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Oscuro Placer.

Oscuro Placer.

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:8.7k
Nilai: 5
nombre de autor: maucris

Laura entró en Valdez Enterprises buscando una carrera, pero encontró una perdición.

​Bastó una mirada de Adrián Valdez, su jefe, para que la ingenua joven viera desmoronarse su mundo. Lo que comenzó como una admiración profesional se transformó rápidamente en una obsesión voraz: Laura ya no trabajaba para él, vivía para él. Cada gesto, cada orden fría y cada segundo en su presencia se convirtieron en el combustible de un deseo insaciable.

​Pero tras la fachada de poder de Adrián se esconden sombras que ella no está preparada para enfrentar. En esta oficina, el deseo no es un juego, es una trampa. Y Laura, cegada por su propia fijación, está a punto de descubrir que entregarse a su jefe es un placer tan intenso como peligroso.

​¿Estás listo para cruzar la línea donde la obsesión se vuelve irreversible?

NovelToon tiene autorización de maucris para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Umbral del Abismo.

...Bienvenidas a esta nueva historia....

...Espero de corazón que la disfruten tanto como mis novelas anteriores. Quiero contarles que esta vez me adentro en una trama más atrevida y provocadora, pero que también encierra una enseñanza importante....

...****************...

​La alarma de mi despertador sonó a las 6:00 a.m. El pitido incesante perforó el silencio denso del pequeño apartamento, ese refugio de paredes desconchadas y techos bajos que compartía con mi tía Elena y mi prima, Mariana.

Me quedé inmóvil unos segundos sin querer levantarme, mirando las grietas del techo, consciente de que ese era el último amanecer de mi vida anterior.

Hasta ayer, yo era solo Laura, la huérfana que Elena había acogido tras la tragedia que borró a mis padres del mapa; la chica que vivía entre libros de texto subrayados hasta el cansancio, cafés recalentados y el eco constante de los ensayos de baile de Mariana en la sala.

Mi existencia estaba cimentada en la gratitud, una deuda invisible pero asfixiante que me obligaba a ser el pilar, la que nunca se quiebra, la que debía conseguir un título para rescatarlas a todas de la mediocridad.

​Ayer sostuve el diploma entre mis manos y sentí el peso de mil expectativas. Hoy, sin tregua para el orgullo, me encontraba frente al espejo del baño, librando una batalla perdida contra mi propio reflejo.

Nunca entendí el lenguaje de los cosméticos ni la arquitectura del peinado perfecto. Mis anteojos de marco grueso, que siempre parecían resbalar por el puente de mi nariz, eran mi escudo contra un mundo que me exigía una belleza que no sabía cómo fabricar.

Mi cabello, una masa rebelde propensa al frizz, apenas cedió ante una coleta baja y mal hecha que gritaba inexperiencia. Me enfundé en un traje sastre gris, un poco grande en los hombros, que me hacía parecer una niña disfrazada de adulta. Sin una gota de maquillaje, con la piel pálida y los labios secos, me veía exactamente como me sentía: desalineada, fuera de lugar y profundamente aterrada.

​—Te ves profesional, Lau. Ese puesto en las empresas Valdez, es el milagro que necesitábamos —dijo mi tía Elena mientras me ajustaba el cuello de la blusa.

Su mirada estaba cargada de una esperanza que me pesaba más que el propio traje. Mariana me deseó suerte entre bostezos y sus libros que llevaba en sus manos, antes de salir hacia sus clases. Ellas veían una oportunidad; yo veía una sentencia.

​El trayecto en metro fue un descenso a mis propios nervios. Cada estación me acercaba más a la torre de cristal y acero que dominaba el horizonte de la ciudad como un tótem de poder absoluto.

Al llegar, el lujo de la recepción me golpeó con la fuerza de un bofetón.

El mármol era tan brillante que temí mancharlo con mis zapatos planos y el ascenso al piso 54 fue un viaje al vacío. Y cuando las puertas se abrieron, el aire cambió, no se respiraba, se consumía. Era una atmósfera gélida, saturada de un aroma a sándalo, papel nuevo y una ambición tan tangible que se podía sentir en la piel.

​Mis dedos se enterraron en el cuero desgastado de mi carpeta, buscando un anclaje.

"Es solo un trabajo, Laura. Es solo un hombre" me repetí como un mantra, una mentira piadosa diseñada para evitar que mis piernas cedieran. Pero en cuanto crucé el umbral de su despacho, la mentira se desintegró, dejando mi garganta seca y mi corazón expuesto.

​Adrián Valdez estaba allí.

No me miró.

Estaba de pie frente al inmenso ventanal de su oficina, dándome la espalda, con las manos hundidas en los bolsillos de un pantalón de sastre que revelaba una estructura física imponente.

Su silueta, recortada contra el cielo grisáceo de la mañana, no era la de un ejecutivo; era la de un Dios antiguo vigilando un imperio que no admitía debilidades y la luz del sol se filtraba por el cristal, bordeando su figura con una especie de aura oscura.

​—Llegas tarde... Tres minutos exactos.

​Su voz no fue un saludo. Fue una vibración baja, un barítono profundo que viajó por el aire hasta instalarse directamente en el hueco de mi estómago.

Me quedé paralizada, sintiendo cómo el calor subía por mi cuello.

​—Lo siento, señor Valdez. El ascensor estaba...

​—No me interesan las excusas. Las explicaciones son el consuelo de los mediocres.

​Se giró con una lentitud predadora, un movimiento coreografiado para maximizar la intimidación. Fue en ese instante cuando mi mundo, tal como lo conocía, dejó de existir.

Sus ojos eran dos pozos de tormenta, una mezcla de grafito y sombras penetrantes que parecían capaces de desmantelar mis pensamientos más privados en un latido.

