Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.
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Capitulo 23
La noche en São Paulo se volvió una criatura viva, húmeda y asfixiante. Mientras en los barrios altos se brindaba por el "coraje" de Helenina Hawser, en las entrañas de la ciudad y en los sótanos de la verdad, se libraba una batalla por la supervivencia y la justicia.
En el punto más alto de la Favela do Jaguaré, dentro de una construcción de ladrillo visto que parecía desafiar las leyes de la gravedad, Danilo Hawser estaba a punto de conocer el verdadero significado del dolor. El aire olía a una mezcla de humedad, pólvora y el fuerte aroma a cachaça barata que Dona Esperanza, conocida como "La Curandera", utilizaba para desinfectar sus herramientas.
—Si gritas, los "perros" de la entrada te oirán, y Zico no podrá evitar que te entreguen —sentenció la mujer, una anciana de manos nudosas y ojos que habían visto demasiadas guerras urbanas—. Muerde esto.
Le extendió un trozo de cuero curtido. Danilo, con el rostro bañado en un sudor frío y la piel tornándose de un gris cadavérico, lo aceptó. Zico observaba desde la sombra de la puerta, con un fusil colgado al hombro y una expresión de desprecio teñida de una extraña fascinación.
—¿Quién te iba a decir, Hawser? —susurró Zico—. Tú, que firmaste las órdenes de desalojo de media favela, ahora dependes de que una mujer a la que llamaste "criminal" te saque una bala de plata del costado.
El primer corte fue una descarga eléctrica que hizo que Danilo arqueara la espalda. No hubo anestesia, solo el fuego del alcohol sobre la carne abierta. A través de la neblina del dolor, Danilo no veía a sus torturadores; veía a Davina. La veía en el manglar, asustada, y esa imagen le dio una fuerza inhumana. Sus dedos se clavaron en los bordes de la mesa de madera mientras Dona Esperanza hurgaba con unas pinzas oxidadas pero afiladas.
—¡Ya casi! —gruñó la mujer.
De repente, un silbido agudo resonó desde la calle inferior. Era la señal de los vigías. Zico se puso en tensión instantáneamente, llevando la mano al gatillo.
—Los "Termitas" de Helenina —dijo Zico, refiriéndose a los mercenarios de élite de la viuda—. Están entrando por el callejón sur. Se mueven como profesionales, nada de policía local. Vienen a por ti, Danilo.
Zico miró a sus hombres. Sabía que proteger a Danilo era invitar a una masacre en su propio territorio. Pero el odio que sentía por Helenina, que siempre los trató como basura prescindible, era mayor que su rencor hacia Danilo.
—Muevan a este muerto viviente al sótano de los generadores —ordenó Zico—. Y preparen la bienvenida. Si esos hijos de puta quieren entrar en Jaguaré, van a tener que pagar el peaje en sangre.
Danilo, semiinconsciente, fue arrastrado por dos hombres mientras el sonido de los primeros disparos empezaba a rebotar en las paredes de zinc de la favela. La caza había comenzado.
***
Lejos del caos de la favela, en una estación de metro casi desierta, Renata, la periodista, caminaba con el corazón martilleándole el pecho. La llave que encontró en el sobre de Arnaldo pertenecía a una consigna automática en la estación de Sé.
Sus manos temblaban mientras introducía la llave en el casillero 412. Dentro no había maletines con dinero ni documentos impresos. Había una pequeña tablet envuelta en papel burbuja y un dispositivo USB cifrado.
Renata se refugió en un café de 24 horas, se sentó en la esquina más alejada de las cámaras de seguridad y conectó el dispositivo a su laptop personal, usando una red privada virtual (VPN) para ocultar su rastro. En la pantalla apareció un archivo de video titulado: *"Para ser abierto en caso de mi muerte - Arnaldo S."*
Al darle al *play*, la imagen del abogado apareció. Se veía demacrado, con ojeras profundas y el tic nervioso en su ojo derecho más pronunciado que nunca.
—"Si estás viendo esto, Renata, es que Helenina finalmente ha decidido que mi silencio era demasiado caro" —comenzó Arnaldo en el video—. "Lo que voy a decirte cambiará la historia de los Hawser y pondrá un blanco en tu espalda. El bebé que espera Davina... no es solo un heredero. Es la prueba de un crimen biológico."
Renata contuvo el aliento. Arnaldo continuó revelando que el difunto exesposo de Helenina no murió por causas naturales, sino que fue mantenido en un estado vegetativo inducido durante meses para manipular su testamento. Pero lo más explosivo fue lo siguiente:
—"Helenina ha estado usando una clínica clandestina para asegurar que el linaje Hawser sea 'puro' bajo sus estándares. Pero Davina... Davina es hija biológica de una mujer que Helenina creía muerta hace años, una mujer que tiene más derecho sobre la fortuna familiar que la propia Helenina. El bebé es la unión de las dos ramas legítimas. Si ese niño nace y se le hace una prueba de ADN, Helenina no solo perderá la empresa, sino que será procesada por el asesinato de su exmarido y el fraude sucesorio más grande de Brasil."
El video terminaba con una serie de coordenadas y un código de acceso a una cuenta bancaria en las Islas Caimán donde Arnaldo había ocultado las pruebas clínicas.
Renata cerró la laptop de golpe. Sintió un sudor frío. Ahora entendía por qué Helenina estaba dispuesta a quemar el mundo con tal de recuperar a Davina. Era la necesidad de eliminar la única evidencia física que podía enviarla a la silla eléctrica o a la miseria absoluta.
Justo en ese momento, el teléfono de Renata vibró. Un mensaje de un número desconocido decía: *“Sabemos que tienes la llave. No salgas del café si quieres vivir.”*
Renata miró hacia la cristalera. Un coche negro con vidrios polarizados acababa de estacionarse frente a la entrada…