⛈️🍒El amor Alfa x Alfa rompe todas las leyes de la naturaleza, nuevamente. 🍼🐺 ¿Se imaginan al imponente Min-hyuk con pancita y a Tae-jun liberando toda su cereza quemada para protegerlo? El cachorro Enigma ha llegado para reclamar su trono. 🍒⛈️
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Extra - MinTae
La noche de Seúl quedó sepultada bajo un silencio espeso y una llovizna pacífica que empañaba los inmensos ventanales de la mansión. El almuerzo había terminado hacía horas, dejando el gran comedor a oscuras. Tras blindar el secreto del linaje y asegurar la bendición de los abuelos, el peso del mundo exterior finalmente desapareció de sus hombros.
El imperio de la sangre estaba consolidado, pero en el piso superior, la batalla de los reyes estaba por comenzar en la penumbra de su habitación.
El pequeño Min-jun dormía plácidamente en su cuna de madera fina, vigilado de cerca por las pantallas digitales. El cachorro estaba a salvo, y por primera vez en dos meses, los amantes se encontraban completamente solos en el centro de su territorio privado.
Cuando la puerta del dormitorio se cerró, el aire de la habitación cambió en un parpadeo. No fue una fluctuación de angustia; fue una ráfaga masiva, concentrada y violenta de deseo acumulado que les secó la boca al instante.
Tae-jun caminó despacio por el suelo, con la gracia perezosa y erótica de una pantera que va a reclamar a su presa. Se despojó de su saco azul medianoche con movimientos elegantes, arrojándolo al suelo sin importarle el valor de la tela fina, quedando únicamente con sus pantalones ajustados y una camisa del mismo color, completamente desabrochada en el pecho. Su piel pálida brillaba bajo el resplandor de las luces exteriores, y su cabello largo y negro caía suelto, balanceándose sobre sus hombros.
Min-hyuk permanecía de pie junto al borde del colchón, observándolo con sus ojos oscuros fijos, profundos y hambrientos. El Alfa robusto ya se había deshecho de su traje gris, vistiendo solo unos pantalones deportivos oscuros que remarcaban su imponente masa muscular, sus hombros anchos y su pecho amplio velludo. De su piel comenzó a brotar un aroma denso a tormenta eléctrica y cedro amargo, un perfume que había estado apagado por los parches, pero que ahora estallaba con una virilidad territorial destructiva que saturó los filtros de aire en un segundo.
Tae-jun se detuvo a un milímetro de distancia, redoblando la apuesta de voluntades. Deslizó sus dedos largos y pálidos por la mandíbula de Min-hyuk, acariciando la pequeña cicatriz sutil de su ceja derecha con la punta de sus uñas finas, humedeciendo sus labios carnosos con la punta de la lengua en un gesto de seducción pura que desarmó la postura del lobo.
—Te extrañé, mi animal —susurró Tae-jun con su voz suave que pareció encender el cuarto—. Meses cuidando tus caderas y mirando esa pancita hermosa sin poder morderte la piel me han tenido al borde de la locura. Pero la tregua se terminó esta noche. Quiero ver si tu fuerza de lobo sigue intacta o si el cachorro te ablandó los músculos por completo.
Min-hyuk soltó un gruñido gutural profundo, un sonido puramente animal de posesión salvaje. Las palabras de su pantera fueron el detonante que le quemó las venas. Olvidó el cansancio de la Mutación y el reposo del pasado; su Alfa dominante reaccionó ante el desafío del rey intocable, tomándolo de la cintura con sus manos grandes de venas marcadas y jalándolo de golpe contra su pecho con una firmeza incuestionable.
—Cállate la boca, pantera —gruñó Min-hyuk con su barítono ronco, raspado por la urgencia animal—. Mi cuerpo sigue siendo el del Alfa que te puso de rodillas antes, y esta noche te voy a quitar esa arrogancia de rey a mordiscos. Vas a rogar que me detenga antes del amanecer.
Sus bocas se encontraron en un choque brutal y desesperado que les quitó el aire en un segundo. No hubo espacio para la cortesía ni para los mimos; se besaban mordiéndose las lenguas con saña, buscando el sabor que tanto extrañaban sus sentidos. Min-hyuk metió las manos por debajo de la camisa negra de Tae-jun y tiró hacia los lados con violencia; la tela fina se desgarró con un sonido seco, rompiéndose los botones de nácar que salieron volando por el suelo, dejando el pecho liso y estilizado del Alfa rey expuesto al calor abrasador de la habitación.
Tae-jun ahogó un gemido que sonó a furia y placer, respondiendo al ataque clavando sus uñas finas en los hombros anchos de Min-hyuk, hasta dejar arañazos largos y rojos.
Min-hyuk lo empujó de golpe sobre el colchón de la cama principal, cayendo sobre las sábanas oscuras como dos depredadores que se devoraban en medio del fuego. Sin perder un milisegundo, el Alfa robusto despojó a Tae-jun de sus pantalones, dejándolo completamente expuesto y expectante, con los ojos nublados por el éxtasis del ataque.
