Un heredero, una esposa inesperada y un amor prohibido desafían un imperio.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: La primera discusión
Oriana.
Soy el único hijo de Leandro y Zaida O’Neil. Mi familia es propietaria de un importante grupo empresarial y financiero. Mi padre es quien lo dirige actualmente, se suponía que yo me haría cargo cuando culminará mis estudios, debía regresar para ocupar su lugar en la empresa.
Lo escuchaba en silencio, intentando asimilar cada palabra.
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
—Porque tenía miedo.
Solté una pequeña risa sin humor.
—¿Miedo de qué? ¿De que fuera una casa fortunas?
—De que me vieras como todos los demás.
—¿Como todos los demás? —repetí, incrédula—. Jonás, yo pensaba que eras un estudiante como yo, que habías conseguido prestado aquel apartamento.
—Lo sé.
—¡Y me dijiste que el auto era de tu compañero!
—Oriana...
—No, déjame terminar. Me mentiste cada vez que tuve la oportunidad de conocerte un poco más. ¿Cómo esperabas que reaccionara al descubrir que el hombre con quien me casé pertenece a una de las familias más poderosas de este país?
Jonás se pasó una mano por el cabello.
—No quería que nada de eso interfiriera entre nosotros. Cuando te conocí, no buscaba una relación. Mucho menos esperaba enamorarme de ti. Contigo podía ser simplemente Jonás, no el heredero de los O’Neil.
—Pero yo nunca te pedí que dejaras de serlo.
—Lo sé, pelirroja.
—Entonces debiste confiar en mí.
...****************...
Jonás.
Tenía razón y eso era precisamente lo que más me molestaba de aquella conversación. No podía defenderme sin reconocer que había cometido un error.
—Debí decírtelo antes de pedirte matrimonio —admití—. No voy a justificarlo.
—¿Antes de pedirme matrimonio? —Su voz se quebró ligeramente—. ¡Debiste decírmelo antes de que me enamorara de ti! ¡Antes de pedirme que fuera tu novia!
Aquellas palabras me hicieron guardar silencio.
—¿Sabes cómo me sentí cuando llegamos a esa casa y descubrí que tus padres esperaban que te casaras con otra mujer? —continuó—. Todos parecían conocer mi lugar menos yo. Me presentaron como si fuera una intrusa, y tú... tú sabías que aquello podía pasar.
—No sabía que mis padres habían organizado esa recepción con los Walton. Te juro que no lo sabía.
—Pero sí sabías quién eras y quién era tu familia. Sabías que existía una mujer con la que tus padres querían casarte.
—Nunca acepté ese matrimonio.
—¡Pero nunca me lo contaste!
Su frustración era evidente. Quise acercarme, pero ella retrocedió.
Ese pequeño movimiento me dolió más de lo que estaba dispuesto a reconocer.
—La hija de los Walton no significa nada para mí —dije con firmeza—. Nunca la he visto a ninguna mujer como una posible esposa... hasta que te conocí.
—Quizás para ti no signifique nada, pero para tus padres yo soy una vergüenza, que no está a tu altura. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Aprender a comportarme como una dama de sociedad para que ellos me acepten?
—No tienes que cambiar absolutamente nada, te amo tal como eres.
—¡Eso es fácil decirlo cuando tú has nacido en ese mundo!
...****************...
Oriana.
Me llevé una mano al rostro. Sentía que las lágrimas estaban a punto de salir, pero me negaba a llorar delante de él.
—Yo no tengo dinero, Jonás. No tengo una familia poderosa detrás de mí, ni apellidos importantes. Soy una muchacha que trabajaba en una cafetería para poder terminar sus estudios. ¿Entiendes lo diferente que es mi vida de la tuya?
—¿Y crees que eso cambia lo que siento por ti?
—No lo sé. Ya no sé qué pensar.
—¡Pues yo sí! —exclamó, elevando la voz—. Me enamoré de ti cuando no sabías quién era mi familia, cuando no tenías idea de cuánto dinero tenía. Me enamoré de la mujer que discutía con una máquina de café y que llevaba sus dibujos a todas partes. ¡De ti, Oriana!
Lo miré, sorprendida por su reacción.
—No tienes que gritarme.
Jonás cerró los ojos un instante y bajó la voz.
—Tienes razón. Perdóname.
Se acercó, pero esta vez no intentó tocarme.
—No quiero que pienses que me avergüenzo de ti. Si algo me importa de todo esto, eres tú. Por eso me enfrenté a mis padres y por eso nos marchamos de aquella casa.
—No quiero que tengas que elegir entre tu familia y yo.
—No eres tú quien me obliga a elegir. Son ellos quienes no respetan mi decisión.
—Pero son tus padres, Jonás.
—Y tú eres mi esposa y la mujer que amo.
Sus palabras quedaron suspendidas entre nosotros.
...****************...
Jonás.
La miré y comprendí que no bastaba con haberla elegido. También debía darle la seguridad de que no tendría que vivir preguntándose qué otras cosas le ocultaba.
—Escúchame, Oriana. No voy a permitir que nadie te humille. Ni mis padres, ni ninguna otra persona.
—No necesito que pelees todas mis batallas.
—No se trata de eso. Se trata de que mereces respeto.
Ella desvió la mirada.
—Necesito tiempo para asimilar todo esto.
Asentí, aunque escucharla decirlo me resultó difícil.
—Te daré todo el tiempo que necesites.
—Y quiero que, de ahora en adelante, no vuelvas a ocultarme nada. No quiero enterarme de tu vida por boca de otras personas.
—Te lo prometo.
Se produjo un silencio. Quise abrazarla, besarla y decirle que todo estaría bien, pero no estaba seguro de que quisiera recibir mi cariño en ese momento.
—¿Podemos empezar de nuevo? —pregunté finalmente.
Oriana me miró con los ojos todavía húmedos.
—No podemos empezar de nuevo como si nada hubiera pasado, Jonás.
Tragué saliva y asentí.
—Lo sé.
Ella se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia las escaleras.
—Muestrame la habitación, por favor. Necesito estar sola un rato.
La observé alejarse sin detenerla.
Había imaginado muchas cosas para nuestra primera noche en aquella casa. Quería enseñarle cada habitación, preparar una cena con ella y hacerla sentir que aquel lugar también le pertenecía.
Pero no había imaginado que terminaríamos nuestra primera discusión de pareja con ella alejándose de mí.
Y, por primera vez desde que había decidido desafiar a mi familia, comprendí que enfrentar a mis padres sería mucho más sencillo que recuperar la confianza de mi esposa.