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No Me Iba a Morir por Ti

No Me Iba a Morir por Ti

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Enfermizo
Popularitas:34.2k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

Ximena Reyes creyó que su matrimonio con Víctor Rivas era lo único que le quedaba después del accidente que la dejó en cama. Pero la verdad era mucho más cruel: su esposo no solo tenía una amante, también había escondido un hijo con ella, había tomado control de su empresa y estaba esperando el momento perfecto para deshacerse de Ximena sin dejar pruebas.

Encerrada en su propia casa, vigilada, debilitada y sin poder mover las piernas, Ximena parecía no tener salida.

Hasta que entendió algo.

Víctor podía quitarle el teléfono, sus documentos, su dinero y hasta su cuerpo.

Pero no podía quitarle la cabeza.

Con ayuda de su mejor amiga Nadia, un médico frío que parece saber más de lo que dice y las grietas que empiezan a abrirse entre sus enemigos, Ximena decide dejar de suplicar.

Si su esposo quería verla muerta, primero tendría que verla levantarse.

Y esta vez, cada mentira, cada golpe y cada traición iba a cobrarse con intereses.

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Capítulo 22

Capítulo 22

Esa noche casi no dormí.

Después de darle las latas de café a Marisol y verlas regresar intactas, me quedé con los ojos abiertos hasta la madrugada.

Cada vez que cerraba los párpados veía lo mismo: Santiago pasando frente a mí como si yo fuera una maceta, la nota escondida que no quiso leer, la puerta de la casa vecina cerrándose para siempre.

Cuando por fin me venció el sueño, abajo empezó el escándalo.

—¡Víctor! ¡Ábreme, hijo! Soy yo.

Me desperté de golpe.

Doña Carmen.

Mi suegra.

La mujer que me había tratado como si casarme con Víctor fuera un favor que yo le pedí de rodillas.

—Señora, es muy temprano —dijo Marisol desde la entrada—. El señor todavía duerme.

—¿Temprano? Mi nieto entra al colegio. ¿Quieres que llegue tarde? ¿Dónde está mi niño?

Mi niño.

Me dio una risa seca.

Yareli no estaba, yo seguía encerrada y Víctor necesitaba a alguien que llevara y trajera a Toño sin levantar sospechas. Así que había llamado a su madre.

—Mi bebé precioso —chilló ella al verlo—. Ven con tu abuela. Desde hoy yo te llevo todos los días, ¿eh?

Toño se dejó abrazar.

La voz de Doña Carmen subió por la escalera, pegajosa y falsa.

Me volteé hacia la pared.

No había peor castigo que escuchar a una familia ajena instalarse dentro de una casa pagada con tu vida.

Víctor bajó poco después.

—Mamá, mejor quédate aquí. Marisol sola no puede con todo.

Me incorporé apenas.

—¿Y tu papá? —preguntó ella—. No lo voy a dejar solo en San Jacinto. ¿Quién le hace de comer?

—Que venga también. Escoge el cuarto que quieras.

El coraje me subió tan rápido que me mareé.

Escoge el cuarto que quieras.

Así habló de mi casa.

La casa que compré cuando la empresa apenas respiraba, cuando no nos alcanzaba ni para muebles decentes, cuando yo acepté un crédito brutal porque Víctor decía que una dirección en Lago Azul iba a abrirnos puertas.

La casa que, según sus padres, yo había conseguido por necia, por presumida, por querer parecer más de lo que era.

Recordé los primeros meses en San Jacinto.

Yo, recién casada, intentando aprender los modos de su familia.

Doña Carmen sentada en la cocina, dándome órdenes como si yo fuera empleada.

Don Rogelio criticando que mi familia “se creía mucho”.

Víctor callado.

Siempre callado cuando alguien me pisaba.

Cuando quise regresar a CDMX, mi mamá me dijo por teléfono:

—Hija, eso no es familia. Eso es abuso.

Ese día lo obligué a volver.

Desde entonces, Doña Carmen me odiaba como si yo le hubiera robado un sirviente.

Y ahora entraba a mi casa.

Ese mismo día vaciaron mi antiguo vestidor.

Escuché cajas arrastrándose, puertas abriéndose, ganchos golpeando.

Doña Carmen revisó ropa, zapatos y cajones.

—Esto ya ni lo usa —dijo—. Una mujer en cama para qué quiere tanto trapo.

Nadie subió a preguntarme.

Nadie subió comida.

Al anochecer, Marisol quiso traerme un plato.

Doña Carmen la frenó.

—¿A dónde vas?

—A llevarle cena a la señora.

—Primero come mi hijo, que sí trabaja. La que está tirada arriba puede esperar.

Escuché el plato regresar a la mesa.

Me quedé mirando la oscuridad del cuarto.

El hambre me raspaba el estómago.

La rabia, más.

A las seis y media, Doña Carmen volvió con Toño.

—¿Ya le preparaste la leche? —le gritó a Marisol—. ¿O tengo que hacer todo yo?

Marisol respondió bajito.

