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LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:965
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En este juego de espejos, nadie es quien dice ser y la moneda está a punto de caer del lado de la justicia... o del caos.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 22

El Palacio de Justicia de Madrid se alzaba como un coloso de piedra gris, indiferente a las pasiones humanas que se desataban en sus entrañas. Al bajar del coche, el enjambre de cámaras y micrófonos me rodeó como una nube de insectos voraces. Julián, con un traje oscuro que ocultaba su naturaleza de guerrero de los suburbios, me abría paso con una eficiencia silenciosa. Yo, envuelta en un conjunto de Chanel azul marino, mantenía la barbilla alta y la mirada perdida en un punto inexistente del horizonte. Elena Valerius era, en ese momento, la mujer más observada del país.

—¡Elena! ¿Es cierto que va a testificar contra la Sra. De la Vega? —gritó una reportera, casi golpeándome con su grabadora.

—¿Qué hay de las pruebas del "Proyecto Fénix"? ¿Buscaba Marina De la Vega la redención o la venganza?

No respondí. En este juego de 40 capítulos, el silencio era mi mejor defensa. Entré en la sala de vistas número 3. El aire estaba cargado de una tensión eléctrica, una mezcla de perfume caro y miedo rancio. Al fondo, en el banquillo de los acusados, estaban ellas.

Beatriz De la Vega lucía una palidez aristocrática, con el cabello perfectamente recogido pero los ojos hundidos por las noches de insomnio. A su lado, Isabella parecía una sombra de sí misma; el mono naranja de la prisión preventiva le quedaba grande, y su mirada, antes afilada como un diamante, ahora vagaba por el techo con una desconexión aterradora.

—Se llama a declarar a la testigo de la acusación, la Srta. Elena Valerius —anunció el secretario judicial.

Caminé hacia el estrado sintiendo el peso de mil miradas clavadas en mi nuca. Puse la mano sobre la Biblia, o sobre el código penal, ya no importaba. Lo que importaba era que iba a jurar decir la verdad bajo una identidad que era, en sí misma, una falsedad absoluta.

—¿Jura usted decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? —preguntó el juez, un hombre de facciones severas que parecía haber visto demasiada miseria humana para dejarse impresionar por mi traje de marca.

—Lo juro —respondí. Mi voz sonó clara, resonando en la cúpula de la sala como una campana de plata.

El fiscal, un hombre llamado Delgado que olía a café y a ambición, se acercó a mí con una carpeta abierta. Era el momento de soltar la primera bomba.

—Srta. Valerius, usted afirma haber encontrado documentos en la caja fuerte del fallecido Arturo De la Vega que implican directamente a las acusadas en la falsificación de pruebas periciales tras el accidente de 2020. ¿Es eso correcto?

—Es correcto —dije, mirando directamente a Beatriz—. Encontré los informes originales de los frenos del Mercedes. Informes que indicaban un fallo de fábrica que el Sr. De la Vega ocultó. Pero lo más relevante no es el fallo mecánico, sino la nota manuscrita de Arturo donde detallaba cómo Beatriz De la Vega aceptó sacrificar a su hija menor, Marina, para proteger la solvencia del holding y la reputación de Isabella.

Un murmullo estalló en la sala. El mazo del juez golpeó la mesa con violencia. Beatriz cerró los ojos y apretó los labios. Isabella, por primera vez, me miró. En sus ojos no había odio, sino una realización lenta y dolorosa.

El abogado defensor de Beatriz, un tiburón legal llamado Navarro, se levantó con una sonrisa depredadora. Sabía que no podía atacar las pruebas, así que atacaría a la mensajera.

—Srta. Valerius... si es que ese es su nombre —comenzó Navarro, caminando en círculos alrededor del estrado—. Resulta fascinante que una inversora suiza, que aparece de la nada tras la muerte de Arturo, tenga tanto interés en la "justicia" para una chica como Marina De la Vega. Una chica con la que, supuestamente, usted no tiene ningún vínculo.

—Mi vínculo es con la verdad, Sr. Navarro —respondí sin parpadear—. El fondo Valerius no invierte en empresas construidas sobre cadáveres y mentiras.

—¿Ah, sí? ¿Y qué nos dice de su relación con el Dr. Vogel en Ginebra? —Navarro sacó un sobre—. Tenemos registros de que usted se sometió a múltiples cirugías reconstructivas justo antes de su "aparición" en el mercado español. ¿Por qué una heredera suiza necesitaría reconstruirse el rostro completo, Srta. Valerius? ¿O es que lo que buscaba era... ocultar una identidad previa?

El silencio que siguió fue absoluto. Julián se tensó en su asiento. Yo sentí que el suelo se abría bajo mis pies, pero la voz de La Maestra resonó en mi mente: “La verdad es un arma, pero la ambigüedad es un escudo”.

—Tuve un accidente esquiando en los Alpes, Sr. Navarro. Un evento traumático que me obligó a pasar por quirófano. Mis registros médicos son privados y están protegidos por las leyes suizas. A menos que usted quiera que presente una demanda por violación de la privacidad internacional en este mismo instante.

Navarro vaciló. No tenía las fotos de Garrido; solo tenía sospechas. Garrido había cumplido su parte: se había llevado las pruebas físicas a Singapur.

—Volvamos a los hechos —intervino el fiscal, rescatándome del borde del precipicio—. Presentamos como prueba la carpeta azul, el "Proyecto Fénix"

El juicio continuó durante horas. Testigos secundarios, ingenieros comprados que ahora buscaban inmunidad, y expertos en balística. Pero el clímax llegó cuando el fiscal llamó a Isabella a declarar.

