Por el error de un angel, morí. reencarne y soy la mejor amiga de la protagonista.
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Capitulo 1: Estúpido angel.
Angela estaba sentada en la mesa de su cocina con el celular en la mano, el café ya frío a un lado y una tranquilidad que no iba a durar mucho. Había pasado toda la mañana ignorando las notificaciones del banco porque sabía que no traían nada bueno, pero al final la curiosidad pudo más y abrió la aplicación con un suspiro que parecía preparado para lo peor, aunque ni de lejos imaginaba hasta qué punto iba a arrepentirse.
—A ver, respira, no puede ser tan grave —murmuró para sí misma, deslizando el dedo por la pantalla.
La cifra apareció frente a sus ojos sin ningún tipo de compasión. Angela se quedó inmóvil, parpadeando una vez, luego otra, como si el número fuera a cambiar por arte de magia.
—No… no, esto está mal… esto está mal —dijo en voz alta, frunciendo el ceño mientras acercaba el celular a su cara—. ¿Qué es esto? ¿Desde cuándo yo debo todo eso? ¿Eso tiene demasiados ceros, no?
Volvió a revisar, entró en los movimientos, desplazó rápido, luego más lento, tratando de encontrar lógica en algo que claramente no la tenía.
—Yo no compré eso… ¿qué es esa transferencia? ¿A quién le mandé yo dinero? Yo ni conozco ese nombre… —su voz empezó a subir, a llenarse de incredulidad y enojo—. ¡¿CÓMO QUE INTERESES?! ¿INTERESES DE QUÉ?
El aire le empezó a faltar, no de golpe, sino de forma incómoda, como si el pecho se le cerrara poco a poco. Se llevó una mano al pecho, todavía con el celular en la otra, mirando la pantalla como si la estuviera retando.
—No puede ser… esto tiene que ser un error… mañana voy al banco, sí, eso es, mañana voy y les digo que arreglen esto, porque esto no es mío, esto no puede ser mío…
Se quedó en silencio unos segundos, mirando el número otra vez, procesando lo que implicaba, lo que significaba, lo imposible que era pagar algo así.
—Me arruiné… —susurró, y en esa palabra hubo más peso que en todo lo que había dicho antes.
El dolor llegó más fuerte, obligándola a encorvarse ligeramente. El celular se le resbaló de la mano y cayó sobre la mesa, la pantalla aún encendida mostrando la cifra como si se burlara de ella.
—No… no ahora… —intentó respirar hondo, pero no pudo completar el aire—. Espera… espera…
Se levantó de la silla con torpeza, apoyándose en la mesa, pero las piernas no le respondieron bien. Dio un paso, luego otro, y el tercero ya no llegó como esperaba. Todo se volvió raro, distante, como si el mundo se hubiera movido un poco sin avisarle.
—¿En serio…? —dijo con una risa corta que no tenía nada de alegría—. ¿Así…? ¿Por esto…?
No terminó la frase. El cuerpo le falló por completo y cayó al suelo, con la última imagen clavada en su mente siendo esa cifra absurda.
El silencio llenó el apartamento.
Cuando Angela volvió a abrir los ojos, no estaba en su cocina.
Se quedó mirando hacia arriba, confundida, sin reconocer el lugar. No había techo como tal, solo una especie de espacio claro que no terminaba de definirse. Se incorporó lentamente, tocándose el pecho como si esperara encontrar dolor, pero no había nada.
—… ¿Estoy… viva? —preguntó en voz baja, mirando sus manos.
—Depende de cómo quieras definirlo.
Angela giró la cabeza de inmediato al escuchar la voz. A unos metros de ella, un hombre estaba sentado detrás de un escritorio que no había estado ahí antes, revisando papeles con una tranquilidad que no coincidía con la situación.
—¿Quién eres tú? —preguntó, frunciendo el ceño mientras se ponía de pie—. ¿Dónde estoy? ¿Esto es un hospital? Porque si es un hospital, déjame decirte que es el peor hospital que he visto en mi vida.
El hombre levantó la vista, parpadeó un par de veces como si apenas notara su presencia.
—Ah, sí, tú… Angela, ¿verdad? —dijo, mirando uno de los papeles—. Sí, sí, aquí estás.
—¿“Aquí estás” qué? —Angela cruzó los brazos, claramente molesta—. Explícame bien qué está pasando porque no estoy de humor para juegos raros.
—Tranquila, tranquila —respondió él, haciendo un gesto con la mano como si eso solucionara todo—. Verás, hubo un pequeño inconveniente administrativo.
—No, no, no —Angela negó de inmediato—. No empieces con eso. ¿Qué tipo de inconveniente?
El hombre se rascó la cabeza, incómodo.
—Bueno… digamos que tu expediente se procesó antes de tiempo.
—¿Antes de tiempo? —repitió ella, mirándolo fijamente.
—Sí, o sea, no debías morir todavía, pero alguien marcó una casilla equivocada y… bueno… aquí estás.
Angela se quedó en silencio unos segundos, procesando cada palabra. Luego dio un paso hacia el escritorio.
—¿Me estás diciendo que me morí por un error de ustedes?
—Si lo pones así suena feo —respondió él, encogiéndose de hombros—. Prefiero llamarlo una falla técnica.
—¡NO, NO ES UNA FALLA TÉCNICA! —su voz subió con fuerza—. ¡ES MI VIDA!
