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Finalmente Te Encontré

Finalmente Te Encontré

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Transmigración antigua a moderna / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

En este mundo, la muerte no borra el pasado; lo tatúa en la piel como una cicatriz de nacimiento: el Registro
Ian es un Rastreador, un hombre que caza almas con deudas pendientes. Durante un siglo, ha vivido atormentado por la marca en su pecho, justo donde el acero le atravesó el corazón, y por el recuerdo de la mujer que le arrebató el aliento con aroma a jazmín.
Él no busca amor, busca justicia. Pero hoy, en el pasillo de un hospital, su herida ha vuelto a arder. Ella está allí, con las manos manchadas de sangre, pero esta vez para salvar una vida.
Tras cien años de sombras, Ian finalmente puede pronunciar su sentencia:
—Finalmente te encontré.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Búsqueda de una pista

​Mientras Anya dormía, un sueño inquieto y plagado de sombras, Ian salió a la estancia principal. El suelo de madera crujía bajo sus botas, un sonido que en medio del silencio absoluto de la montaña parecía un disparo. En la sala, frente a una chimenea que agonizaba, lo esperaba Esteban. Nadie conocía a Ian mejor que él; había sido su instructor, su guía y, en los momentos más oscuros de su entrenamiento, lo más parecido a un padre que el Registro le había permitido tener.

​Esteban no encendió las luces. Se movía con la precisión de un depredador retirado, encontrando dos vasos de cristal grueso en la alacena. Con un gesto pausado, sirvió un licor ancestral, un destilado ámbar que olía a menta y a tiempos más simples.

​—¿Qué tan lejos llegaste con todo esto, Ian? —preguntó Esteban, extendiéndole un vaso. Sus ojos, nublados por los años pero aún agudos, escudriñaron el rostro cansado de su pupilo.

​—Me enfrenté al Registro, a Marcus y a los Auditores por ella —respondió Ian, su voz sonando hueca—. Rompí el protocolo de extracción, desactivé mi rastreador y disparé contra hombres con los que compartí el desayuno hace una semana.

​—Si has hecho todo eso es porque ya sabes la verdad sobre el mundo que siempre has defendido —sentenció el anciano—. El Registro no es el escudo de la humanidad, Ian. Es la cadena.

​—Ya los reproches están de más, Esteban —interrumpió Ian, cerrando los ojos con fuerza—. Cometí un error. Fui un instrumento ciego. Y ahora me toca pagarlo. Mi única prioridad es dejarla a salvo.

​—¿Realmente la amas? —La pregunta de Esteban fue directa.

​—Más que a mi propia vida —su voz salió con nostalgia—. Pero sé que es imposible.

​Esteban mostró un poco de compasión por su amigo, pues él sabía cuál sería el final de Ian cuando el Registro lo capturara. Sabía que no habría juicios, solo una eliminación sistemática de su existencia física y digital.

​—¿Ella vale todo esto? Digo, la estabas buscando para saldar una deuda —insistió Esteban.

​—Sí, lo vale. Además, todo fue una trampa de alguien y nosotros terminamos pagando.

​Ambos se sentaron frente a una terminal portátil, una pieza de tecnología ilegal que Esteban mantenía oculta del escaneo satelital. La luz azulada de la pantalla iluminaba sus rostros cansados mientras las líneas de código y los árboles genealógicos desfilaban ante ellos. Continuaron trabajando por horas, revisando los registros encriptados que Ian había extraído del hospital. Buscaron la genealogía de Anya, desglosando cada ancestro, cada registro de nacimiento y cada defunción, llegando siempre al mismo callejón sin salida: ella era la última en la línea de sangre.

​—Debemos estar dejando pasar algo por alto —susurró Ian, apoyando los codos sobre la mesa y frotándose las sienes con frustración—. El Registro no despliega a los Auditores de Élite por una simple civil, por muy "última" que sea su estirpe. Hay algo en su ADN o en su pasado que justifica este despliegue de fuerza.

​Esteban se reclinó en su silla, el crujido del cuero enfatizando el cansancio de la madrugada. Miró los datos de fertilidad y los registros hospitalarios de la última década de Anya.

