Según el diccionario, "clandestino" era sinónimo de secreto. Algo que se hacía en las sombras con la finalidad de no ser descubierto, ¿pero qué más englobaba a aquella palabra?
Si se enlazaba con otra, su significado podría dejar de ser tan terrible. Pues a veces en la vida, no todas las situaciones eran bien vistas. En el caso del amor, la clandestinidad no era sinónimo de falsedad.
Un amor clandestino no solamente podría llegar a ser muy real, sino que en la mayoría de los casos, era algo que incluso no se podía evitar...
NovelToon tiene autorización de Dalii para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 23
—Ya te dije que no puedes ir —se negó por tercera vez un joven albino.
—¿Pero por qué no? —preguntó la jovencita, cruzándose de brazos.
—Porque eres una niña, Ailén —y aquella simple respuesta, hizo a la menor enfurecer de manera desmedida.
—¡Ya no soy una niña! —se quejó —. Pronto seré mayor de edad, que no se te olvide.
—¿De qué hablas, enana? —Martín la apartó de forma brusca —. Apenas acabas de cumplir los diecisiete.
Ailén rodó los ojos, indignada —¿Y eso qué? Tengo permiso para ir —insistió.
Ella ya estaba lista.
Había pasado toda la tarde escogiendo lo que se pondría, hasta que finalmente se decidió por un pantalón ajustado y un suéter de malla color negro. Su sujetador era del mismo tono y quedaba a la vista, pero se veía linda, según lo dicho por su madre.
La razón por la que su hermano se negaba a llevarla, era simple: no podría estar al pendiente de ella.
Martín tenía una misión importante esa noche y esa era llevarse a la cama a una de sus más difíciles conquistas. Si su hermanita lo acompañaba, entonces su oportunidad estaría arruinada.
—No insistas —la aparto el muchacho avanzando de forma definitiva.
Ailén lo siguió de cerca sin poder creerse su actitud.
¿De verdad no iba a llevarla?
Con lo difícil que le había resultado convencer a sus padres y ahora él de plano se rehusaba.
Sin embargo, antes de que Martín lograra irse, su madre lo detuvo en la entrada de la casa.
—¿Martín acaso no piensas llevar a Ailén? —pregunto.
El muchacho se giró a verla, desubicado.
¿Era real lo del permiso?
—¿Entonces tú estás de acuerdo con esta locura?
—Claro —dijo la mujer con simpleza —. Si está contigo, sé que vas a cuidarla.
Ailén sonrió ampliamente al notar que su hermano se había quedado sin motivos para negarse —Nos vemos, mamá. Prometo no llegar muy tarde —la jovencita abrazo a su madre a modo de despedida y jalo del brazo a un indignado Martín, quien no podía creer en qué lío se había metido.
Su hermano refunfuño en todo el camino.
—Habrá alcohol, personas ebrias y posiblemente algunos drogados —enumero —. Deberías reconsiderarlo. No es un ambiente para ti —dijo viéndola de soslayo, sin apartar su atención de la carretera.
—No hay problema —le restó importancia la muchacha —. Mamá ya me había hablado de lo que podría encontrarme en una fiesta de chicos grandes —se rió de forma despreocupada.
Desde su cumpleaños, Ailén se había propuesto experimentar cosas nuevas. Quería ir a fiestas, conocer nuevas personas y salir un poco del cascarón. Era una jovencita de su casa, pero también tenía derecho a conocer el mundo tal cual era...
Ella lo platicó con su madre, y ésta de forma comprensiva la entendió.
Susej le relató parte de sus experiencias en su adolescencia y juventud..., Los muchachos que había conocido en aquella época y la lista de todos sus amores fallidos.
—La vida está llena de aciertos y desaciertos. Pero esto no es malo, Ailén —le dijo acariciando su mejilla —. Solo son lecciones y hay que aprender de ellas —sonrió.
Al llegar a su destino, Martín bajó del vehículo y suspiro resignado —Presta atención, Ailén —le dijo cuando ambos caminaban hacia la entrada del club —. Habrá muchas personas allá dentro. Así que no puedes separarte de mí ni por un segundo, ni se te ocurra beber algo que te ofrezcan y si quieres ir al baño deberás avisar primero, ¿entendido?
La jovencita se mostró sería por primera vez en toda la noche y asintió con convicción —Entendido, capitán —imito un saludo militar que había visto en televisión.
Pero Martín tenía la impresión de que no había entendido un carajo y que iba a meterse en muchos problemas. Él esperaba en el fondo de su corazón que no fuese así, porque de lo contrario, su familia entera lo matarían.
El joven albino sacó una invitación de dentro de su chaqueta y se la entregó al portero del lugar, quien veía de forma curiosa a su hermanita. Él sabía lo que se preguntaba ese sujeto:
¿Es esta niña mayor de edad? Sin embargo, eso en ese momento no importaba.
Él era cliente recurrente y ese sitio estaba reservado en esta ocasión. Era el cumpleaños de uno de sus amigos...
El albino se lamentó nuevamente, por ser tan bocón. Tal vez si no hubiese hablado de la fiesta del año durante la cena, a su hermanita no se le habría ocurrido la brillante idea de acompañarlo.
Pero si tan solo Ailén supiera que la emoción no la causaba precisamente la fiesta, sino la oportunidad que él creía tener en esa noche. Oportunidad que se vio arruinada por su sola presencia... Aunque, tal vez no.
Al entrar Ailén miró a todos lados, fascinada. Había muchas personas, tal cual le había dicho su hermano. La música era ensordecedora y las luces daban la impresión de que todo temblaba.
Por un breve instante se sintió mareada entre la multitud. Percibía muchos olores mezclados: alcohol, cigarrillos, sudor, y... ¿qué era eso? Se preguntó al ver un hombre soltar una bocanada de humo, mientras la miraba con atención.
Martín la tomó de la mano y la guío hacia la primera planta. Allí todo era diferente, mucho más tranquilo.
El muchacho la presentó con sus amigos y rápidamente se dirigió a la barra, pidiendo que le sirvieran algo suave:
—Un daiquiri de fresa, con poco ron —puntualizó.
La verdad era que él no sabía si esa era una buena elección para su hermanita, pero era el cóctel favorito de Naomi. Por cierto, ¿dónde estaba la pelinegra que lo volvía loco? Martín miró en todas direcciones, hasta que finalmente la diviso.
Naomi lo vió entrar en compañía de aquella chica y se sintió un poco celosa. Y cuando el muchacho hizo el ademán para saludarla, ella únicamente lo ignoró.
—Idiota —mascullo por lo bajo.
Ella también conservaba la esperanza de que algo más ocurriera en esa noche. Martín le había parecido un chico mujeriego en un principio, por lo cual, se hizo la difícil. Pero ese día, luego de un mes de escabullirse a sus intenciones, ella estaba dispuesta a ceder. Y ahora...
Martín entregó la bebida a su hermanita y le advirtió que no se moviera de dónde estaba. El muchacho se encaminó hacia donde estaba su pelinegra y trató de saludarla. Sin embargo, ella se mostró arisca...
__________________________________