Ella se levantó con dificultad. Al pasar junto a mí, el olor a su perfume barato de prisión me recordó a las mañanas grises en el patio del penal. Se sentó en el estrado y, por un momento, pareció que iba a seguir el guion de su abogado: culpar al muerto, decir que ella no sabía nada.

—Isabella De la Vega —dijo el fiscal—, ¿sabía usted que los frenos de su coche estaban defectuosos la noche del accidente?

Isabella me miró. Yo la sostuve con una mirada que era un recordatorio de nuestra conversación en la cárcel, del niño en Londres, de la traición de su padre. En ese instante, algo se rompió definitivamente en ella.

—Sí —dijo ella. Fue un susurro, pero se escuchó en toda la sala—. Lo sabía. Pero mi padre me dijo que si lo admitía, iríamos todos a la quiebra. Me dijo que Marina era fuerte, que ella podría aguantar la cárcel y que luego la compensaríamos.

—¿Y su madre? —insistió el fiscal—. ¿Beatriz De la Vega participó en esta decisión?

Isabella giró la cabeza hacia Beatriz. Su madre le hacía señas desesperadas con los ojos, una orden silenciosa de callar.

—Mamá preparó la maleta de Marina —dijo Isabella, y una lágrima negra de rímel rodó por su mejilla—. Ella le dijo a Marina que confiara en el abogado de la familia. Ella sabía que los frenos estaban rotos porque yo se lo confesé llorando esa misma noche. Y ella me dijo: "Lávate la cara, Isabella. Tu hermana hará esto por nosotros".

Beatriz se desplomó en su asiento, ocultando el rostro entre las manos. El público estalló en gritos. La condena social ya estaba firmada; la legal era solo cuestión de tiempo.

Salí del juzgado sintiéndome vacía. La "verdad" había salido a la luz, pero no se sentía como una liberación. Marina De la Vega estaba siendo rehabilitada por la prensa, pero la mujer que caminaba por esos pasillos era una extraña de nombre Elena.

Julián me alcanzó en la salida trasera.

—Lo has logrado, Marina. El fiscal va a pedir quince años para Beatriz por obstrucción a la justicia y falsedad documental. Isabella probablemente consiga una reducción por cooperar, pero su vida social está muerta.

—¿Y el niño? —pregunté, subiendo al coche—. ¿Qué sabe Beatriz ahora?

—Beatriz ha intentado contactar con sus abogados en Londres, pero Clara y Sebastián ya están en la casa de seguridad en Escocia. Están fuera de su alcance. Pero hay un problema...

—¿Qué problema?

—Garrido. El pendrive que te dio en el cementerio... había un archivo oculto que acabo de descifrar. Arturo no solo guardaba secretos sobre los demás. Guardaba un secreto sobre ti, Marina. Algo que ocurrió antes de que nacieras.

Fruncí el ceño.

—¿De qué hablas?

—Arturo no era tu padre biológico, Marina.

El coche frenó en seco en medio del tráfico. Me giré hacia Julián, sintiendo que el mundo volvía a girar fuera de control. El capítulo 21 cerraba con una revelación que dinamitaba los cimientos de mi propia existencia. Si Arturo no era mi padre, toda mi venganza contra el "linaje De la Vega" cobraba un cariz distinto.

—¿Quién es entonces? —pregunté con un hilo de voz.

—Según los registros de Garrido, tu madre tuvo un romance con el hombre que Arturo destruyó para construir su primer imperio. El hombre que murió en la miseria mientras Arturo se hacía rico.

La ironía era demasiado perfecta. Mi vida no era solo una tragedia de traición familiar; era el resultado de una guerra de clases y sangre que se remontaba a antes de mi primer aliento. : la justicia para Marina estaba cerca, pero la búsqueda de mi verdadera identidad apenas comenzaba.

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Hope Mag Vasquez
Wuaoooo!!!! hasta cuándo el tablero va a dejar de moverse /Frown//Frown/
Hope Mag Vasquez
Unas joyitas los de la Vegas..... se hicieron millonarios sobre bases de algodón
Hope Mag Vasquez
Quien sabe... a lo mejor sigue siendo estúpida.....
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Muy bonita la novela, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Wow mas mentiras, quien es realmente el padre del niño, y que pasara con Julian y Marina?
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay tantos secretos entre todos que ya me late que son todos unos desgraciados infelices peleando como buitres
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuantas cosas ocultas mas tendrán que salir a la luz, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay cuantas cosas mas saldrán a la luz 😭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Chuta, de quien eres hija Marina? 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta muy buena e intrigante 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
No entiendo porque Sebastian es su nieto, si Federico es el esposo de Isabella, pero el niño es con otra mujer 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Ese hijo a de ser la recluta que escribía cartas que nunca se enviaron 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado se a de están quemando en el infierno, nunca quisieron a nadie, ya que la vieja sabía todo igual 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Al fin estas haciendo justicia, por ti, por Lucía y todos los que han sido estafados 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que pasara ahora, se mataran, oh Julian intervendra
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Trabajando juntos lo lograron, falta la zorra de Usabelja y su madre 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que desgraciado este viejo de Arturo, cree que hará tonta a Elena 🤣🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bien Elena aprendiste con la mejor Maestra que jamas te unieras imaginado y con Julian de apoyo hará un gran equipo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno que Julian acepto aliarse con ella, asi se dará cuenta realmente quienes son esos desgraciados sin escrúpulos 🤭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Yo creo que Julian ya sabía eso, ojalá se unan para acabar con esos desgraciados y también porque no enamorarse 🤭👏👏👏
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