Sigue a Valentina Márquez Santos, abogada humilde e hija ilegítima de un magnate. Tras ser traicionada en su boda y expulsada de su trabajo por defenderse de acoso, se convierte en asistente del amargado CEO Mateo Castellanos. Demuestra su valía al organizar el proyecto médico VidaPlus y salvar a su hija Sofía de un rapto, mientras enfrenta la envidia de Gitana, la hermana de la difunta esposa de Mateo. A pesar de que Mateo es insoportable, entre ellos surge una conexión, mientras Valentina lucha por su futuro y por hacer realidad un proyecto que cambiará vidas.
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BESO QUE CAMBIA TODO
El menú del restaurante era una delicia: crema de champiñones con trufa, filete de res asado con puré de boniato y espárragos salteados, y para postre un exquisito flan de coco con salsa de mango. Cada bocado era perfecto, pero la verdadera magia estaba en la conversación que fluía entre Mateo y yo.
—No sabía que también te gustaba la fotografía —dijo Mateo, sorprendido al escucharme hablar de mis viajes por el país tomando fotos de paisajes y comunidades rurales—. Yo empecé a tomar fotos cuando era adolescente, mi abuelo me regaló una cámara analógica que aún conservo.
—Es mi pasatiempo favorito —respondí, con los ojos brillantes—. Creo que las imágenes cuentan historias que las palabras no pueden expresar. Incluso en el bufete, solía tomar fotos de los lugares donde trabajábamos en casos de tierras, para documentar cada detalle.
Descubrimos que ambos amábamos la música clásica, habían leído los mismos libros de novela histórica.La tensión que antes había sido incómoda ahora se había transformado en una conexión profunda y natural.
De repente, el pianista invitó a los comensales a bailar en el pequeño escenario de madera del centro de la sala. Mateo extendió su mano hacia mí con una sonrisa tímida:
—¿Te gustaría bailar?
Sin pensarlo dos veces, le di la mano y nos acercamos al centro. La música era una suave melodía de jazz, y sus manos se colocaron con cuidado en mi cintura mientras la mía reposaba en su hombro. Mientras bailábamos moviéndonos al compás de la música, nuestras miradas se cruzaron una y otra vez, y el mundo alrededor nuestro desapareció.
—No te dije nada pero te ves hermosa —pronunció Mateo en voz baja, acariciando mi rostro con el dorso de su mano—. De verdad, Valentina... eres una mujer extraordinaria.
Sonreí, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza en mi pecho:
—Tú también te ves muy guapo, señor Castellano —respondí, con la voz un poco temblorosa—. Ese traje te sienta a la perfección.
Después de la canción, decidimos irnos. Al salir del restaurante, la brisa fresca de la noche hizo que perdiera el equilibrio al bajar los escalones de piedra. Mateo reaccionó inmediatamente y me agarró por la cintura, acercándome tanto que nuestros cuerpos quedaron pegados el uno al otro.
Nuestras miradas se cruzaron, y en ese instante no hubo más pretextos, no hubo más fingimientos. Se inclinó lentamente y yo lo dejé hacerlo: nuestros labios se encontraron en un beso profundo, lleno de pasión acumulada, que duró casi un minuto. Cada segundo se sintió como una eternidad, cargada de emociones que ambos habíamos estado negando durante semanas.
Cuando finalmente nos despegamos, me aparté un poco con expresión nerviosa:
—Señor Mateo... olvidemos esto. Fue un error.
—Perdón —dijo él, pasándose la mano por el cabello con una mezcla de confusión y deseo—. Fue mi error completamente. No debí hacerlo.
Silenciosamente, subimos al carro y regresamos a la hacienda. En el camino, ninguno de los dos dijo una palabra, cada uno absorto en sus propios pensamientos. Al llegar, bajé del auto rápidamente y corrí directo a mi habitación, cerrando la puerta con llave tras de mí.
Mateo se quedó de pie en la entrada por unos minutos, tocándose los labios con la yema de su dedo:
—Mierda... ¿qué me está pasando? —murmuró para sí mismo—. Me gustó mucho ese beso. No puedo tener estos sentimientos, no es correcto.
En mi habitación, me apoyé contra la puerta con las piernas temblando:
—No puede ser... no puedo sentir esto por mi jefe —dije en voz alta, pasándome las manos por la cara—. Ese beso me hizo temblar como nunca antes. Jamás había sentido algo así en mi vida.
Mientras tanto, Odette estaba en la sala de estar de la hacienda, hablando por videollamada con Santiago, quien acababa de llegar a París. La pantalla de su teléfono mostraba las luces de la Torre Eiffel al fondo.
—Llegué bien, amigo—dijo Santiago, con una sonrisa cansada pero feliz—. El vuelo fue largo, pero ya estoy instalado en el hotel cerca del bufete. El problema es más complicado de lo que pensábamos, pero creo que lo resolveremos en menos de un mes. Te prometo que estaré allá muy pronto.
Le envió fotos de su habitación, del bufete central y de una pequeña cafetería donde había tomado un café después de llegar. Odette le contó sobre el juicio, sobre cómo Valentina había estado increíble en el tribunal, y sobre la tensión que se notaba entre ella y Mateo.
Santiago:
—Es como si llevaran años juntos, pero al mismo tiempo se niegan a reconocer lo que sienten —explicó Odette, abrazando una almohada—. Espero que todo salga bien para ellos.
—Yo también, mi amigo —respondió Santiago—. Cuídate mucho y avísame si necesitas algo. Te extraño más de lo que puedo decir.
Ambos hablaron por casi una hora, contándose sus días, riendo de anécdotas y planeando qué harían cuando él regresara. La distancia era difícil.
DANIELA: UN NUEVO CONOCIDO
En la universidad, Daniela —la hija mayor de Mateo, de 20 años— acababa de salir de su clase de economía cuando un joven alto y moreno se acercó a ella con una sonrisa amable. Llevaba una sudadera de la universidad y unos pantalones vaqueros rotos, y sostenía un libro de poesía bajo el brazo.
—Disculpa, ¿eres Daniela Castellano ?—preguntó él, con un acento que no era local—. Me llamo Alejandro Rivera. Soy nuevo aquí, me acaban de aceptar en el programa de intercambio internacional. Tu profesora me dijo que tú podrías ayudarme a conocer el campus.
Daniela sintió cómo se le calentaba la cara. Era la primera vez que un chico la llamaba la atención desde hacía mucho tiempo:
—Claro que sí —respondió, con una sonrisa—. Soy Daniela, sí. El campus es bastante grande, pero te puedo enseñar los lugares más importantes: la biblioteca, la cafetería, los laboratorios... ¿quieres tomar un café mientras hablamos?
Alejandro aceptó con gusto, y ambos se dirigieron a la cafetería de estudiantes. Mientras caminaban, él le contó que venía de Estados Unidos y que había venido a estudiar administración de empresas con una beca completa. Daniela le habló de sus estudios de diseño gráfico y de su pasión por el arte.
No se daban cuenta, pero estaban siendo observados desde una esquina del campus por una mujer de traje oscuro, que tomó varias fotos suyas con un teléfono inteligente antes de desaparecer silenciosamente entre la multitud.
Palabras de la autora:
Este capítulo marca el punto de quiebre en la relación entre Valentina y Mateo. El beso que tanto esperábamos finalmente llegó, pero ahora tendrán que enfrentarse a las consecuencias de sus sentimientos. Además, la aparición de Alejandro en la vida de Daniela no es casual —prepárense para descubrir qué secretos se esconden detrás de este nuevo personaje.
que pena que alejandro solo este con ella para hacer daño