El destino los unió… pero no para salvarlos. Cuatro jóvenes, atados por cadenas invisibles, vivirán en un mundo donde la traición se respira y los reinos se arrebatan con sangre. La maldad intentará borrarlos. Ellos aprenderán a usarla. Porque en esta historia, la libertad tiene un precio… y no todos están dispuestos a pagarlo.
NovelToon tiene autorización de Mel G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
HEREDERO AL TRONO
...Reino de Norvak ...
El amanecer llegó sin pedir permiso.
La luz se filtró por la ventana, Erian se despertó con abrupto al sentir los rayos en la cara, durante un segundo no supo dónde estaba.
Se levanto despacio; pues siempre se mareaba. Cuando por fin logró incorporarse por completo, se acercó a la ventana y se asomó, todo parecia normal.
Caminó por la habitación sin saber qué hacer.
De pronto, alguien tocó la puerta.
Erian se tensó al instante. El corazón le dio un golpe seco. Bajó la mirada hacia sus muñecas cicatrizadas por reflejo.
—Señor —habló una voz femenina desde afuera. — tocaron de nuevo.—Señor, su majestad la reina pide verlo.
—Voy —dijo.
—Claro, señor.
Erian tenía miedo de salir, pero tomó valor.
Cuando salió de la habiatacion la mujer comenzó a guiarlo por los pasillos.
—Por aquí, señor. La reina lo espera para desayunar.
Erian asintió tenso.
Cuando llegaron Aria ya estaba allí, sentada a la derecha de uno de los extremos de la mesa. Erian se a lado de una silla frente a ella.
—Buen día, espero que hayas podido descansar — Erian la observó. — El rey está ocupado —informó—. En un momento se unirá a nosotros.
Erian asintió sin saber que hacer.
—Por favor, toma asiento —dijo Aria extendiendo su mano.
Erian se sentó despacio y observó la mesa, estaba cubierta de comida, un banquete, pan, carnes y bebidas calientes , recordo los grandes banquetes que compartió con su familia, en el palacio que una vez fue su hogar.
—Erian, puedes tomar lo que gustes.
Él miró la comida sin tocarla.
No tenía hambre, se había acostumbrado a no comer.
—Estoy bien —murmuró.
Erian la miraba fijamente.
— ¿Que pasa? ¿Tengo algo?— Se desconcertó la reina.
— Tus ojos son aterradores— le dijó.
Aria sonrio — te acostumbrarás. — Depues comenzó a servirle comida. —Debes comenzar a alimentarte mejor —dijo Aria—. Más tarde vendrán médicos a revisarte. Mandaremos hacer ropa a tu medida. Necesitas recuperar fuerzas. Luego, cuando estés mejor, empezarás con tus clases: historia, matemáticas, combate… La magia será solo teórica por ahora, ya que no perteneces a la familia real de este reino y—
Le tendió el cuenco.
Erian no lo tomo así que ella lo bajo a la mesa.
¿Clases de Combate? ¿Magia?
Erian no entendía nada.
Aria siguió hablando.
—¡Basta! —exclamó Erian, levantándose apenas—. No sé qué es lo que quieres de mí, pero no necesito ni quiero nada de eso.
—Erian… —intentó ella—. Solo quiero ayudarte.
—¿Ayudarme? —rió sin humor—. No, tu quieres algo a cambio, pero ¿que creees? Yo no quiero nada de esto.
—No es eso.
—Entonces dime la verdad —exigió—. ¿Por qué insistes? ¿Qué esperas de mí?
Aria guardó silencio.
Ese silencio lo quebró.
—No me vas a decir —dijo con amargura.
— No es eso, lo sabrás, solo hay que esperar a que…
—No te pedí que me salvaras.— no la dejo terminar.
Aria se levantó lentamente.
—Ya lo sé. Y aun así lo haría mil veces —respondió levantándose —. Porque estás vivo. Porque importas.
—No sabes nada de mí —escupió él—. No sabes lo que perdí.
—Sí lo sé —dijo ella, con voz firme—. Y por eso no pienso soltarte.
Erian la miró, no sabía por qué le hablaba así a la reina, la única persona que había sido buena con él en años. Y que además ahora a tenía el poder para mandarlo a matar si quería.
— Esucha…
— Escucha tu muchacho. — Un hombre alto entró al comedor.
