Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 22 — Demasiado cerca para seguir fingiendo
El castillo no dio tregua.
El “accidente de la alfombra” no tardó ni una hora en convertirse en el evento del día. No por escándalo abierto, sino por esa cadena de miradas cómplices, sonrisas que se estiran un poco más de la cuenta y silencios que dicen lo vimos.
Noctis lo sintió en la piel. Caminaba por los pasillos con Sirio en brazos y notaba cómo las conversaciones bajaban de volumen, cómo los sirvientes fingían concentrarse en tareas inexistentes cuando pasaba. No era hostilidad. Era expectativa.
Lucien también lo notó.
Y, por primera vez, no le molestó.
—La gente habla —comentó Noctis, sin mirarlo, al llegar al despacho.
—La gente siempre habla —respondió Lucien—. Lo que cambia es si te afecta.
Sirio alzó la carita entre ambos.
☁️ Afecta. A los dos.
La tarde avanzó rápido.
Un mensajero trajo noticias urgentes desde la frontera: un desacuerdo menor, nada grave, pero suficiente para requerir la presencia de Lucien en la sala de mapas. Noctis lo siguió por inercia, con Sirio aún en brazos.
—Déjalo con la niñera —dijo Lucien, al darse cuenta.
Noctis dudó.
Sirio apretó la tela del uniforme del omega.
☁️ Separación no autorizada.
—No se quedará tranquilo —admitió Noctis.
Lucien lo observó un segundo y tomó una decisión que habría parecido impensable semanas atrás.
—Entonces… quédate.
Noctis levantó la vista, sorprendido.
—¿Con usted?
—Con nosotros —corrigió Lucien, y la palabra cayó más fuerte de lo que pretendía.
Sirio cerró los ojos, satisfecho.
☁️ Equipo confirmado.
La sala de mapas se llenó de voces, pergaminos desplegados y tensiones técnicas. Lucien daba órdenes rápidas. Noctis organizaba respuestas. Sirio, en medio, se acomodó contra el pecho del omega y, de vez en cuando, estiraba la manito hacia la capa de su padre.
Los capitanes notaron la escena.
—El heredero parece… muy tranquilo aquí —comentó uno.
—Lo está —respondió Lucien, sin apartar la vista del mapa—. Y yo también.
Noctis sintió un calor extraño en el pecho. No era romanticismo abierto. Era pertenencia.
☁️ Avance emocional acelerado, pensó Sirio con aprobación.
El momento de quiebre llegó al anochecer.
Cuando la tensión bajó, cuando los capitanes se retiraron, cuando el silencio volvió a ocupar la sala. Noctis se quedó de pie, indeciso, como si no supiera a dónde ir después de haber sido parte del centro de todo.
Lucien lo notó.
—Noctis.
El omega alzó la vista.
—No tienes que irte tan rápido —dijo Lucien—. No hoy.
Noctis dudó. Sirio eligió ese momento para soltar un pequeño sonido cansado y acomodarse mejor entre ambos.
☁️ Ventana emocional abierta.
Lucien se acercó un paso más. La distancia entre ellos se redujo a algo peligrosamente íntimo.
—No estoy… acostumbrado a esto —admitió Lucien, con una honestidad abrupta—. A compartir el centro de las cosas.
Noctis tragó saliva.
—Yo tampoco a… ocuparlo.
El silencio se tensó. No había declaración. No había confesión. Pero el aire estaba cargado de algo que ya no podía ignorarse.
Sirio, medio dormido, dejó flotar su pensamiento final:
☁️ Intensidad: en aumento.
☁️ Ritmo: acelerado.
☁️ Próxima misión: siesta compartida hoy, sin “accidentes”.
Lucien y Noctis no se tocaron.
Pero tampoco se apartaron.
Y eso, para el castillo, ya era un cambio irreversible.