Ariel Mark ; Hombre de negocios que tiene bajo su poder a toda la ciudad del mar, casado con una chica que oculta más de un secreto.
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Parte aguas.
Ariel se imaginaba una mínima parte de quien era exactamente su esposa, aquella mañana había sido como cualquier otra con abrazos, besos y desayunar junto a su esposa, la que provocaba que su corazón latiera con fuerza cada vez que la tenía cerca o sólo con pensar en ella, pero no imaginaba que era la princesa heredera de un Reino lejano.
Tampoco imaginaba que su padre le buscaba para asesinarla, y mucho menos que aquel despiadado hombre estuviera completamente loco al decir qinmortal, ya queinmortal ya que poseía el secreto de la vida eterna.
Cuándo lo vio entrar a su oficina como si nada frunció el ceño y observo al hombre de ojos grises frente a él, para después dirigir su mirada a Rodrigo Horn que entró detrás de él.
- Ariel Mack, el gran Ariel Mack, debí suponer que Zafiro sería tan inteligente como para conseguir hacerse de un esposo poderoso que le cubriera la espalda.-
Ariel lo observó en silencio aún con el gesto de molestia en su rostro.
- No se de que está hablando, y tampoco sé quién es usted.-
- Para ser alguien tan importante en esta ciudad debo decir que es alguien muy ignorante.-
- No voy a permitir que me ofenda en mi propio territorio.- amenazó en voz baja y fría, acercó su mano a su reloj para llamar a sus guardias más no llegó a hacer tal llamado.-
Un dardo tranquilizante fue lanzado en su dirección rápidamente clavándose en su brazo, Ariel no sabía que sus guardias habían sido reducidos por los hombres del Rey, tampoco que el hombre lo llevaría a un lugar apartado para esperar a Clarise.
Al abrir sus ojos se encontró en un lugar oscuro, atado de manos y piernas a una silla, sentía sus párpados pesar y su cabeza dar vueltas, el inicio de aquella mañana luciendo en su memoria como un acontecimiento lejano.
- Por fin has despertado.- Escuchó una voz a unos metros de distancia, no pudiendo ver el rostro del hombre debido al malestar que le estaba afectando.- Es un buen momento, Zafiro está a punto de llegar.-
Ariel apretó sus párpados con fuerza para aminorar en algo el dolor que sentía en la cabeza fallando en el proceso, llegó a la conclusión de que tanto él como Clarise corrían peligro y quería, no, él debía proteger a su esposa.
¿Pero como hacerlo?.
No sabía dónde estaba, mucho menos si podría escapar de allí, la gente frente había conseguido secuestrarlo...a él....al prácticamente dueño de ciudad del Mar, el ya no tan intocable Ariel Mack.
El reloj en su muñeca emitió una vibración después de unos minutos, mientras aún se sentía desorientado y el hombre frente a él se acercaba lentamente hacia él.
- Vamos niño rico, pensé que eras más fuerte, es decir, luces tan imponente detrás de tu escritorio, como si fueras el dueño del mundo entero.- dijo el hombre para después tomarlo por el cabello.- Vamos, resiste más, ¡ vamos ! , que la princesa sea testigo de como arranco cada miembro de tu cue...-
El dolor en su cabeza por ser jalado por el cabello se esfumó, creyó haber pervibido un silbido cerca suyo, que pronto fue reemplazado por el sonido del cuerpo del hombre al caer al suelo.
Ariel intentó con más ahínco aclarar su vista, tenía que estar alerta , por ello se removió en la silla con la fuerza que tenía en su cuerpo logrando caer hacia el lado izquierdo, el sonido de pasos no tan fuertes como los de un hombre de gran complexión se escuchaban cada vez más cerca.
- Ariel, déjame ayudarte.- Esa voz.
Ariel juró sentir su cuerpo relajarse al escuchar la voz de Clarise, pero aquel sentimiento desapareció al recordar su situación y la manera en la que llegó a aquel lugar.
- Z-Zafiro, t-t-tu nombre es Zafiro.- Apenas pudo decir.
Clarise asintió con lágrimas recorriendo sus mejillas, encontrar a Ariel fue fácil para ella, pero no encontrarlo de esa manera, la misma manera en la que vió morir a su madre la última vez.
La última vez.
Había sido ya hace tanto tiempo, sabía que tenía que darle un resumen rápido a Ariel, pero no era el momento, lo mejor sería salir de aquel lugar, en eso pensaba mientras desataba las manos de Ariel, al terminar con esa tarea se enfocó en sus pies para liberarlo, más sintió un dolor punzante en hombro.
-¡Mierda! - gruñó con molestia, dió una mirada a su esposo para después cubrirlo un poco con su cuerpo.
Ella sabía que había llegado al parte aguas, pero aún tenía algo muy importante que hacer, antes de que fuera el fin, su fin.
- Ariel, se que no vas a entender mucho en este momento, pero necesito que me escuches.- Comenzó a decir con una pizca de desesperación.- Vamos a encontrarnos de nuevo ¿hmm? , vamos a encontrarnos y vamos a hacer las cosas bien, sin matrimonio secreto, sin noviazgo, sin hacer todo lo que hicimos mal en esta ocasión de nuevo.-
Ariel trataba de prestar atención, sus párpados continuaban pesando y su mente dando vueltas, se concentró un poco en la suave voz de Clarise y asintió lentamente.
- Mírame Ariel, mírame a los ojos.- Pidió Clarise escuchando los pasos de más hombres acercarse, él había llegado.- Te prometo que te encontraré mucho antes, eres lo único bueno que me ha pasado en esta vida Ariel.-