julie se arrepintió casi al instante, cuando el viejo de mirada intensa le sonrió con una sorna que le provocó escalofríos. Cerró su diario con total calma y alzó la ceja, siendo consciente de la provocación que el otro estaba dando.
—Saludos, Lady Odette —reverenció—. Escuché las buenas noticias —informó, alzando el rostro con una sonrisa fingida en los labios—. Veo que no mentía con esa seguridad suya sobre tomar el puesto de emperatriz… la felicito.
El porte pulcro del viejo lo hizo ver más alto de lo que era originalmente. Odette se levantó de su silla, elevando las comisuras mientras sentía el terror desbordándose de su corazón continuo con cada segundo.
—Es una sorpresa ver a Pepito Grillo por aquí —dijo, con la jocosidad en la lengua.
—¿Perdón?
Odette le sonrió cuando notó la rigidez de rostro arrugado, con los ojos ardiendo en ira. El orgullo le hizo inflar el pecho, pero se sintió rodeada de una amenaza en el momento exacto en que la atención ajena se concentró en su abdomen. Llevó la mano discretamente hasta su ahí, tragando saliva cuando la soledad comenzó a sentirse asfixiante, a pesar de que Ruby estuviera junto a ella.
—¿Necesita que lo guíe al despacho de su majestad? —intervino Ruby, colocándose justo al frente de Odette.
—No es necesario —le miró con desprecio—. Mi hija me pidió entregarle este collar —informó, sacando un colguije de diamante blanco del bolsillo—. Está bendecido por los sacerdotes de la catedral.
Ruby se movió inmediatamente. Tomó el collar y agradeció con una reverencia, sin acercarse a Odette. El hombre bufó una risita, pero no se inmutó; mantuvo la mirada en la azabache, una demasiado pesada que provocó los instintos llenos de pavor en la memoria del cuerpo. Entonces toda la arrogancia se desbordó cuando la curva en sus labios se intensificó.
—Consejero, mi padre lo está esperando en su despacho.
La arrogancia del senil se tambaleó con la llegada de Oriel desde sus espaldas. Se giró fingiendo respeto y reverenció hacia él.
—Iré ahora —avisó, dando un par de pasos hasta detenerse—. Su alteza, le comparto mis más sinceras felicitaciones; rezaré por el bienestar del futuro heredero.
Oriel agradeció con un asentido. El hombre retomó su camino y avanzó con total normalidad, alzando el mentón hasta lo más alto mientras se perdía en los pasillos del palacio. Oriel dejó su atención en Odette y se acercó de una zancada cuando notó el estado tembloroso de la azabache. Julie finalmente había podido soltar el aire. Sentir aquel terror empezaba a fastidiarla, pero por mucho que quisiera mostrarse valiente, no podía; seguía siendo presa de ese encarcelamiento.
—¿Le hizo algo? —le preguntó a Ruby, acercándose a Odette para revisarla.
—Solo palabrerías, su alteza —murmuró, acercándose—. Milady fue muy valiente —sonrió, extendiendo la mano—. Quiso darle esto, supuestamente de parte de su hija.
Oriel tomó el collar, analizándolo. A sus ojos, el objeto era indefenso, una cadena de oro con un diamante enorme en el centro.
—Quise prevenir que llegara a manos de Milady —agregó—. ¿Quiere que me deshaga de él?
—Guárdalo bien —lo entregó—. Esperemos a que el cura pueda darle un vistazo.
La pelirroja asintió. Lo tomó con cuidado y se dio media vuelta, apresurándose a alejar el objeto.
—¿Estás bien? ¿No tienes malestares?
El rostro de Odette fue sujetado entre las palmas de Oriel mientras se hincaba frente a ella. La observó con atención, revisando cada centímetro de su piel como si de una urgencia se tratara.
—Estoy bien —respondió, alejando sus manos—. Odette le tenía pavor a ese anciano y este cuerpo corresponde a su presencia… Me tiene harta.
—Lamento no haber llegado antes, trataré de mantenerlo lejos de ti… aunque lo mejor es que no aceptemos visitas externas…
Las palabras continuaron saliendo de sus labios, pero Julie ya no le prestó atención. El corazón de Odette se alborotó, volviéndose ridículo cuando las manos ajenas atraparon a las suyas con firmeza. En un agarre protector que la hizo olvidar su odio desmesurado.
Su mente, autónoma como Julie, recordaba y se mantenía consciente de sus decisiones, pero su corazón, aún atado a los viejos sentimientos de Odette, aún no podía trabajar en equipo. Por lo que el revuelo peleonero en su interior se volvía insoportable cada que Oriel estaba en su alrededor.
—Milady.
Lili se asomó, alzando las cejas cuando notó la cercanía de la pareja. Reverenció y esperó hasta el asentido de Oriel para acercarse a la azabache y ofrecerle un hielo envuelto en un paño.
—Muchas gracias, Sol, mío.
Lili se congeló. Su mano quedó extendida en el aire y sus ojos se humedecieron por completo. Miró a Odette con la sonrisa temblorosa y las palabras estancadas.
—Yo… yo… lo siento.
Se cubrió el rostro y salió corriendo de ahí. Julie sonrió con la calidez en el pecho, pero la atención dirigida al sujeto que la miraba desde su costado con la frente arrugada y el gesto ahogado en la confusión.
—¿Qué fue eso? —indagó.
—Odette las adoraba porque básicamente ellas la criaron, así que les puso estos apodos —explicó—. Si tengo que sobrevivir, al menos debo tener gente leal a mi lado; es pura estrategia.
—Estoy de acuerdo, entonces —murmuró el rubio—. Ellas te protegen con el alma, así que lo mejor será mantenerte a salvo con ellas —propuso Oriel, levantándose—. Me encargaré de estudiar más a fondo a Sky antes de su regreso —avisó.
—¿Por qué?
—Solo como medida preventiva, mientras crece el bebé.