Morí una vez por ser quien era.
Reencarné en una historia donde el villano estaba destinado a caer.
El héroe eligió al omega correcto.
El mundo celebró.
Yo elegí al villano.
Sethiel, un omega que recuerda su vida pasada, decide quedarse al lado del hombre condenado por amar demasiado.
Un BL omegaverse oscuro sobre obsesión, elección y destino reescrito.
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CAPÍTULO 20 Nombrarlo fue un acto de poder
El reconocimiento no ocurrió en un momento íntimo.
Ocurrió donde no podía deshacerse después.
El salón de audiencias menores de Blackthorne estaba lleno de una forma incómoda: demasiadas miradas, demasiados intereses reunidos en un mismo espacio. No era una ceremonia, sino una convocatoria urgente. Representantes de casas aliadas, capitanes de frontera, administradores de recursos y observadores imperiales ocupaban la sala con la atención rígida de quienes intuían un movimiento importante, pero no sabían desde dónde vendría.
No había música.
No había estandartes desplegados.
Solo piedra, mesas largas y silencio contenido.
Draven Blackthorne estaba de pie al centro, las manos a la espalda, la expresión impenetrable. Su presencia imponía una quietud casi física. Cuando habló, no elevó la voz. No hizo falta.
—Blackthorne atraviesa un reajuste —dijo—.
—No por debilidad.
—Por precisión.
Algunos se removieron en sus asientos. Otros inclinaron apenas la cabeza, atentos. Nadie interrumpió.
—Durante años —continuó Draven—, hemos confundido estabilidad con costumbre.
—Y costumbre con seguridad.
Caminó unos pasos lentos, deliberados.
—Eso nos ha costado recursos, tiempo… y criterio.
Draven se detuvo.
—No pienso repetir ese error.
Entonces giró, sin anuncio previo.
—Marqués Raviel.
El murmullo fue inmediato. No fuerte, pero sí inequívoco. Sethiel avanzó desde un lateral de la sala con pasos firmes. No bajó la mirada. No hizo reverencias. Se detuvo a la distancia justa, como alguien que sabe dónde pertenece.
—Desde hoy —dijo Draven—, Sethiel Raviel no actúa como invitado, asesor ni excepción tolerada.
Alzó la mano, señalándolo con claridad visible para todos.
—Actúa como igual.
El silencio cayó como un golpe seco contra la piedra.
Algunos rostros palidecieron. Otros se tensaron con disgusto contenido. Un par de capitanes intercambiaron miradas rápidas, evaluando.
—Sus decisiones estratégicas —continuó Draven— tendrán el mismo peso que las mías en asuntos de frontera, redistribución de recursos y pactos internos.
—Su palabra será vinculante.
Un consejero mayor se removió en su asiento.
—Duque Blackthorne —dijo con cautela—, esto no tiene precedentes.
Draven lo miró sin dureza. Sin concesión.
—Exacto.
No explicó más.
—No se trata de un gesto político —añadió—.
—Se trata de resultados.
Hizo una breve pausa.
—Marqués Raviel ha demostrado criterio bajo presión, lectura estratégica y capacidad de sostener decisiones sin huir cuando el costo es alto.
—Quienes lo subestimen… repetirán errores ajenos.
Sethiel sintió el peso de la sala sobre él. No era hostil. Era evaluador. Respiró hondo y dio un paso al frente.
—No vengo a ocupar un lugar simbólico —dijo—.
—Vengo a trabajar.
Su voz no fue alta. Fue clara.
—Blackthorne no necesita obediencia ciega —continuó—.
—Necesita análisis, disciplina y voluntad para asumir consecuencias.
Miró alrededor, sin desafío ni sumisión.
—Yo asumo las mías.
Un murmullo bajo recorrió la sala, distinto al anterior. No era rechazo. Era ajuste.
—Entonces queda establecido —dijo Draven—.
—Cualquier objeción puede presentarse ahora.
El silencio se prolongó.
Nadie habló.
—Bien —concluyó Draven—.
—Comencemos.
La reunión avanzó con una tensión nueva. Las propuestas ya no se dirigían solo a Draven. Varias miradas se desviaban hacia Sethiel, midiendo, probando. Él respondió con precisión, sin adornos, señalando inconsistencias, anticipando consecuencias, planteando alternativas viables.
No buscó imponerse.
Se volvió necesario.
Cuando un capitán expuso un problema de abastecimiento en la frontera norte, Sethiel fue el primero en intervenir.
—El problema no es la falta de recursos —dijo—.
—Es la ruta que están usando.
Desplegó un mapa. Señaló un punto olvidado.
—Cambien esto —añadió—. Reducirán pérdidas y tiempo.
—No es nuevo. Solo fue ignorado.
Draven observó en silencio.
Y sonrió apenas.
Cuando la sala quedó finalmente vacía, la tensión no desapareció de inmediato. Sethiel se apoyó contra una columna de piedra, exhalando despacio. Draven se acercó sin prisa.
—No me avisaste —dijo Sethiel.
—No necesitaba hacerlo.
—Generaste incomodidad.
—Sí.
Sethiel alzó una ceja.
—Te gustan las reacciones honestas.
—Me gustan las necesarias —corrigió Draven.
Hubo un silencio breve.
—¿Por qué hoy? —preguntó Sethiel al fin.
Draven lo miró de frente.
—Porque ya no podían fingir que no existías.
Hizo una pausa breve.
—Y porque no pienso permitir que te reduzcan a excepción conveniente.
Sethiel apoyó la cabeza contra la piedra por un segundo.
—Eso te ata —dijo.
—Lo sé.
—Y a mí también.
Draven dio un paso más cerca.
—Nunca prometí ligereza.
Sethiel lo miró, y esta vez sonrió de verdad.
—Por eso me quedo.
No hubo beso. No hubo gesto íntimo.
No hacía falta.
Porque desde ese momento, en cada sala, en cada mapa y en cada decisión futura, Sethiel Raviel ya no sería mencionado como acompañante, ni como riesgo tolerado.
Sería mencionado
como poder.
Y en Blackthorne, eso no era un privilegio.
Era una responsabilidad que se pagaba caro.
Y ambos estaban dispuestos a asumirla juntos
lo mas importante es quererte amarte a ti mismo tal cual eres y aceptarte con tus defectos y virtudes con altas y bajas que nada es perfecto que solo se trata de ser feliz por cada decisión cada día cada noche que dios te sabiduría y convicción /Scream//Scream//Scream//Scream/por que soy una persona que ah dado todo y arriesgase por un amor y que es lo que es recibido decepción desamor tristeza con el Alma rota y no confiar en nadie mas /Blush//Blush//Blush//Blush/