Lucas siempre ha hecho lo correcto.
Una carrera impecable. Una vida estable. Una boda en camino.
Hasta que Ethan regresa.
Doce años después, su antiguo mejor amigo vuelve convertido en su mayor rival… y en alguien completamente distinto. Más frío. Más seguro. Más peligroso.
Ethan no ha vuelto por negocios.
Ha vuelto por él.
Lo que comienza como una competencia entre empresas pronto se transforma en algo mucho más personal. Más intenso. Más difícil de ignorar.
Porque Ethan no juega limpio.
Y Lucas ya no puede seguir fingiendo que nada le afecta.
Entre decisiones correctas y deseos que no debería tener…
Lucas tendrá que elegir:
¿La vida que construyó…
o a quien nunca logró olvidar?
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Capítulo 2
Lucas
Escucho distraídamente la voz monótona de la mujer que habla sobre fechas, aperitivos, flores y posibles lugares para la boda. Isabella, mi novia, le responde con entusiasmo y sonrío con cariño.
Nunca pensé en casarme, pero cuando comenzaron los rumores en la prensa, pareció el paso lógico y seguimos con ello.
Es lo correcto, ¿cierto?
Ahora, después de la fiesta de compromiso, conseguimos una planificadora de bodas para encargarse de todo y esta es nuestra primera reunión.
Mi teléfono vibra.
Mensajes. Correos. Trabajo.
Respondo sin pensar.
Hasta que aparece una notificación distinta.
Ethan.
Intento ignorarla, pero no puedo hacerlo. Nunca he podido.
Miro hacia las mujeres, distraídas con invitaciones. Vuelvo al celular y abro la aplicación desde mi cuenta falsa.
Red Miller.
Suena francamente ridículo.
Aun así, lo hago. No estoy seguro de si es simple curiosidad o algo más. De cualquier modo, no puedo detenerme.
Subió una foto.
La abro.
El agua se va por el lugar equivocado y empiezo a toser.
—¿Estás bien, cariño? —pregunta Isabella.
—Sí. Estoy bien —respondo—. Continúa.
Dejo el celular boca abajo sobre mi pierna.
Mi corazón late demasiado rápido.
Lo levanto otra vez.
Ethan.
Nada ha cambiado.
La misma mirada. La misma media sonrisa.
Excepto el fondo.
No puede ser.
Reconozco la sala.
Vuelvo a mirar.
No hay duda.
Volvió.
Mi cuerpo se tensa.
La idea de cruzármelo en cualquier lugar de la ciudad me golpea fuerte.
Intento calmarme, pero es imposible. Mi tranquilidad huyó en el momento en que reconocí el lugar de la foto.
—¿Lucas?
Alzo la vista.
Isabella me observa.
Sigo su mirada y veo mis dedos blancos aferrando la mesa. No me había dado cuenta.
La suelto. Mis dedos están adoloridos.
—Trabajo —digo, justificando mi actuar—. Haré una llamada.
Ella asiente y salgo al balcón.
Marco a Theo.
Necesito saber más.
Aunque no quiera.
—¿Cómo estás? —pregunta después de saludar.
—Bien. Reuniéndome con la planificadora de bodas.
—¿No fue el compromiso apenas hace unos días?
—Organizar una boda grande toma tiempo.
—Por eso no me casaré.
—No tienes con quién— me burlo.
—Exacto.
Él suena demasiado feliz por eso.
Hago una pausa y luego voy a lo que me interesa. A la razón por la que llamé.
—¿Ha pasado algo interesante últimamente?— pregunto.
Silencio.
—¿No?
Frunzo el ceño.
¿En serio?
—Nada —dice más firmemente.
Aprieto las llaves del auto en mi cartera.
—¿Seguro?— insisto.
—Totalmente.
Él cambia entonces el tema.
No escucho demasiado.
Cortamos.
Me apoyo en la pared y cierro los ojos, frustrado.
La casa de mis padres queda cerca de la suya.
Podría pasar.
Recuerdos aparecen sin permiso.
Habitaciones. Juegos. Conversaciones. Años vividos juntos.
Son demasiado claros.
—¿Por qué te fuiste? —murmuro.
No hay respuesta.
Nunca la hubo. Eso probablemente sea lo que más me duele.
Suspiro, cansado de no saber. Cansado de inventar razones. Cansado de culparme por algo que no sé si hice.
Suficiente.
Me enderezo, recompongo mi expresión y regreso con Isabella.
Decidido a averiguar por qué volvió.
Y qué significa eso ahora.