Los rostros se giraron de imediato y Erian lo observó con cautela.
El hombre tenía los Cabellos blancos, piel pálida. No parecía viejo, ni tampoco demasiado joven, Pero lo que atrapó por completo la atención de Erian fueron sus ojos eran blancos. Igual que los de Aria tan blancos, apenas delineados por un borde gris que permitía distinguir el iris y , la pupila negra.
La magia marcaba a sus portadores. Alteraba el color de los ojos, los reclamaba como propios. Erian lo sabía bien. Los suyos ahora eran oscuros, apagados… pero no siempre fueron así, eran azules, un azul tan fosforescente, que llamaba la atención de cualquiera al rededor.
Por un momento miro a su padre en el hombre, el temple, la calma, la sabiduría, la ira, la superioridad, pero tambien la piedad.
El hombre se detuvo junto a la mesa.
— Te recomiendo que cuides tus palabras y cómo le hablas a mi esposa, o no me importara que ella tenga consideraciones contigo.
Erian agachó la mirada.
—Buenos días —dijo con voz grave, serena.
Aria se giro de inmediato.
—Reynar —saludó tensa —. Gracias por venir.
El rey aflojó su mirada cuando miró a su esposa, después volvio con mirada dura hacia Erian.
—Así que tú eres —dijo—. Erian de Zayon.
Erian por alguna razón le incomodaba hasta su nombre completo, ya todos lo habían olvidado y ahora lo decían demasiado.
—Puedes irte, muchacho —dijo el rey con voz firme—. Nadie va a detenerte.
Erian apretó los dientes.
—¡Reynar! —protestó Aria—. No—
—No podemos retener a quien no quiere quedarse —la interrumpió el rey sin alzar la voz—. Y mucho menos a quien no quiere escuchar.
Se giró por completo hacia Erian.
—Adelante —continuó—. Vete. Pero entiende algo: perderás todo lo que se te está ofreciendo.
Erian levantó el mentón, desafiante.
—Ustedes no tienen nada que me interese.
Se dio la vuelta y caminó hacia la salida
—Ni siquiera si te ofrecemos la oportunidad de vengar a tu familia.
Erian se detuvo en seco. Lentamente, giró la cabeza fijando la vista en el rey.
—¿Qué dijo?
Reynar no apartó la mirada.
—Te ofrecemos la oportunidad de vengar a tu familia —repitió con claridad—. A tu hermano. A tus padres. A todos los que te arrebataron.
Los ojos oscuros de Erian se volvieron aún más profundos. Mas negros.
Giro un momento la vista a Aria y supo que ella, lo había informado bien a su esposo.
Erian regresó lentamente hacia la mesa.
—Erian… —intentó decir.
—¡No! —la interrumpió él, sin mirarla—. Quiero escucharlo a él.
Reynar sintio la ira, por el atrevimiento de Erian de interrumpir a su esposa.
— Ten cuidado muchacho, están ante tu reina, y le debes respeto… les puede hablar tanto como le plazca.
— Lo se, no soy estúpido — respondió Erian — pero fue usted quien puso el resto sobre la mesa. — Erian giró hacia Aria. — Le pido disculpas majestad, no fue mi intención ofenderla.
Aria se limitó a un movimiento de cabeza, despues todo quedó en silencio.
Reynar fue el primero en romper con aquella tensión palpable.
—Tu reino falló —dijo—. Falló en protegerte. Falló en protegerlos. Y esa deuda no se paga con pan ni con un techo. — Dio un paso al frente. — Se paga con justicia.
Erian sintió que algo se rompía dentro de su pecho.
—¿Y qué quieren de mí a cambio? —preguntó—. Siempre hay un precio. Lo he aprendido bien.
—Que te quedes —respondió el rey—. Que aprendas. Que te fortalezcas. Que reclames lo que te pertenece.
—¿Mi sangre? —escupió Erian—. ¿Mi apellido?
—Tu lugar —corrigió Reynar—. Y la posibilidad de decidir qué hacer con él.
Erian respiraba con dificultad.
Había pasado años deseando morir. Deseando que le llegara a sentir lo que todos cuando la magia les es arrebatada.
Y ahora…
Le ofrecían una razón para vivir.
