Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
PRIMER ASALTO.
Los alfas habían salido de la habitación.
El aire que dejaron atrás era pesado, casi sofocante.
Ambos omegas estaban ahora entre la espada y la pared.
Por un lado, si huían, tendrían más opciones de sobrevivir a la ira de los alfas.
Por el otro… si se quedaban, existía la posibilidad de que les arrebataran la vida en un abrir y cerrar de ojos, justo en el momento en que la protagonista apareciera.
—¿Crees que nos dejarán ir? —preguntó Jinxiao una vez que escuchó los pasos de Liang y Quian alejarse.
Lin se cruzó de brazos, pensativo.
—No lo sé… —respondió—. Nosotros somos totalmente diferentes a esos verdaderos villanos tontos.
Su mirada tenía un brillo distinto.
—No vamos a quedarnos esperando a morir como ellos.
El silencio cayó entre ambos.
Sus pensamientos comenzaron a enredarse, uno tras otro, hasta que—
Un celular sonó
Buscaron entre las telas acolchonadas hasta encontrarlo.
—Es el tuyo —dijo Lin, señalándolo.
Jinxiao dudó un momento antes de responder. No sabía quién era, así que puso la llamada en altavoz.
—¿Hola?
«Hola, amorcito… ¿qué te parece si esta noche te invito a cenar?»
Ambos se miraron.
El ambiente cambió de inmediato.
Jinxiao frunció el ceño, claramente incómodo.
Lin comenzó a hacerle señas exageradas.
—Respóndele… —susurró entre dientes.
Jinxiao suspiró.
—Sí… ¿dónde nos vemos?
«En el bar de siempre.»
La llamada terminó.
—¿¡Qué carajos le pasa a ese imbécil!? —explotó Jinxiao—. ¿“Amorcito”? ¿En serio?
Lin se llevó una mano a la barbilla.
—Mejor vayamos… —dijo—. Podríamos conseguir información.
—¿Información… o problemas?
—Ambas —sonrió.
No tardaron en cambiarse.
Cerraron la puerta de la habitación para simular que seguían dentro, si o sí no debían encontrarse con esos hombres que decían ser sus esposos.
Y luego…
Ataron sábanas.
—Lin… no creo que esto sea seguro —dijo Jinxiao, mirando hacia abajo con evidente nerviosismo.
—¡Hey! —respondió Lin desde abajo—. No pasa nada. Tranquilízate… ya casi llegas.
—Eso dices tú porque ya bajaste…
Aun así, con el corazón en la mano descendió.
Minutos después…
Ambos caminaban por la calle, guiándose con la aplicación de mapas.
—Por favor que no haya muchos bares… —murmuró Jinxiao.
—Solo uno —respondió Lin—. Nuestra suerte sigue siendo terrible… pero útil.
Al llegar, los meseros los atendieron de inmediato.
Con respeto.
Con rapidez.
Como si fueran alguien importante.
Se sentaron.
Pidieron comida.
El hambre comenzaba a hacerse notar.
—Si ese tipo no paga, juro que lo golpeo —murmuró Jinxiao.
—Te vas a adelantar… —respondió Lin.
Y entonces…
Llegó.
El hombre de la llamada.
Lin lo reconoció de inmediato.
Se inclinó discretamente hacia Jinxiao.
—Este tipo no piensa invitarnos a comer —susurró—. Es un lamebotas y un completo idiota, su nombre es Lu Huan
Jinxiao lo miró de reojo.
—¿Tan malo es?
—Peor. Finge amar al otro Jinxiao… pero solo lo usa para sacarle dinero. Y ni siquiera tiene para pagar lo que pide.
El hombre se sentó.
—Amorcito… sé que no he estado muy pendiente de ti estos días, pero dime… ¿hay algo nuevo que quieras contarme?
Jinxiao lo miró sin expresión.
—No hay nada que comentar.
El hombre hizo una mueca.
—Sé que estás molesto porque no fui a verte al hospital… pero tampoco sabíamos si ese bebé era realmente fruto de nuestro amor…
Y entonces—
Algo explotó dentro de Jinxiao.
Un recuerdo lo golpeó con fuerza.
No era suyo.
Era del verdadero Jinxiao.
Se vio a sí mismo…
Humillándose.
Esperando atención.
Sonriendo por migajas.
Flores baratas.
Chocolates de una moneda.
Dinero.
Siempre dinero.
Vio cómo ese hombre lo manipulaba.
Cómo poco a poco destruía su empresa.
Cómo metía gente incompetente e inútil dentro de puestos que requerían experiencia.
Cómo lo utilizaba sin remordimiento.
Y luego…
Lu Huan.
Fingiendo amor.
Creando conflictos entre Quian y él.
Arruinando su relación que de por si no era buena ahora mil veces peor.
Fotógrafos que eran sobornados solo por una simple historia.
Escándalos creados, gente que nunca le había visto, juzgándolo por actos tan nefastos que nunca había hecho
Mentiras una tras otra.
La peor de todas, era que ese amor que el verdadero Jinxiao peleaba no era nada más que miseria a los ojos del beta.
Su respiración se volvió pesada.
Su corazón dolió como si su corazón aún estuviese cegado por amor.
Su ira creció.
Sin control.
Se levantó lentamente.
Se quitó el anillo.
Y—
¡Paf!
La bofetada resonó en todo el lugar.
—Señor Lu Huan —dijo con voz firme y fría—. Más le vale tratarme como su jefe.
El silencio fue absoluto.
Las cámaras capturaron el momento.
—Si mal no recuerdo… usted y yo no tenemos una relación especial como para decirme “amorcito”.
Lin no pudo evitar reír.
—Ese tipo se lo merecía…
Jinxiao tomó su celular.
Marcó sin dudar.
—Redacten una carta de despido justificado por abuso de confianza en contra de Lu Huan —ordenó—. No quiero verlo más en la agencia.
Su tono no dejaba espacio a dudas.
—Y despidan a todos los incompetentes que él haya ingresado sin mi permiso, espero que partir de mañana ninguno se presente— dijo esperando una afirmación del otro lado.
Lu Huan quedó en shock.
—No… espera… amorcito
—No te quiero ver cerca de mí otra vez, ¿entendiste? —dijo Jinxiao, aplastando su mano con el zapato.
Lin levantó ambos pulgares.
—¡Eso fue asombroso!
La adrenalina seguía corriendo.
No se detuvieron.
Regresaron a la mansión Wang en silencio con la comida que habían comprado.
Subieron por las sábanas.
Lin fue primero.
—Rápido—
Pero cuando Jinxiao subía…
La tela cedió.
—¡—!
Cayó.
O eso creyó.
Porque unos brazos lo atraparon.
Firmes.
Inconfundibles.
Quian.
—¿Qué estabas haciendo? —preguntó, mirándolo fijamente.
Jinxiao parpadeó.
—¿Quién, yo?
Se señaló.
—Nada… solo aquí… viendo el pasto crecer.
El silencio fue incómodo.
Ridículo.
Y entonces…
Miró hacia arriba.
La ventana.
La habitación.
Liang ya estaba dentro a un lado de su amigo.
Lin sin saber que movimiento hacer o que decir para evitar ser regañados.
Y en ese momento…
Todo tuvo sentido.
Habían perdido.
Sin darse cuenta.
Sin poder evitarlo.
Alfas: 1
Omegas: 0
Y esta vez…
El juego apenas comenzaba.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