La imaginé con los ojos rojos.

Me dio pena por ella.

También me dio envidia.

Ella podía renunciar.

Yo no.

Víctor llegó más tarde.

La casa olía a carne guisada y pescado dulce.

Doña Carmen salió a recibirlo como si hubiera llegado un héroe.

—Hijo, hice lo que te gusta. Lávate las manos, ya vamos a cenar.

—¿El niño? —preguntó Víctor.

Ni una palabra sobre mí.

Comieron abajo.

Rieron.

La cubertería sonó con esa tranquilidad vulgar de la gente que no tiene vergüenza.

Marisol insistió al final:

—Señor, la señora no ha comido. Voy a subirle algo.

—¿Qué prisa? —la cortó Doña Carmen—. Mi hijo acaba de llegar. Primero que coma él.

El plato que llegó a mi cuarto después estaba frío.

Sobras.

Lo tomé sin quejarme.

Justo entonces sonó el celular de Víctor.

—¿Qué? ¿Denuncia?

La cuchara se me quedó en la mano.

Tía Marta.

Lo había hecho.

El aire cambió abajo.

Víctor colgó y Doña Carmen preguntó:

—¿Qué pasó? ¿Por qué tienes esa cara?

—Marta Reyes denunció que sus hermanos están desaparecidos. La policía ya preguntó por mí.

Me tapé la boca.

No por miedo.

Por no reír.

—¿Esa mujer está loca? —gritó Doña Carmen—. Tus suegros andan de viaje.

Don Rogelio metió su veneno:

—Yo siempre dije que esa familia era problemática.

Los Rivas hablando de familias problemáticas.

Qué bonito chiste.

Víctor intentó pensar en voz alta.

—Marta sabe que los mandé de viaje. Antes de llevarlos, les llamé. El papá de Ximena es de esos que cuentan todo cuando se emocionan.

Se me apretó el pecho.

Mi papá no presumía.

Mi papá estaba feliz de creer que su yerno lo quería.

—Entonces, ¿por qué denunció? —preguntó Don Rogelio—. Si no le falta dinero, no puede ser envidia.

Silencio.

El frío me bajó por la espalda.

Ahí estaba el hueco.

El motivo.

Yo no lo había pensado.

¿Por qué una tía que no necesitaba dinero iba a denunciar de pronto?

La escalera crujió.

Un paso.

Otro.

El cuerpo se me llenó de agujas.

La puerta se abrió de una patada.

Marisol soltó un grito.

Víctor estaba en la entrada, con la cara torcida.

—Fuera.

—Señor...

—¡Fuera!

Marisol salió casi corriendo.

Víctor llegó a mi cama y me agarró del cuello.

—¿Fuiste tú?

El plato cayó.

—¿Yo qué?

—No te hagas pendeja. ¿Llamaste a tu tía desde la tienda?

Sus dedos apretaron.

Mi cuerpo ya conocía ese miedo.

La piel se prepara antes que la cabeza.

—No...

—Si me entero de que fuiste tú, vas a pedir morirte y ni eso te voy a dar.

La tienda.

Había llegado justo al punto.

—Revisa —dije como pude—. Cámaras. Teléfono. Al tendero. Lo que quieras.

—No me mientas.

—Si yo hubiera hecho eso, sería como firmarlo con mi nombre. Tú me viste ahí. ¿Crees que soy tan idiota?

Lo dije con desprecio.

El desprecio me salvó un poco.

Sus dedos aflojaron.

—Entonces dime quién.

Tenía segundos.

Solo segundos.

—Diego.

Sus ojos se estrecharon.

—¿Tu hermano?

—Me busca cada mes para pedirme dinero. Juegos, cosas de la escuela, lo que sea. Si no me encontró a mí, y mis papás tampoco contestaron, seguro molestó a mi tía.

Diego sí hacía eso.

Víctor lo sabía.

Me soltó de golpe.

Caí sobre la almohada, tragando aire.

—Ese mocoso se quiere morir.

—Solo quiere saber dónde está su familia.

Me miró con asco.

—Vas a llamarlo. Que retire la denuncia.

Miré su celular.

Por un segundo quise tomarlo.

Quise escuchar a mi hermano.

Quise decirle que estaba viva.

Pero no podía.

—Una denuncia por desaparición no se retira así —dije—. Si la policía ya abrió reporte, te van a pedir comprobar que mis papás están bien.

Víctor volvió a enfurecer.

—¿Quieres que mate a tu hermano?

—Pregunta en la Fiscalía si no me crees. Lo único que tienes que hacer es llamar a mis papás frente a ellos.

Se quedó quieto.

Yo acababa de ponerle la solución en la boca.

Y él, por creer que era su idea, la iba a tragar.

Cuando bajó, me temblaban las manos.

No esperé.

Me giré hacia el lado contrario de la cámara y metí el comunicador en mi oído.

—Nadia.

—Aquí. ¿Ya llegaron?

—La policía va a venir. Víctor va a llamar a mis papás. Dile a Diego que rastree la llamada. IP, ubicación, hotel, lo que pueda.