El hombre hizo una mueca, mirando alrededor como si buscara ayuda que claramente no iba a llegar.
—Mira, entiendo que estés molesta…
—¿Molesta? —Angela soltó una risa incrédula—. ¡Me morí viendo una factura del banco! ¡NI SIQUIERA TUVE UNA MUERTE DECENTE!
El hombre abrió la boca, luego la cerró, claramente sin saber qué decir ante eso.
—Bueno… si sirve de algo, es bastante original.
—No ayuda —respondió ella de inmediato.
Hubo un silencio incómodo. Él revisó otro papel, moviendo cosas de un lado a otro con torpeza.
—De todas formas, ya que estás aquí, no podemos devolverte tal cual…
—¿Cómo que no pueden? —Angela entrecerró los ojos—. Me mandan de vuelta, arreglan el error y listo.
—No es tan simple —respondió él, haciendo una mueca—. El proceso ya avanzó, tu cuerpo ya… bueno… dejó de funcionar.
Angela lo miró sin parpadear.
—Voy a perder la paciencia en tres, dos…
—Pero hay una solución —dijo rápido él, levantando un dedo—. Podemos reencarnarte.
Angela se quedó quieta.
—… ¿Reencarnarme?
—Sí, sí, es una opción bastante utilizada —asintió él, animándose un poco—. Nuevo mundo, nueva vida, empiezas de cero, todo muy limpio.
—¿Y puedo elegir? —preguntó ella de inmediato—. Porque si voy a aceptar esto, al menos quiero decidir algo.
El hombre bajó la mirada a los papeles otra vez, pasando páginas con más rapidez de la necesaria.
—Eh… bueno… sobre eso…
—No me gusta ese tono —Angela cruzó los brazos otra vez—. No me gusta nada.
—Verás, hay un pequeño detalle —dijo él, sonriendo de forma tensa—. Tu caso está en categoría de… resolución rápida.
—¿Resolución rápida?
—Sí, lo que significa que no hay tiempo para configuraciones personalizadas.
Angela se acercó más al escritorio.
—No. No, no, no. Escúchame bien, Misha o como te llames…—leyó su porta nombre.
—Misha, sí.
—Misha, no me mandes a cualquier lugar —dijo con firmeza—. Quiero saber a dónde voy, en qué condiciones, qué voy a ser…
—Claro, claro, totalmente entendible —asintió él mientras tomaba un documento—. A ver… aquí dice… mundo de fantasía… romance… personajes nobles…
Angela parpadeó.
—¿Romance?
—Sí, parece ser una historia bastante popular —continuó él—. Hay una protagonista dulce, un interés amoroso honorable y conflictos familiares…
—No me metas en un cliché —lo interrumpió ella de inmediato.
—No lo estoy haciendo a propósito —respondió Misha, levantando las manos—. Es lo que hay disponible ahora mismo.
Angela respiró hondo, tratando de mantener la calma.
—Quiero ser alguien importante entonces —dijo—. Protagonista, mínimo.
Misha hizo una pausa larga, mirando el papel, luego a ella.
—… Sobre eso…
—¿Qué?
—Bueno… ya hay protagonista.
Angela lo miró fijamente.
—No me digas.
—Podrías ser un personaje secundario —ofreció él, sonriendo como si fuera una buena idea—. A veces tienen mucho desarrollo.
—¿Y tengo opción de no aceptar?
—No.
Angela cerró los ojos un momento, claramente conteniéndose.
—Está bien —dijo finalmente, abriéndolos otra vez—. Pero si me mandas a un lugar horrible, voy a volver y te voy a buscar.
—No puedes volver.
—Ya veremos.
Misha soltó una risa nerviosa.
—Bueno, eh… todo listo entonces.
—Espera —Angela levantó una mano—. Dame más información, al menos el nombre del personaje, la familia, algo útil…
—Claro, claro —dijo él, revisando rápido—. Nombre… Mary… relación… amiga de la protagonista…
—¿Amiga? —Angela arqueó una ceja—. Bueno, no suena tan mal.
—Sí, sí, seguro todo estará bien —asintió Misha, claramente queriendo terminar.
Angela lo miró con sospecha.
—No me gusta esa cara.
—Todo estará bien —repitió él, pero ya estaba moviendo cosas en el escritorio, activando algo que Angela no entendía.
—Misha…
—Fue un gusto, Angela.
—MISHA, ESPER-...
No terminó la frase. Una fuerza extraña la envolvió, jalándola sin darle tiempo a reaccionar. Sintió que todo se desvanecía otra vez, más rápido que antes, sin control, sin aviso.
—¡Esto es un desastre! —alcanzó a gritar—. ¡Si esto sale mal, te voy a...
Su voz se perdió por completo. Y el silencio volvió, como si nada hubiera pasado.
—Bye, bye... Uf, menos mal ya se fue. Así arregle mi error de matarla antes de tiempo.
Dijo Misha al final.
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Esta vivo, sin magia, no fue un castigo como se lo esperaba, o tal vez perder su magia para él si lo sea.
La vida de Mary dio un giro que no se esperaba, pero en el proceso encontró el verdadero amor, Adrien es un buen hombre 😍😍😍
Adam dio a entender qué quiere algo con Yuyu, más adelante cuando todo se estabilice y las heridas sanen. /Whimper/ Mary prometió ir a trabajar a la panadería, cambio pan por joyas, pobre panadero se quedo sin su empleada loquilla /Grievance/