El intercambio de sus feromonas dominantes alcanzó un nivel destructivo en la penumbra. El tabaco dulce y la cereza quemada de Tae-jun se envolvieron ferozmente con el ozono de la tormenta eléctrica y el cedro amargo de Min-hyuk, creando una neblina caliente, espesa y pesada que parecía quemarles los pulmones con cada respiración. Era el choque de dos fuerzas iguales que necesitaban consumirse mutuamente para asegurar su supervivencia.
Min-hyuk se llevó dos de sus dedos grandes a la boca, empapándolos por completo con su propia saliva, y bajó la mano hacia la estrechez de Tae-jun. Sin ninguna piedad, hundió los dedos lubricados en sus paredes tensas, forzando la apertura con un ritmo brusco que arrancó un grito agudo, un gemido ronco de Tae-jun que rebotó en los techos altos de la mansión.
Tae-jun arqueó la espalda sobre las colchas, clavando sus dedos largos en el muslo de Min-hyuk, apretando con fuerza el músculo duro del lobo, desafiándolo con sus ojos.
—Muévete más rápido, Alfa de pacotilla —jadeó Tae-jun, con una sonrisa rota y los dientes apretados—. Deja de perder el tiempo con tus dedos y demuéstrame que puedes romperme de verdad.
Min-hyuk retiró sus dedos de golpe y bajó su propio pantalón, liberando su miembro enorme, completamente rígido y pulsando por la urgencia de la marca. Tomando a Tae-jun por las caderas con un agarre de hierro que dejaría marcas moradas durante semanas, se acomodó entre sus piernas largas y se empujó hacia adelante con un movimiento seco, total y firme.
El miembro del Alfa invadió la estrechez de Tae-jun de un solo golpe, llenándolo por completo. El dolor y el placer estallaron en la pelvis de Tae-jun como una bomba biológica. Se le cortó el habla; sus ojos se abrieron de par en par y su boca quedó abierta en un gemido mudo mientras su cuerpo asimilaba la inmensidad del lobo que acababa de poseerlo. Las embestidas en el colchón fueron rápidas, ruidosas y profundas, haciendo que la estructura de madera fina temblara sutilmente bajo el peso de sus cuerpos en tensión máxima.
Min-hyuk le sujetó el cabello largo por la nuca, tirando hacia atrás para obligarlo a exponer su cuello pálido, moliendo la piel blanda con sus dientes, dejando una mordedura profunda que selló su posesión territorial.
—Eres una maldita locura, pantera —jadeó Min-hyuk con los ojos desorbitados y la voz rota por el esfuerzo—. Eres mi rey... y me tienes jodidamente loco de remate.
Tae-jun recuperó el aliento y, a pesar de tener las entrañas ardiendo por la invasión, envolvió sus piernas largas alrededor de la cintura de Min-hyuk, pegándolo más a su cuerpo, clavando las uñas en sus glúteos. Su sonrisa de pantera regresó, más peligrosa, caliente y entregada que nunca.
—Te lo advertí, Alfa... —jadeó Tae-jun al oído de su compañero, mordiéndole el lóbulo de la oreja con saña—. Ahora... no te atrevas a detenerte hasta que nos consumamos en este infierno.
El clímax los alcanzó juntos en medio de un torbellino de feromonas salvajes que llenó la habitación de un olor asfixiante a ozono, tabaco dulce y sangre. Tae-jun se aferró al torso marcado de Min-hyuk, soltando un gemido largo y rasgado mientras se venía sobre su abdomen, al mismo tiempo que el Alfa robusto liberaba su simiente profundamente dentro de Tae-jun con un rugido de victoria animal que disipó la abstinencia de sus venas para siempre. Ambos habían salido victoriosos en un juego de sábanas donde no había perdedores, solo iguales que se habían entregado por completo al fuego de su propia naturaleza.
Tae-jun estaba recostado sobre el pecho amplio y velludo de Min-hyuk, con su cabello largo desparramado sobre los hombros anchos del Alfa robusto. Tenía los ojos entornados por el cansancio físico placentero, sintiendo que su cuerpo finalmente recuperaba su temperatura natural tras respirar el cedro amargo desde la fuente. Sus dedos largos jugaban de manera distraída con la pequeña cicatriz en la ceja de Min-hyuk, mientras el lobo lo rodeaba firmemente con su brazo grande, manteniendo una pierna larga entrelazada con las del Alfa pálido en una postura de dependencia absoluta. Se quedaron dormidos así, abrazados fuertemente en medio de la penumbra de su nuevo imperio de sangre, unidos por un lazo invisible que acababa de romper todas las reglas del universo, listos para gobernar su nido eterno por toda la eternidad.
Ahora sí, ¡fin!
🍒🐺 ¡Ay, mis Chickis hermosos, qué nivel de fuego, pasión y azúcar AxA hemos alcanzado en este gran cierre de Volumen! ¿Arriesgamos por un Volumen dedicado a los Enigmas? ¡Sería hermoso ver a Tae-jun con una pancita gestante! Muajaja🌈💜🛐😈 Ya me dejé llevar. Disculpen. Dejen sus reacciones y mucho amor en los comentarios. Y lean nuestras nuevas creaciones. Besos y abrazos. 🐺🍒