​El silencio se estiró, volviéndose una masa física que me asfixiaba y mi respiración se volvió errática, superficial.

Estaba a escasos metros del hombre que protagonizaba las pesadillas de sus competidores y las fantasías de la prensa, pero ninguna fotografía por nítida que fuera, lograba capturar la electricidad salvaje y magnética que desprendía.

Era una atracción prohibida, algo que mi instinto me advertía que era letal, pero que mi mente, en su inexperiencia, empezaba a registrar como una adicción instantánea.

​—Acércate —ordenó.

​Mis piernas se movieron sin permiso de mi cerebro, obedeciendo a una jerarquía que se había establecido en el momento en que nuestras miradas se cruzaron.

A medida que acortaba la distancia, el calor que emanaba de su cuerpo empezó a chocar contra mi piel, helada por el pánico. Adrián se inclinó hacia mí, invadiendo mi espacio personal con una arrogancia que me obligó a echar la cabeza hacia atrás.

​—Aquí no buscamos talento, Laura. El talento es barato, se compra en cualquier esquina —susurró, y sentí su aliento rozar mi mejilla.

Rozó con la yema de sus dedos el borde de la carpeta que yo apretaba contra mi pecho, un contacto mínimo que disparó una descarga eléctrica por toda mi columna.

​—Buscamos devoción absoluta, buscamos a alguien que entienda que su vida le pertenece a esta empresa... y a mí.

​Se produjo una pausa donde el tiempo colapsó. Me di cuenta de que no estaba en una entrevista de trabajo, sino en una ceremonia de iniciación.

​—¿Estás dispuesta a entregarme cada hora de tu día? ¿A que cada pensamiento de tu mente, desde que despiertas hasta que cierras los ojos, gire en torno a mis necesidades?

Su voz bajó de tono, volviéndose una caricia peligrosa.

—¿Estás dispuesta a desaparecer en este despacho?

​No pude articular una respuesta coherente. El nudo en mi pecho era una amalgama de terror puro y una fascinación tóxica que nunca antes había experimentado.

Mi mente gritaba que huyera, que regresara al pequeño apartamento con Elena y Mariana, y a la seguridad de mi invisibilidad. Pero mi cuerpo, traidor y despierto por primera vez, se anclaba al suelo. En la penumbra de esa oficina, rodeada de lujo y sombras, supe que mi vida anterior había sido borrada... Ya que no quería ser libre; quería ser suya.

​—Sí —logré articular. Fue un susurro quebrado, casi un ruego de alguien que acepta su propia condena.

​Una sonrisa lenta, sutil y cargada de una crueldad exquisita curvó sus labios, Adrián Valdez no necesitaba más. Sabía que acababa de cazar a su presa más inexperta y, por lo tanto, la más peligrosa para sí misma.

Y yo, por primera vez, no sentía el deseo de escapar de la trampa. Quería que los muros de ese imperio se cerraran sobre mí, que su sombra me cubriera hasta hacerme desaparecer.

​—Bienvenida al infierno, Laura —dijo, dándome la espalda de nuevo para volver al ventanal.

Siguió hablando...

— Procura que te guste el fuego, porque a partir de hoy, no conocerás otra cosa.

​Salí del despacho sintiendo que el suelo no era firme. Mi obsesión no había nacido de la amabilidad, sino de la dominación absoluta y mientras esperaba el ascensor, con mis anteojos empañados y el corazón desbocado, solo podía pensar en una cosa: cuánto tiempo pasaría antes de que él volviera a pedirme que me acercara.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕

1
Milcaris
Ir hasta allá no va a impedir que Adrian siga jugando con Mariana solo por torturarla
Milcaris
Adrian está haciendo todo para que vuelvas a él si o si.
victor hernandez
Maravillosa me tiene ignotizada
victor hernandez
Maravillosa me tiene ignotizada
victor hernandez
Esta arrecha la trama no contaba con esa jugada de Adrián pero Laura desafíalo hasle saber con su mismo juego de seducción qué no te domina hazlo desearte que haga tu voluntad
victor hernandez
Cual es la razón real que el quiera a laura bajo su dominio autora lo que el no contaba era que ella lo iba a desestabilizar
Nancy RoMo
de verdad es imposible no odiar a adrian 😮‍💨
Kim Nava
que hombre tan miserable
solo la quiere de espectadora y a ser la sufrir más
y más loca ella sintiendo celos de su prima 🙄🙄🙄 patética Adrian solo las utiliza como trapos y las desecha y ella cree que con ella cambiará
Milcaris
Cómo elegir a un hombre que juega tan sucio.
Milcaris
👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻 Sigue así los golpes bajos para Adrián. Que sufra, que le duela, que le cueste.
Milcaris
No lo hagas porque Adrián te da un beso y luego te desecha y te dice que sigues siendo igual.
Milcaris
Adrian está como esos que no come ni deja comer.
Milcaris
Pensabas que te iba a decir algo romántico y las mariposas revoloteando más fuerte.
Yura Ran
Maucris y entonces no habrá paz....?
Kim Nava
este Mensaje está loco 🙄
Nancy RoMo
adrian no conoce los limites 😬😬😬
Yura Ran: mente perversas
total 1 replies
victor hernandez
Vaya de verdad que eres regia impenetrable cuando lo propones
victor hernandez
Jajajajaja que te vea Adrián se va a morir ☺️
Kim Nava
jajajaj ya que que adrian le de la revolcada que tanto quiere ella para que se le aplaquen las ganas y vea lo patán que es el adrian 🙄
jajajaj
Nancy RoMo
dude de laura 😬 pense q iba a caer en tentacion 🫣, pero lo supero 😌, el q no creo supere el rechazo es adrian😅
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