Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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18.
La fiesta había comenzado hace casi media hora.
Habían llegado los invitados, se había organizado una apertura con un maestro de ceremonias mientras las familias tenían un momento de interacción social entre ellos y los invitados.
Había más fotógrafos en el lugar, sacando fotos y filmando videos de todos en la sala. Julia estaba sentada en una pequeña habitación justo al lado de las puertas laterales. Sabía que había otra habitación igual del otro lado, donde seguramente también Andrew estaba esperando.
Pronto ambos fueron anunciados y su padre llegó a escoltarla. La cantidad de flashes que la seguían era infernal, al punto que casi no podía ver su camino. Sin embargo, mantenía una sonrisa en el rostro, confiando en que el brazo al que estaba sujeta la iba a llevar adónde debería con seguridad.
Esta confianza no se había ganado hoy. Fue una gran cantidad de pequeños momentos donde el hombre a su lado había demostrado ser merecedor de su respeto y siempre había mantenido su palabra.
Saber que su padre estaba dispuesto a cancelar un compromiso tan público, superó muchas de sus expectativas.
Julia sabía que tenía que casarse, había leído la novela al principio, sabía quién era ella, qué se esperaba de su personaje. Lo había dado por sentado, como si nunca se hubiera planteado no hacerlo. Pero en el momento más decisivo, le hicieron darse cuenta de que podía elegir.
Siempre había sido muy inteligente. La adaptación rápida a este nuevo escenario había dejado en claro su forma de pensar. Julia tenía más de treinta años, una adulta hecha y derecha, cuando viajó a la novela que leyó. A esa edad, el mundo te enseña que ninguna nueva situación te va a preguntar si estás listo para afrontarlo.
Había aprendido que sus decisiones tenían consecuencias. No puedes escapar de una situación solo porque dijeras que no querías atravesarla.
Y era justo lo que había hecho Julia desde que llegó. Incluso con las recompensas o tareas del sistema, algo que usaba generalmente para matar el tiempo, era cierto que se estaba haciendo cargo de un problema que no pidió.
Había considerado a todos como personajes de papel, mientras ella jugaba también a ser un personaje de una historia.
En su inercia, se había perdido la opción de elegir, de arrepentirse. Y eso fue lo peor. Porque cuando se la dieron, no supo qué hacer con ella.
Cuando el brazo sólido se soltó de su agarre y llegó al escenario principal, salió de sus pensamientos. Se sintió ligeramente desconcertada por haber perdido su mayor apoyo físico y emocional.
Miró a su padre, con él sosteniendo sus manos con una sonrisa pequeña. El hombre le dio un beso en la sien, susurrándole que sin importar la decisión que tomara, él estaría ahí para apoyarla.
Ella subió el escalón a la vista de todos, y se encontró con Andrew en la cima, vestido con un traje que reflejaba el atuendo de Julia.
La respuesta que le dio al final a su padre fue que la fiesta simplemente debería continuar. Usó la excusa de que todo era nuevo y que sentía que mucha gente hablaría de ella, por lo que había intentado controlar sus expresiones; estaba practicando su mirada de muerte frente al espejo y que no había que preocuparse por nada.
Había decidido elegir esto. Un poco más involucrada, un poco más consciente. Todavía había mucho tiempo hasta la boda, podía esperar para ver si al final no quería nada con Andrew.
El anfitrión del evento los llamó a todos a ver el intercambio de anillos. No había verdaderos votos, ya que no era una boda, pero todavía había un par de promesas como "te cuidaré" o "te haré feliz" al momento del show. También buenos deseos por una felicidad duradera de parte de los invitados; seguido de un beso en la sien de Julia por encima de su cabello de parte de Andrew justo en el mismo lugar que su padre había besado con ternura. Esto dejó a la mayoría de los presentes bastante curiosos, por la novedad del comportamiento del mayor.
El peso del anillo era bastante contundente cuando lo sintió en su mano. Una incomodidad por la falta de costumbre la hacía hiperconsciente de su existencia.
Sin embargo, no podía quedarse como tonta en el medio del salón mirándolo.
Habían empezado las rondas para saludar a los invitados, con su padre y su madre actuando como intermediarios y presentando a Julia a muchos que no la conocían. La verdad es que era bastante entretenido como su madre había dejado su disgusto fuera de su cara, y hablaba suavemente de Julia, aceptando los halagos y también soportando el contacto físico con ella.
Sus padres actuaban como una pareja que se llevaba muy bien, mucha gente sabía que tenían buena relación entre ellos, incluso cuando en casa parecía que se trataban como dos desconocidos. Se preguntó si eso era lo que se esperaba de ella si se casaba.
Miró al otro lado de la habitación, y encontró con facilidad a su prometido, mirándola casi directamente, desde un círculo de personas que hablaban animadamente con él.
Julia no se encogió, simplemente le sostuvo la mirada. Esto se ganó unas bromas superficiales con los invitados que habían empezado a presentar regalos, con buenos deseos extras.
Algunas personas brindaron con ella, lo que la llevó a ese estado difuso donde todo se veía más lento. Su cara se había puesto seria y casi no levantaba la cabeza. Cuando la gente empezó a preguntar, fue Andrew quien la rescató de la escena, sintiendo a Julia aferrarse a la punta de su ropa.
Al notar que solo estaba ligeramente afectada, la llevó con él a un recorrido a la mesa de postres para asegurarse que no siguiera bebiendo sin haberla visto comer algo, y luego la condujo de vuelta con su familia, pareciendo que traía detrás a una pequeña cola que se movía a la par.
Fue recibida por su padre, quien la guió a sentarse en una silla y le hizo beber agua para despejarse. Al verla en buenas manos, Andrew se sintió más tranquilo, listo para seguir expandiendo sus contactos con esta oportunidad que le dieron sus mayores.