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Reminiscencias

Reminiscencias

Status: Terminada
Genre:Vientre de alquiler / Embarazada fugitiva / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Contratadas / Completas
Popularitas:466k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Eliza Márquez

Los Sauces, un pequeño pueblo mendocino entre viñedos y montañas, se convierte en el refugio inesperado de cinco mujeres que, tras cargar con sus propios dolores, buscan renacer.

Isabella, abogada argentina, huye de un matrimonio marcado por los celos, y decide empezar de nuevo lejos de la sombra de su exesposo. Lidia, italiana de 45 años, pasó media vida atrapada en una relación clandestina y tras la muerte de su amante encuentra en Argentina la oportunidad de liberarse de la soledad. Madyson, inglesa de 27, cansada de vivir bajo el control de un marido arrogante y traidor, se atreve a cruzar el océano en busca de dignidad y libertad. Victoria, nacida en Los Sauces, enfrenta la rutina de un matrimonio apagado y se debate entre permanecer o arriesgarse a lo desconocido. Y Emma, con apenas 19 años y embarazada, escapa de Roma para salvar al hijo que juró entregar.


Unidas por sus heridas, descubrirán que la amistad y el amor pueden ser la llave hacia un nuevo comienzo.

NovelToon tiene autorización de Eliza Márquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La decisión de Javier

Era el día en que Madison asistía a su curso de español. La clase terminó y ella abandonó el lugar en compañía de Emma. Javier Vásquez la esperaba afuera y la vio salir. Estaba mirándola mientras bajaba de la camioneta cuando la mujer que estaba a su lado llamó su atención. "¡Imposible!", murmuró. Pero parecía la mujer que Mark estaba buscando. Era una mujer con un enorme vientre. Ambas subieron al auto de Madison y ella condujo por el rumbo que había tomado. Solo podía dirigirse a un lugar. "¡A mi casa no!, por favor", exclamó él. Después de seguirla, la vio cruzar el portón del frente del Remanso, su propiedad. Maldijo una y otra vez, paró la camioneta y entró caminando a la propiedad. Se escabulló como un delincuente en su propia casa. Trotó esos metros flanqueados por esos arbustos hasta llegar a la propiedad. Vio el auto de su hermana y otro más. Caminó hacia la casa de Lidia. Madison y la mujer ya habían ingresado a la casa. Pudo ver hacia la sala, agazapado en la oscuridad. Ellas conversaban y se reían sentadas en la sala mientras tomaban algo de vino y comían pizza. Prendió la cámara del teléfono y trató de tomarle fotografías a la mujer embarazada. Luego, con mucho cuidado de no ser visto, salió de la propiedad y condujo de regreso al pueblo, deteniéndose en un bar. No estaba cien por ciento seguro de que fuera ella. Sabía que si se lo comentaba a Mark, él vendría de inmediato. Estaba en todo su derecho, pero lo cierto es que si él decía algo, su hermana y Madison se enfurecerían con él. ¿Qué debía hacer?, se preguntó. Si fuera su hijo, le gustaría saber dónde está. Mark era su socio, su amigo. Había firmado un acuerdo de buena fe con esa mujer y ella se había burlado de él. Era todo demasiado complicado. Primero que todo, debería asegurarse de que era ella. Luego decidiría qué hacer.

Isabella salió de la casa de Lidia detrás de Victoria y de Madison. Victoria tomó el primer desvío, que era el camino que la llevaba a su casa.

Madison dobló en el siguiente camino para tomar la ruta de regreso a la ciudad.

Mientras conducía Isabella, seguía admirando el paisaje cuando perdió el control del auto. Detuvo el auto y se bajó al ver que la rueda estaba desinflada. ¿Cómo había pasado eso?. No podía cambiarla por la de repuesto porque no sabía cómo hacerlo. Tomó su teléfono y se dio cuenta de que estaba agotada la batería.

Isabella maldijo y miró a su alrededor. Estaba en un camino rural rodeada de campo y oscuridad. Tenía dos opciones: quedarse allí, lo cual era bastante aterrador, o comenzar a caminar en dirección a su casa o la de su hermano. La distancia era la misma, pero también era aterrador. Intentó no pensar en las historias que su hermano solía contarle cuando eran pequeños sobre huesos resplandecientes bajo la luz de la luna. ¿Y si había algún animal salvaje? se preguntó. "Ya, Isabella, deja de pensar tonterías", se dijo en voz alta. Tomó las llaves de su auto, lo cerró con llave y comenzó a caminar por el oscuro camino que la llevaba a su casa. Tenía frío y estaba agotada después de caminar un buen rato. Intentaba prender su teléfono cuando escuchó un coche a lo lejos y sintió una punzada de alivio. Pero cuando la luz distante se convirtió en un foco, el alivio se transformó en aprensión. Aspiró con fuerza el aire. En la vida real no era frecuente encontrarse con un homicida, y ella no pensaba entrar en el coche de ningún desconocido. Solo quería preguntar si podían llamar a un taller o a alguien para que fueran a recogerla a ella y a su coche. Sí, aquella era la opción más sensata. El coche aminoró la marcha y Isabella siguió caminando en la oscuridad tratando de aparentar seguridad.

¿Está loca?", le dijo. No fue el comentario, sino la voz conocida lo que la llevó a girar la cabeza hacia el conductor del coche. El estómago le dio un vuelco. El motor seguía en marcha cuando Isabella aspiró con fuerza el aire y se llevó una mano a la cara para protegerse del resplandor de los focos. La puerta del conductor se abrió y Eduardo Santos salió del coche. No podía verle la cara, pero su lenguaje corporal hablaba por sí solo. Tenía una expresión rígida y furiosa.