​—Solo que ella haya tenido un hijo y lo esté ocultando —comentó Esteban encogiéndose de hombros, lanzando la idea como quien arroja una piedra a un pozo oscuro para medir su profundidad.

​—Ella no ha tenido hijos —aseguró Ian al instante, su tono cargado de una molestia defensiva que no pudo ocultar.

​—¿Cómo puedes estar tan seguro? —respondió Esteban, fijando su mirada inquisidora en Ian—. Apenas la conoces de hace unos días, muchacho. En este mundo, las personas ocultan secretos mucho más grandes que un embarazo.

​—Solo lo sé —contestó Ian, desviando la mirada hacia la ventana, donde el bosque empezaba a bañarse de una luz grisácea—. Hay cosas que se sienten... conexiones que no necesitan años para ser comprendidas.

​Fue entonces cuando Esteban, tras años de observar el comportamiento humano bajo presión, entendió de qué hablaba Ian realmente. No era solo amor; era una obsesión protectora que rozaba lo instintivo, una impronta que el Registro siempre había intentado suprimir en sus agentes.

​—Te entiendo —dijo Esteban con una suavidad inusual—, pero, ¿por qué la quieren borrar con tanta saña? Ellos solo han borrado a un humano y todo recuerdo de ella una vez en toda la historia de la organización.

​Los ojos y la voz de Esteban se llenaron de una melancolía espesa, una que Ian nunca había visto en su mentor.

​—¿De qué hablas? —Los ojos de Ian se entrecerraron, la curiosidad reemplazando momentáneamente el agotamiento—. Nunca nos enseñaron eso en la Academia. Se supone que el Registro solo "reubica" o "neutraliza". ¿Borrar a alguien de la memoria colectiva? Eso es mito.

​—No lo es —Esteban bajó la voz, como si las paredes de madera tuvieran oídos—. Hace muchos años hubo un Recolector que desafió al Registro, al igual que tú, por un amor. Un amor que el sistema consideraba incompatible con el Orden Mundial.

​Ian sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura de la habitación.

​—¿Y qué pasó? —preguntó, temiendo la respuesta.

​—El Recolector ya no existe —relató Esteban, mirando al fuego como si viera los fantasmas de aquel tiempo—. Su nombre fue borrado de todos los servidores, su rostro eliminado de cada fotografía. Y su supuesto amor... ella lo traicionó al final para salvar su propia vida. Vendió al hombre que lo dio todo por ella a cambio de una identidad nueva y una existencia mediocre en las ciudades periféricas.

​Ian quedó en shock. La idea de la traición le golpeó el pecho con más fuerza que cualquier bala. Miró hacia la puerta de la habitación donde Anya descansaba, ajena a las sombras que se cernían sobre ellos. Él sabía, con una certeza que le quemaba el alma, que nunca podría hacerle algo así. Ella era la razón de su vida, la luz que había logrado perforar la oscuridad de su entrenamiento. Prefería ser él quien desapareciera en el olvido, quien fuera borrado de la historia, antes de permitir que su amada sufriera un solo segundo más por su causa.

​—Yo no soy ese Recolector —sentenció Ian con una voz que vibraba de determinación—. Y ella no es una traidora.

​—Eso espero, Ian —susurró Esteban, apagando la pantalla—. Porque el Registro no comete el mismo error dos veces. Si van por ella, es porque su existencia misma es una amenaza para el sistema que nosotros ayudamos a construir.

1
Elizabeth Medina
ya me perdí,,,
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Gracias por compartir, me gusta mucho tu novela
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena novela, te sumerge en una película futurista, excelente
Alexandra Ortiz Posada
Me encanta tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Martha Divas Delgado
dios estoy atrapada k impactante será k aniya es o fue mala e Ian se equivoca. hayyyyy esta historia está de infarto
Alexandra Ortiz Posada
Me gusta tu novela, ese toque de misterio la hace muy interesante, gracias por compartir , bendiciones
Marcela Lopez
excelente
Martha Divas Delgado
me gusta más capítulos y paso a paso se arma el camino ☺️
Ysabel Correa: Gracias 🫂... estaré escribiendo y actualizando todos los días
total 1 replies
Marie Beleño
pas historias así no me gustan demoran mucho para subir capitulos😡
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