Lucas siempre ha hecho lo correcto.
Una carrera impecable. Una vida estable. Una boda en camino.
Hasta que Ethan regresa.
Doce años después, su antiguo mejor amigo vuelve convertido en su mayor rival… y en alguien completamente distinto. Más frío. Más seguro. Más peligroso.
Ethan no ha vuelto por negocios.
Ha vuelto por él.
Lo que comienza como una competencia entre empresas pronto se transforma en algo mucho más personal. Más intenso. Más difícil de ignorar.
Porque Ethan no juega limpio.
Y Lucas ya no puede seguir fingiendo que nada le afecta.
Entre decisiones correctas y deseos que no debería tener…
Lucas tendrá que elegir:
¿La vida que construyó…
o a quien nunca logró olvidar?
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Capítulo 13
Ethan
Le envío un mensaje a Theo.
Lucas está borracho. Hazte cargo de él.
Con eso será suficiente para que cuide de él.
Ok.
Guardo el teléfono mientras salgo del bar. Tomo mi auto y regreso al departamento, completamente satisfecho con la reacción que obtuve de Lucas.
Esperaba perturbarlo, pero que alejara a mi conquista de mi lado fue realmente una sorpresa.
Una sorpresa muy satisfactoria.
Todo marcha según mis planes y ahora que sabe que me gustan los hombres, será muy fácil sacarlo fuera de esa máscara de control que parece llevar.
Él es mucho más emocional de lo que deja ver, y esa es mi carta ganadora.
Cuando llego a mi lugar, regreso al trabajo. Podría descansar, dormir, cualquier otra cosa, pero no puedo dejarlo. No cuando sé que probablemente pronto estaré pisando terreno minado con Lucas y puedo ser atacado de vuelta. No cuando él es el único que tiene la capacidad de hacerme caer de rodillas.
Pasa un tiempo hasta que unos golpes fuertes en la puerta me sacan de mi concentración.
Inclino la cabeza, pensando. Sonrío, victorioso.
No me lo esperaba, pero las únicas personas que tienen esta dirección son Theo y Lucas.
No dudo. Sé quién de ellos es.
Me dirijo hacia la puerta, tomándome mi tiempo, mientras los golpes se vuelven más impacientes.
—¿Qué? —pregunto cuando abro y lo veo allí.
—Contigo quería hablar —me empuja y pasa por mi lado.
Está completamente borracho.
¿Sabrá el peligro en el que se encuentra ahora mismo?
Cierro la puerta y me vuelvo hacia él. Está más cerca de lo que espero.
—¿De qué querías hablar? —pregunto.
¿Debería siquiera tratar de tener una conversación con él en su estado? Y sin embargo, tengo que saber.
—Tú. Maldito desgraciado. Vienes ahora pavoneándote como si fueras el rey. Déjame decirte algo. Un rey no sale huyendo —me apunta con el dedo.
Sonrío, divertido.
—¿Cuándo salí huyendo?
—No te hagas el tonto. Sabes que hace doce años.
—Entonces, ¿adivinaste por qué me fui? —pregunto, sabiendo la respuesta.
—¿Cómo lo sabría? No tengo idea de lo que pasa por tu cabeza —se exaspera.
—¿Y por qué dices que huí, si no lo sabes?
—Simplemente lo sé. Te fuiste y no pensaste en nadie más que en ti mismo —reclama.
Mi sonrisa se borra.
—No pensaste en lo que te podría extrañar tu hermano o tus padres. ¡No pensaste en nada!
Me acerco hasta que su cara está tan cerca que podría besarlo en cualquier momento.
Un paso más… y cruzo la línea.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Me extrañaste?
Él no responde, pero su mirada se llena de dolor. Un dolor que se convierte en propio.
Nunca me arrepentí de irme.
Hasta ahora.
Lucas aparta la mirada y afloja su corbata, como si le incomodara.
Miro su cuello.
Doy un paso atrás, alejándome.
—Deberías irte —digo.
No puedo apresurarme. No cuando me lo estoy jugando todo.
—Tengo sueño… —se queja. Luego va hacia el sofá y se deja caer. Momentos después está dormido.
—¿Qué eres? ¿Un niño? —sonrío, sin poder creer que se haya dormido tan rápido.
Suspiro.
—Eres un problema.