Selina tiene 18 años y descubrió que aunque puede transformarse en loba, no tiene a su loba interna. Ha estado enamorada de su amigo Isaac Newman el beta de la manada White Moon, ella creía que su amor por el sería correspondido, sin embargo dolorosamente descubre la verdad de sus sentimientos y la traición de quienes ella más amaba. Inesperadamente la ayuda viene de quien ella más detesta...
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Descubrir 2 parte
Punto de vista de Selina:
El silencio se extendió entre nosotros.
Mi tío no levantó la mirada de inmediato.
Como si las palabras le pesaran antes siquiera de decirlas.
—No es tan sencillo… —murmuró.
Apreté los puños.
—Hazlo sencillo.
Levantó la vista entonces.
Sus ojos estaban cansados.
—Tu padre sospechaba de Drago desde hace
tiempo —comenzó—. No era solo su comportamiento… eran sus alianzas.
Fruncí el ceño.
—¿Alianzas con quién?
Dudó.
Y eso me enfureció más.
—¡Dímelo!_ exigí
—Con gente que no debía tener cerca —respondió finalmente—. Lobos con ambición… y respaldo.
Mi respiración se volvió más pesada.
—No estaba solo —murmuré.
—No —confirmó—. Nunca lo estuvo.
El aire pareció comprimirse en mi pecho.
—¿Quién?
Paolo negó levemente.
—No tengo nombres claros.
Solté una risa sin humor.
—Conveniente_ agregué
—Realista —corrigió.
Lo miré con rabia contenida.
—Sabías que mi padre estaba en peligro…
—y no hiciste nada.
—Hice lo que pude —respondió, más firme esta vez—.
—Intenté alejarlo de ciertas decisiones. Intenté que no confrontara a Drago directamente.
—¿Y funcionó? —espeté.
El silencio fue su respuesta.
Tragué saliva con dificultad.
—Después de su muerte… —continuó—, todo fue demasiado rápido. Drago tomó control de la narrativa.
—Claro que lo hizo —murmuré—.
—Y no solo eso —añadió—.
Levanté la mirada de golpe.
—¿Qué más?_ pedí
Paolo dudó otra vez.
—Selina…
—¡Dímelo!
—Hubo presión.
Eso me detuvo.
—¿Presión?
—Para cerrar el caso. Para no investigar más.
Mi corazón se aceleró.
—¿De quién?
Paolo sostuvo mi mirada.
—De alguien que tenía autoridad suficiente para hacerlo.
El mundo pareció encajar de golpe. El alfa.
Mi pecho se tensó.
—Lo sabían… —susurré.
—Lo sospechaban —corrigió—.
Negué con la cabeza.
—No.
di un paso hacia él
—lo sabían.
El silencio volvió a caer.
—No podía actuar sin pruebas —repitió—. Si me equivocaba… te ponía en riesgo.
—Ya estaba en riesgo —repliqué—.
Mi voz bajó.
—Siempre lo estuve.
Eso lo golpeó.
—Por eso te mantuve lejos —añadió—. Por eso guardé esto.
Miré la carta en mi mano.
—¿Lejos? —repetí con amargura—.
—Me dejaste con ellos.
—Era la única forma de que no sospecharan —respondió—. Si te traía conmigo… te convertías en un objetivo directo.
Apreté los dientes.
—Ya lo era.
El silencio se hizo más pesado.
—Selina… —su voz se suavizó—. No entiendes lo que eres.
Levanté la mirada lentamente.
—Entonces explícamelo.
Paolo respiró hondo.
—Tu padre lo sabía. Por eso habló conmigo.
Mi pulso se aceleró.
—¿Sabía qué?
Dudó.
—Que no eras como los demás.
El aire se volvió más denso.
—Eso ya lo sé.
—No —negó—. No lo sabes completamente.
Se acercó un paso.
—Tu don… no es algo que puedan controlar.
Mi respiración se detuvo un segundo.
—Y eso..._ su mirada se endureció
es exactamente lo que más temen_ termino diciendo
Un silencio cayó entre nosotros. Irrefutable.
—No solo mataron a mi padre… —murmuré.
Apreté la carta con más fuerza.
me dejaron vivir… para controlarme_ dije
—Selina —su voz fue más firme—. No puedes volver allá.
