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Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:677
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

La aurora no promete perdón: sólo la prueba de quien se atreve a reclamar el cielo.

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Capítulo 22

La Casa del Velo no se encontraba en los mapas oficiales de Solis, ni figuraba en los registros de propiedad de la corona. Era un secreto a voces entre la aristocracia más depravada y los clérigos que habían olvidado el nombre de su dios. Se alzaba en el Distrito de los Susurros, una zona donde las calles se estrechaban tanto que los techos de las casas se tocaban, impidiendo que la luz del sol llegara al suelo, excepto durante el mediodía exacto.

Helios y Mirea avanzaban por el callejón, flanqueados por paredes de piedra húmeda. Él llevaba la mano en el pomo de su espada, sintiendo el calor de su propia magia bullir bajo su piel, una advertencia instintiva ante la presencia de algo profundamente antinatural.

—La Casa del Velo es un oxímoron, Helios —susurró Mirea, cuya figura se fundía con las sombras gracias a su capa de seda gris—. Dicen que adoran al sol, pero solo lo hacen para entender cómo apagarlo. No son simples sacerdotes; son alquimistas de la fe.

—Si mezclan la luz con la oscuridad, no son más que herejes —respondió Helios con severidad—. Y si Valerius los usa para legitimar su robo, entonces este lugar es el corazón de su mentira.

Llegaron ante una puerta de obsidiana translúcida. No había guardias, solo el silencio pesado de un cementerio. Mirea presionó una baldosa específica y la puerta se deslizó sin emitir un solo sonido, revelando un vestíbulo circular iluminado por un fenómeno imposible: columnas de luz solar que descendían del techo, pero que en lugar de iluminar, proyectaban sombras que se movían con voluntad propia.

El olor era embriagador: una mezcla de ozono, incienso de sándalo y algo metálico, como sangre fresca dejada al sol.

—Bienvenidos al útero del mediodía —una voz suave y sibilante resonó desde el fondo del salón.

Una mujer de cabellos blancos como la nieve y ojos cubiertos por una venda de gasa negra se deslizó hacia ellos. Vestía túnicas de un amarillo tan pálido que parecía piel muerta.

—La Dama del Huso y el Príncipe de las Cenizas —dijo la mujer, inclinando la cabeza—. Sabíamos que los hilos de vuestro destino se estaban enredando aquí. Yo soy la Suma Tejedora.

Helios dio un paso adelante, su presencia física emanando una amenaza palpable.

—Ahórrate los acertijos, bruja. Ezzar nos envió. Quiero los registros originales de la Casa Voran. Las crónicas que no fueron "redibujadas" por vuestras manos.

La Tejedora soltó una risita que sonó como cristales rotos.

—Ezzar siempre fue un romántico. Creía que la verdad era una luz pura. Aquí sabemos que la verdad es una herida que nunca cierra. Seguidme, si vuestra alma es lo suficientemente fuerte para soportar el peso de lo que vuestro padre ocultó.

Los condujo por pasillos descendentes, donde las paredes estaban grabadas con relieves que mostraban rituales antiguos. Helios se detuvo ante uno: mostraba a un rey Voran ofreciendo un corazón palpitante a un sol negro.

—Esa es la verdadera historia de tu linaje, Helios —dijo Mirea, observando su reacción—. El sol no regala su poder; lo alquila a cambio de sacrificio.

Llegaron a una cámara subterránea inmensa, el Sanctum de las Sombras Solares. En el centro, un enorme pozo de cristal contenía un líquido negro que vibraba rítmicamente. Sobre el pozo, suspendidos por cadenas de oro, colgaban cientos de rollos de pergamino.

—Aquí están las Crónicas del Eclipse —señaló la Tejedora—. No solo registros de nacimientos, sino contratos de sangre. Valerius no inventó la herejía, príncipe. Él solo la perfeccionó. Tu padre, el Rey Alaric, venía aquí cada solsticio. No para rezar por el pueblo, sino para asegurar que tú nacieras con el fuego en las venas. Pero el fuego exige combustible.

Helios sintió un escalofrío. Se acercó a uno de los pergaminos que llevaba el sello real de su padre. Al tocarlo, una visión lo golpeó como un mazo: vio a su padre, con el rostro desencajado por el dolor, firmando un pacto que condenaba a las tres provincias del norte a una hambruna perpetua a cambio de que Helios sobreviviera a una enfermedad de la infancia.

—No... eso no es posible —jadeó Helios, soltando el pergamino.

—La magia solar pura se extinguió hace siglos —explicó la Tejedora, acercándose a él, su voz era un veneno dulce—. Lo que tú tienes, lo que Valerius ansía, es una amalgama de luz y sacrificio oscuro. Durante décadas, esta secta ha operado en las sombras de tu palacio, asegurando que la corona Voran tuviera el poder de gobernar, incluso si el precio era la podredumbre del reino.

1
Mariela Serrano
Estoy algo perdida, Acaso Selene no estaba casada con Varron, o esto pasó antes de eso?
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