— ¿Qué estás haciendo aquí? –le preguntó con petulancia ella. ¿Me estás siguiendo?.

— Si ese fuera el caso, me lo estarías poniendo muy fácil. ¿Qué fue lo que pasó con su auto?, preguntó él.

— Se desinfló y no sé cambiarla por el auxilio. ¿Tendrá un teléfono para pedir que venga por mí?, preguntó ella.

— Menuda intendente, no sabe cambiar una rueda y no tiene un teléfono —dijo él con sarcasmo—. Igual no se preocupe, aquí no le serviría, no hay señal —dijo mostrándole su teléfono—. ¡Suba a la camioneta!, le ayudaré a cambiarla.

— ¿Hasta dónde va? —preguntó ella.

Eduardo le indicó a dónde iba. Le sorprendió saber que vivía a un kilómetro de su casa.

— Preferiría que me dejara en mi casa —dijo ella—. Llamaré a una grúa que se ocupe del auto.

— Está bien, suba. A menos que prefiera ir andando. O quedarte sentada esperando a un asesino o violador—dijo con desprecio. La mirada de Isabella hacia él reflejaba su odio.

No recordaba haberse sentido tan fuera de control desde… desde nunca. No le gustaba, y tampoco le gustaba él. O mejor dicho, lo odiaba.

— Es muy amable por tu parte —sus ojos conectaron y ella guardó silencio. El corazón empezó a latirle con fuerza. En la mirada de Eduardo no había nada que pudiera considerarse amable.

— No soy amable —dijo él. Ella sacudió ligeramente la cabeza y volvió a apartarse los mechones de la cara con impaciencia.

Cuando Eduardo arrancó el motor se escuchó una balada de rock argentino. Ella suspiró y se cubrió la boca con la mano para disimular un suspiro de alivio. No tendría que mantener ninguna conversación. Entonces él apagó el reproductor de música y rompió el silencio.

— ¿Qué hacía por acá a esta hora? —preguntó él.

— Venía de la casa de una amiga, ¿usted qué hacía por acá? —preguntó ella.

— Vengo de la casa de Benjamín Guzmán, se cayó del caballo no fue grave, pero fui a llevarle leña.

— No sabía que había tenido un accidente —dijo ella.

— No tiene por qué saberlo, aunque sea un pueblo chico no tiene por qué saber todo lo que pasa —respondió él.

Ella lo miró, era la primera vez que era indulgente con ella. Luego vio el camino y vio cruzar delante de la camioneta lo que parecía un puma.

- ¿Eso era? - preguntó ella mirando el campo.

- Pobrecito, parece que lo dejé sin cena - dijo Eduardo bromeando. Ella lo miró muy seria. ¿Asustada? - preguntó él.

- Debo reconocer que me preocupaba andar por este camino sola.

- Eso no está mal, todos en algún punto nos sentimos desprotegidos y vulnerables - dijo Eduardo.

- ¿Usted se siente desprotegido? - preguntó ella.

- Para nada - dijo Eduardo.

La camioneta se detuvo frente a la casa de ella.

- Gracias por traerme - dijo ella.

- Buenas noches, que descanse, Isabella - dijo él.

Ella lo miró, era la primera vez que la llamaba por su nombre y era amable con ella.

- Buenas noches, Eduardo, descanse - le dijo ella bajando de la camioneta.

Se sorprendió al ver que él aún estaba ahí parado, solo se dio cuenta cuando ella cerro la puerta. En ese momento el puso en marcha la camioneta.

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Betty Bazán
excelente!!!!@
Ros Gal
excelente historia. felicidades a la autora
Ros Gal
Increíble historia, llena de superación personal, fuerza para dalia adelante de todos sus problemas, una gran relación de una amistad inquebrantable y mucho amor en el camino de superar sus conflictos. Muchas felicidades querida escritora, una historia igual de fascinante que las otras
Ros Gal
Creo que el esposo de Victoria es el que se mensajea con ella y han entablado una bonita relación.
Ros Gal
Mark dijo todo por lo que había pasado el bebé y amenazarla de ir a juicio y que pensara que podía perder al bebe, para que Emma no rechazara la propuesta de matrimonio. Bien pensado Mark
Hilda Emens
Elsa como siempre hermosa novela muy interesante apasionante y realista 👏👏👏👏👏👏😘❤️💐
yannelis hernández
fascinada... 😍
Yasmin Machado
✨❤️✨
Yasmin Machado
🥰
Yasmin Machado
Bien dicho Eduardo
Vilma Ruiz Horna
Excelente
Amanda Ruiz
y Javier por Madison que todo les salga bien 🥰🥰🥰
Amanda Ruiz
ella también tiene la responsabilidad por qué dejo que le hicieran eso
🩶🐥Lis🤍🐥
por fin 🥰
🩶🐥Lis🤍🐥
gracias a Dios llego tu salvación Javier
🩶🐥Lis🤍🐥
abusaba de ella 🤦😭😭😭😭😭
🩶🐥Lis🤍🐥
espuma enfermo mental ese Derek
🩶🐥Lis🤍🐥
Isabela es el ancla a tierra de Javier, debes pensar mejor las cosas para que la rescates
🩶🐥Lis🤍🐥
pobre Madi que caro pago el haber cometido el error de casarse contigo
🩶🐥Lis🤍🐥
que despreciable eres pitó.corto
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