“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 23 Donde siempre termina la muerte
El santuario temblaba con cada choque de espadas.
Los Cazadores avanzaban desde la entrada como una ola oscura.
Pero en el centro del templo…
El mundo parecía reducido a dos personas.
Aren.
Y Darian.
La luz del círculo Solaris iluminaba el rostro del omega.
Su respiración era rápida.
Los recuerdos seguían apareciendo.
Fragmentos de otras vidas.
Otros tiempos.
Otros nombres.
Y en todos ellos…
Había una figura.
Oscura.
Fuerte.
Siempre caminando detrás de él.
Darian.
El ejecutor atacó nuevamente.
La espada chocó contra la de Darian con una fuerza brutal.
—Te distraes demasiado —dijo el ejecutor.
Darian gruñó.
—Hablas demasiado.
Pero en ese momento…
Algo cambió.
Un recuerdo atravesó su mente como un relámpago.
Un jardín.
Luz blanca.
Un hombre de cabello dorado riendo.
Una voz suave.
"Nox, siempre me encuentras."
Darian se quedó inmóvil por una fracción de segundo.
El ejecutor lo notó.
—Ah…
Sonrió.
—Lo recordaste.
Darian apretó la espada.
—Cállate.
Pero el recuerdo no desapareció.
Otro apareció.
Una ciudad antigua.
El mismo hombre.
Herido.
Y Darian arrodillado frente a él.
"No mueras… todavía no."
Darian retrocedió un paso.
Aren lo vio.
—Darian.
El alfa levantó la mirada.
Sus ojos estaban diferentes.
Más oscuros.
Más profundos.
—Lo recuerdo.
El silencio dentro del santuario fue absoluto.
El ejecutor sonrió.
—Perfecto.
Aren dio un paso hacia él.
—¿Qué recuerdas?
Darian lo miró.
Durante un segundo…
Su expresión fue completamente distinta.
Más suave.
Más vulnerable.
—Te recuerdo a ti.
El corazón de Aren latió con fuerza.
—¿Dónde?
Darian respondió en voz baja.
—En todas partes.
El silencio entre ellos se volvió intenso.
El ejecutor habló entonces.
—La muerte siempre encuentra a la vida.
Levantó la espada.
—Siempre.
Darian no apartaba los ojos de Aren.
—En cada vida…
Sus palabras fueron casi un susurro.
—Te busqué.
Aren sintió algo apretarse en su pecho.
—¿Por qué?
Darian respondió con una pequeña sonrisa cansada.
—Porque siempre terminabas escapando.
Aren levantó una ceja.
—Eso suena improbable.
Darian negó ligeramente.
—No.
Su voz se volvió más suave.
—Porque cada vez que morías…
Yo volvía a encontrarte.
El silencio cayó.
Los recuerdos comenzaron a despertar también en Aren.
Una biblioteca antigua.
Darian apoyado contra una ventana.
Sonriendo.
"Otra vez tú."
Aren respiró con dificultad.
—Esto…
Sus ojos se abrieron.
—Esto ya pasó antes.
El ejecutor habló con calma.
—Muchas veces.
Aren lo miró.
—¿Qué quieres decir?
El ejecutor respondió.
—Cada vez que el dios de la vida renace…
Miró a Darian.
—La muerte lo encuentra.
Darian sostuvo la mirada de Aren.
—Siempre lo hago.
Aren sintió el calor subir a su rostro.
Algo en esas palabras era peligrosamente íntimo.
—Eso es… extraño.
Darian soltó una pequeña risa.
—No tienes idea.
El ejecutor suspiró.
—Esto se está volviendo sentimental.
Levantó la espada nuevamente.
—Y yo tengo trabajo que hacer.
Los Cazadores avanzaron.
Pero el círculo Solaris explotó en luz.
La energía recorrió el templo.
El ejecutor retrocedió un paso.
—Ah…
—El poder está despertando.
Aren levantó la mirada.
—Darian.
—Sí.
—No quiero que mueras otra vez.
El silencio fue absoluto.
Darian lo miró fijamente.
—¿Otra vez?
Aren respiró con dificultad.
—En mi recuerdo…
Tus brazos estaban cubiertos de sangre.
Y yo estaba muriendo.
Darian se quedó inmóvil.
Porque ese recuerdo…
También estaba en su mente.
Un campo de flores blancas.
Aren cayendo.
Y él sosteniéndolo.
"Prométeme que volverás a buscarme."
Darian apretó la espada.
—Lo hice.
Aren lo miró.
—¿Qué?
Darian dio un paso más cerca.
Los Cazadores seguían luchando alrededor.
Pero en ese momento…
Nada más parecía importar.
—Te busqué en cada vida.
El corazón de Aren latía demasiado rápido.
—Eso suena obsesivo.
Darian sonrió.
—Lo es.
Aren sintió su rostro calentarse.
El ejecutor observaba la escena.
—Esto es fascinante.
Luego levantó la mano.
—Pero suficiente.
De repente…
Algo oscuro comenzó a aparecer en el suelo del santuario.
Un símbolo negro.
Elric gritó:
—¡Un sello de captura!
Caelum palideció.
—¡Van a sellar el templo!
El ejecutor sonrió.
—Exacto.
Aren lo miró.
—¿Qué significa eso?
Elric respondió con voz tensa.
—Si el sello se completa…
Miró a Aren.
—Tu poder quedará atrapado aquí.
El ejecutor levantó su espada.
—Y el dios de la vida será mío.
Darian dio un paso adelante.
Sus ojos se volvieron fríos.
—No.
El ejecutor sonrió.
—Inténtalo.
La batalla explotó nuevamente.
Pero esta vez…
Darian se movió diferente.
Más rápido.
Más brutal.
Las sombras comenzaron a extenderse a su alrededor.
El ejecutor se detuvo.
—Ah…
—La muerte despertó.
Aren lo sintió.
Ese tirón en su pecho se volvió más fuerte.
Como si algo invisible los conectara.
Darian bloqueó otro ataque.
Luego murmuró sin apartar la mirada de Aren.
—Siempre termino encontrándote.
Aren respondió con voz baja.
—Tal vez porque nunca dejo de esperarte.
El ejecutor soltó una risa.
—Perfecto.
Levantó su espada.
—Entonces veamos si esta vez sobreviven.
La energía del santuario comenzó a descontrolarse.
Y por primera vez…
La guerra de los dioses realmente había comenzado.
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