—Voy.

Más tarde, la policía tocó la puerta.

—Buscamos al señor Víctor Rivas. Tenemos un reporte por posible desaparición.

Doña Carmen gritó como si hubiera visto al diablo.

Víctor bajó con voz calmada.

—Oficiales, mis suegros están de viaje. Mi cuñado armó esto porque no pudo comunicarse con mi esposa.

Llamó.

La voz de mi papá llenó la sala.

—Oficial, estamos bien. Mi yerno nos mandó unos días fuera.

Mi papá sonaba contento.

Me dolió.

—¿Y por qué su familia reportó desaparición? —preguntó un policía.

Víctor contestó antes que él:

—Mi cuñado depende mucho de mi esposa. Ella está enferma y yo le retiré el celular porque no seguía el tratamiento. El muchacho se asustó.

Luego escuché a mi mamá.

—¿Y Xime? ¿Por qué no me contesta? Quiero hablar con ella.

Me mordí la mano.

—Está dormida, suegra —dijo Víctor—. Ha tenido insomnio. Mañana le marco.

—Despiértala tantito.

Silencio.

—Mañana, se lo prometo.

Mi mamá aceptó porque era buena.

Porque todavía creía.

Cuando la llamada terminó, Nadia susurró en mi oído:

—Los tenemos.

Me faltó aire.

—¿Dónde?

—Suiza. Cerca de los Alpes. Diego rastreó conexión, reserva y zona del hotel. Ya estoy moviendo abogados y contacto consular.

Me cubrí la boca.

Suiza.

Tan lejos.

Tan calculado.

Víctor no los escondió en un pueblo ni en una playa.

Los sacó del país para que su ausencia pareciera lujo, no secuestro.

Esa noche no dormí.

Mis padres ya no eran una cadena invisible.

Todavía estaban lejos.

Pero ahora sabía dónde cortar.

Solo faltaba encontrar una salida que no activara la violencia de Víctor antes de tiempo.

No podía pedirle a Nadia que entrara por mí.

Había cámaras.

Si me sacaba, Víctor lo sabría antes de que mis padres pisaran México.

Necesitaba salir por una razón que él no pudiera impedir.

Una puerta legal.

Una emergencia.

Algo.

Cuando el residencial quedó en silencio, escuché golpes en la casa vecina.

—Santiago... abre. Sé que estás ahí.

Rodé hasta el balcón con esfuerzo.

Abajo, Renata Ledesma lloraba frente al portón vacío.

El corazón me dio un golpe raro.

El nombre de Santiago todavía me dolía.

—Ya no vive ahí —dije.

Renata levantó la cara.

Hermosa incluso deshecha.

—¿Sabe dónde está?

Pensé en callarme.

Pensé en la nota que no leyó.

Pensé en la vez que usé su nombre para salvarme.

—Pregunte por Gael Arriaga en la clínica de medicina integral. Él puede saber.

Renata se iluminó como si le hubiera abierto el cielo.

—Gracias, señora Rivas.

Sabía mi apellido de casada.

Eso me dejó quieta incluso después de que se fue.

Santiago.

Con esto, pensé, ya no te debo.

Qué fácil era equivocarme.

1
Adolis Cardona
más capítulos
Lolly Carazo
Está historia está buena pero deja a la protagonista ganar alguna de las tantas batallas que ha hecho para salvarse volver a caminar y salir del martirio y recuperar lo de ella y su familia
Becky Navarro
tofavia no entiendo a ese vecino que pitos toca esta igual de loco que el esposo
Becky Navarro
uff una ayudita no cae mal🥰🥰🥰🥰🥰
Becky Navarro
yo hasta me engarruño cada que el idiota ese aparece con ganas de agarrarlo de las bolas bien recio
Becky Navarro
gracias la ban a escuchar
Becky Navarro
una pendendeja bien echa x sue madres no le tomo fotos 😡😡😡
Becky Navarro
esto empezó muy bien
Isidra Marta Sánchez Ortiz
Sí, cómo? 😭😭😭😭😭😭😭
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Vamos a leer cómo supera Ximena esta terrible situación. Qué será de los papás de ella? 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Flor de lis
bonito
Monica Raquel Martin
ahora lo que falta es que XIMENA valla a la cárcel y se haga aliada de Yareli
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
es muy buena tiene mucho suspenso, como se va a escapar?
Alix Sarmiento
está muy buena alguien la debe ayudar
Zaira
No leo más demasiados capítulos de sufrimiento y maldad.
Zaira
Bueno y que clase amiga tiene que ni se preocupa
Zaira
ERES UNA ESTUPIDA ,ESCRITORA HASTA CUANDO LA VAS HACER SUFRIR, YA YO ESTOY QUE ARDO DE LA IMPOTENCIA ,NO SOPORTO EL ABUSO.
Becky Navarro: tampoco ofendan a la escritora x favor
total 2 replies
Rossy Bta
más capitulos 🙏 por favor
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