—Si me quedo —dijo al fin—, no será por ustedes.
Reynar sostuvo su mirada.
— Lo sabemos muchacho.
Erian cerró los puños.
—Bien —asintió Reynar, sin apartar la mirada de él—. Entonces siéntate. Vamos a hablar.
Erian no dijó nada, luego caminó hasta la silla donde había estado antes y se sentó.
Reynar tomó su lugar a la cabeza del comedor.
Aria se sentó también, visiblemente tensa.
—Hay mucho que decir —comenzó el rey—. Empezaremos por el principio.
Erian permaneció en silencio.
Reynar miró a Aria. Ella asintió , como diciéndole puedes confiar en él.
El rey suspiró y continuó.
—La guerra para erradicar la esclavitud trajo muerte. Mucha. Fue una guerra civil. Murieron cientos… miles.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —interrumpió Erian.
—Erian, por favor, paciencia —pidió Aria.
Reynar tensó la mandíbula, pero se mantuvo sereno.
—Murieron muchos —continuó—. Murió mi padre. Murieron mis mejores hombres. Y murió… mi hijo.
Erian frunció el ceño.
—El heredero al trono —añadió Reynar.
Erian levantó la vista, Reynar y Aria lo miraban fijamente.
—Ustedes quieren que yo tome el trono —dijo Erian, incrédulo—. Cuando llegue el cambio de sucesión. ¿Eso es lo que quieren?
—Escucha hasta el final —pidió Aria.
—No lo entienden —continuó Erian, cada vez más alterado—. Si la corte descubre que la línea de sucesión no es clara, habrá una rebelión. No aceptarán a cualquiera. Y alguien notará que no soy su hijo majestad.
—Nadie lo sabrá —respondió Reynar—. Mi hijo vivía aislado.
—¿Por qué? —exigió Erian.
— Confórmate con saber eso —explicó el rey—. Tuvimos que protegerlo. Cuando porfin podia salir un poco más entramos en guerra y murió.
Erian tragó saliva.
—Nadie lo había visto en años —continuó Reynar—. No sabían cómo era.
—Pero no tengo sus rasgos —objetó Erian.
—Su madre tenía el cabello negro —respondió el rey—. Podemos decir que te pareces a ella.
— ¿Y los ojos? Sabrán que no poseo magia.
— No es problema.
Reynar alzó la mano.
El cabello de Erian comenzó a tornarse blanco.
Sus iris cambiaron, volviéndose del mismo tono lunar que los del rey.
La piel no cambió, pero el contraste lo hacía parecer más pálido.
Reynar deslizó un plato de plata frente a él.
—Mírate. Tu decides si te quedas con el cabello negro, o prefieres parecerte más a mi.
Erian se tensó al verse reflejado no se reconocía.
—Bien —dijo al fin—. Ya sé lo que quieren. Pero ¿qué gano yo con esto?
—¿Recuerdas al duque Sorak? —preguntó Reynar.
El cuerpo de Erian se tensó.
—Ahora rey —añadió. — Nuestro reino quedó débil tras la guerra —continuó Reynar—. El reino de Sloughware ofrece ayuda… a cambio de un matrimonio. Pero su heredero es varón. Exigen una princesa.
—Usted tiene una —dijo Erian.
—Mi sobrina fue raptada cuando era una bebé —respondió el rey—. Era la heredera legítima. Mataron a mi hermana mayor y robaron a la niña. Nunca los encontramos.
Erian escuchaba con el pulso acelerado. Y pensó que era muy conveniente que su hermana y su sobrina desaparecieran para que Reynar pudiera ascender al trono, pero se guardó sus comentarios.
—Sorak exige que mi hijo —el heredero— despose a su hija cuando llegue el cambio de sucesión.
—¿Qué? —Erian se puso de pie—. No. De ninguna manera.
—Erian, tranquilízate —intentó Aria.
—No voy a casarme con la hija del hombre que mató a mi familia. —escupió—. ¡No lo haré!
—Al hacerlo tendrás acceso a su corte —dijo Reynar—. A sus secretos. A su caída. Sorak traiciona. Así que lo traicionaremos primero.
—No voy a ser familia de ese desgraciado —respondió Erian con furia—. Y espero que haya quedado claro.
Se dio la vuelta y salió furioso sin importarle que lo llamaran.