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Enamorarse De Un Maxwell

Enamorarse De Un Maxwell

Status: En proceso
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio / Romance de oficina
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Dan solía enfrentarse al peligro de cara. Cuando se hallaba en la cima de una pendiente de diamante negro se le disparaba la adrenalina y se le aceleraba el pulso. Estaba preparado para cualquier eventualidad.

Ese día se sentía igual y distinto a la vez. Pasar las tres semanas anteriores con Helena en un entorno no sexual había hecho que la viera con otros ojos. Era una mujer sexy y hermosa. Eso lo sabía hacía tiempo. Se sintió muy decepcionado cuando ella se marchó por motivos que seguía sin entender.

Tal vez ese fuera el problema La lujuria lo había cegado y no se había dado cuenta de que Helena tenía muchas facetas. Como no sabía como acercarse a ella, había utilizado el dinero para cortejarla.

Sin embargo, lo que sentía ahora no podía definirse como deseo. Ella se había vuelto más real y multidimensional. Era una mujer fascinante y complicada. Quería que formara parte de su vida y le gustaba hacerla feliz.

–Si quieres ver la exposición de Tiffany, tenemos que irnos.

Helena miró el reloj.

–Sí.

Él notó que le costaba alejarse del cuadro.

–Podemos volver mañana.

–No –dijo ella mientras regresaban a la planta baja–. Un día volveré y lo contemplaré con tiempo.

Después de un rápido recorrido por la sala de las increíbles vidrieras de Louis Tiffany, tomaron un taxi y volvieron al hotel. En el ascensor, Helena estaba apagada y miraba el suelo. Dan quería saber lo que pensaba. El recuerdo del beso que se habían dado le ponía nervioso. ¿Ocurriría algo esa noche?

Helena lo deseaba. Sin embargo, era consciente de que ella no deseaba desearlo, lo cual lo hería en su orgullo.

En el pasillo, él le levantó la barbilla con un dedo y la miró a los ojos.

–Eres tú quien debe decidir, pero te deseo. Piénsalo. Juntos estamos bien. Nada que sea tan fantástico puede ser una equivocación.

Ella no le respondió, pero él tampoco le había hecho una pregunta directa.

Helena sacó del bolso la tarjeta de acceso a la habitación.

–¿Cuánto tiempo tengo para prepararme?

–Hemos quedado con mis hermanos a las seis, pero necesitaremos al menos cuarenta minutos para llegar, ya que será hora punta.

–¿A las cinco y cuarto, entonces?

–Aproximadamente.

Ella abrió la puerta.

–Me he divertido. Gracias por llevarme al museo.

–¿Y de compras?

Helena negó con la cabeza y sonrió con ironía.

–Creo que eso lo has hecho por ti, pero ha sido agradable. Te mandaré un mensaje cuando esté lista.

–Podría enjabonarte la espalda –se ofreció él. Incluso la broma lo excitó.

Ella se puso de puntillas y lo besó en la mejilla.

–Compórtate. Hay cosas que es mejor dejarlas como están.

Él fue a su habitación, se duchó, se afeitó y se puso el esmoquin y la pajarita. Hacía demasiado calor para llevarlos, pero quería ofrecer a Helena la experiencia completa de una noche en la ciudad.

Una vez listo, se miró al espejo. Estaba menos bronceado que otros veranos. Últimamente no había pasado mucho tiempo al aire libre.

Le quedaban otras tres semanas de tomárselo con calma. La perspectiva lo frustraba. Estaba en Nueva York y tenía tres aeropuertos a su disposición. Podía estar en Chamonix o en Megeve al día siguiente por la tarde.

Dos cosas se lo impedían. La primera, que había prometido a sus hermanos que obedecería al médico; la segunda, que no quería renunciar a las tres semanas siguientes con Helena.

Era posible que se estuviera preparando para un segundo doloroso rechazo. Llevarse a helena a la cama era arriesgado, sobre todo porque no tenía ni idea de lo que había en su fascinante cerebro. Pero tenía que correr el riesgo.

Poco después, cuando llamó a la puerta de su habitación, estaba inquieto. ¿Por qué había quedado a cenar con sus hermanos? Debería haber encerrado a Helena en la habitación de él y haberla entretenido hasta el día siguiente.

La puerta se abrió y, de repente, la vista que se le ofreció le hizo la boca agua.

–Estás preciosa –dijo con voz ronca. Estaba patidifuso, pero trataba de que no se le notara.

–Gracias –ella sonrió con timidez, como si fuera al baile de final de curso y él fuera su acompañante.

Tenía la certeza de que ella estaba desnuda bajo el vestido. Además de dejarle la espalda al aire, se abría por un lado para mostrar una de sus hermosas piernas.

–Podríamos quedarnos en el hotel esta noche –dijo él completamente en serio.

–Quiero ver el musical y cenar con tus hermanos. Y ver Times Square de noche. Quedarse aquí sería un aburrimiento.

Él la besó en los labios, medio desesperado, esperando una señal de que era receptiva

–No con lo que haríamos.

Ella se sonrojó hasta la raíz del cabello y le devolvió el beso. Se separó de él jadeando.

–Me podrías convencer, pero no lo hagas, Dan, por favor. Estamos vestidos de gala y quiero divertirme. No en la cama –añadió con rapidez.

–Aguafiestas.

Él reprimió su deseo e intentó pensar en algo que no fuera la forma de los senos de Helena bajo la tela de seda. Se le adivinaban los pezones. ¿Qué tenía que hacer? ¿Mirar hacia otro lado? ¿Ponerse una venda?

Más de un hombre se volvió a mirarla mientras cruzaban el vestíbulo para dirigirse al coche. El restaurante donde habían quedado con Nathan y Fabio estaba en el centro. Uno de los mejores cocineros de la ciudad dirigía la premiada cocina.

Dan se puso a mirar el tráfico por la ventanilla para no fijarse en la rodilla y el muslo de Helena, que asomaban por el corte del vestido. Tenía la garganta seca. Estaba tan duro y excitado que sentía dolor. Siempre le habían gustado las piernas femeninas.

¿Qué necesitaría para llevársela a la cama esa noche? Sabía que ella lo deseaba. Se arrodillaría a sus pies, si eso servía de algo. ¿Cómo iban a seguir resistiéndose a la punzante atracción que experimentaban? Era como no ver el tsunami que se acercaba a la playa.

Cuando llegaron a su destino, el portero se apresuró a abrirle la puerta a Helena. Dan la siguió. Iba a tomarla del brazo, pero tocarla en ese momento hubiera sido un desastre, desde el punto de vista del cortejo. Así que se volvió a dar una propina al chófer e intentó no pensar en Helena debajo de él en la cama y él poseyéndola una y otra vez hasta el día siguiente.

Por suerte para Dan, Nathan y Fabio ya habían llegado al restaurante. Los dos dieron la mano a Helena. Fabio incluso la abrazó. Estaban muy unidos.

El maître los llevó a su mesa. Dan se sentó a la derecha de Helena. Sus rodillas chocaron bajo la mesa. Ella lo miró de tal manera que lo excitó.

–Me muero de hambre –dijo ella.

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Celinda Piña
directo al grano Helena 🤣🤣
Celinda Piña
estamos frente a un macho alfa loquito 😱👦
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