Levanté la mirada.
—No estoy pidiendo permiso. Debo llegar al fondo de esto_ espete
Un fuerte golpe me llegó al pecho que casi me hizo caer, mi mayoría de edad estaba próxima. Faltaban 2 días y cumpliría 18 años.
Punto de vista de Bruno
Algo no estaba bien, lo podia sentir. Desde hacía días. No… desde hacía semanas. Selina.
El vínculo no era claro aún. No completamente.
Pero estaba ahí. Creciendo. Cambiando.
Y eso solo significaba una cosa.Tiempo.
—Falta poco —murmuré.
—¿Para qué? —preguntó Leticia.
La miré de reojo.
—Lo sabes.
Ella no respondió.
Pero lo sabía.
—¿Crees que está bien? —preguntó después.
Apreté la mandíbula.
—No.
El silencio se instaló entre nosotros.
—Entonces ve por ella —dijo.
Negué.
—No funciona así.
—¿Por qué no? —insistió.
La miré esta vez.
—Porque esto no es solo sobre ella.
Leticia frunció el ceño.
—Explícate.
Exhalé lentamente.
—Si voy ahora… la expongo.
—¿A qué?
Sonreí sin humor.
—A todos.
El silencio volvió.
—Papá —añadí.
Su expresión cambió.
—¿Aún crees que él…?
—Lo sé —la interrumpí.
Leticia bajó la mirada.
—Entonces haz algo.
—Lo haré.
Pero no como ella esperaba.
—Voy a tomar el control.
Eso la hizo mirarme de golpe.
—¿Qué?
—El alfa.
El aire pareció detenerse.
—Bruno… —murmuró— eso no es tan simple.
—Lo es.
—No lo es —replicó—. Papá no va a ceder el puesto.
Sonreí apenas.
—No necesito que lo haga.
Pero en el fondo… sabía que no sería tan fácil.
Más tarde... Ese día
—¿Quieres asumir? —la voz de mi padre fue directa.
Lo miré sin rodeos.
—Sí.
El silencio se tensó entre nosotros.
—Aún no es el momento —respondió.
Fruncí el ceño.
—¿Y cuándo lo será?
—Cuando yo lo decida.
Apreté los dientes.
—La manada necesita un líder preparado.
—Y lo tiene.
Eso me hizo tensarme.
—Entonces déjame demostrarlo.
Mi padre me observó fijamente.
—No estás listo.
—¿O no quieres que lo esté?
El ambiente cambió.
—Mide tus palabras, Bruno.
No retrocedí.
—No.
Silencio.
Pesado.
Peligroso.
—Hay cosas que aún no entiendes —dijo finalmente.
—Entonces explícamelas_ exigí
No respondió.
Y eso… confirmó todo.
Salí con enojo de la oficina de mi padre, me dirigía a mi despacho, cuando en la cocina el alfa Esteban discutía con su hijo mayor, mi primo Alfredo.
—¿Aún no? —preguntó la voz de Alfredo.
—No —respondió el alfa Esteban—. No es el momento.
—Llevo años esperando.
—Y seguirás esperando.
El joven apretó los puños.
—¿Por qué?
Esteban lo miró fijamente.
—Porque esto es más grande que tú.
Silencio.
—¿Tiene que ver con ella? —preguntó.
El alfa no respondió. Pero no hacía falta. Yo entendí muy bien lo que quería decir.
Salí con el pulso acelerado. Algo estaba mal.
Muy mal. No solo conmigo. No solo con Selina.
Sino con todo. Mi padre no quería soltar el control.
El alfa de Yellow Moon tampoco. Era demasiada coincidencia.
— Es evidente que están ocultando algo_ murmuré. Y en ese momento… La sentí.
Más fuerte que nunca. Me detuve en seco.
Mi respiración se agitó.
—No… —susurré.
El cambio estaba cerca. Demasiado cerca.
Apreté los puños.
—Aguanta…_ pensé
Porque esta vez… no estaba seguro de llegar a tiempo. En solo 2 días ella tendría 18 años.
y el Ysacc anda entre las 2😡😡😡
de seguir al malvado de su padre y se ponga los pantalones por ella
sobre todo la perra de la amiga que es igual a Carol