NovelToon NovelToon
Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Autosuperación / Romance
Popularitas:471
Nilai: 5
nombre de autor: Estefi Sterling

¿Qué harías si la única persona que puede salvarte es un "fantasma" que solo tú puedes ver?
Hades está en coma, pero su espíritu está atrapado en el mundo de los vivos, atado a Ela por un hilo rojo incandescente. Él busca una salida; ella busca una razón para seguir adelante. Están anclados el uno al otro en una lucha desesperada contra el destino. Juntos deberán enfrentar los nudos de dolor que los unen antes de que sea demasiado tarde. Una historia sobre la vida, la muerte y el poder de una conexión que no se puede romper.
Descubre "Rojo destino: El último nudo", una novela donde el amor es la única luz en la oscuridad del vacío.

NovelToon tiene autorización de Estefi Sterling para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La lealtad de las sombras.

Cuando la puerta principal finalmente se cerró tras la figura de Miller, el silencio que quedó en la casa de los Novak no fue de paz, sino de una tensión eléctrica y sofocante. Isela se quedó de pie junto a la mesa desordenada, mirando la copa de vino vacía que el oficial había dejado atrás. El aire todavía parecía impregnado de su perfume costoso y de esa falsa camaradería que le revolvía el estómago.

Hades permanecía a su lado, vibrando con una intensidad que Isela podía sentir en la boca del estómago. El hilo rojo entre ellos estaba tenso, vibrando como la cuerda de un instrumento a punto de romperse por la presión.

—Se ha ido —susurró Hades, y su imagen dejó de parpadear con tanta violencia. Se pasó una mano por el rostro traslúcido, agotado por el esfuerzo de procesar la presencia de Miller—. Ese hombre... Ela, su código es oscuridad pura. Cada palabra que salía de su boca creaba un error en mi sistema. No es solo que mienta; es que vive en una simulación de bondad que está a punto de colapsar.

Isela no respondió de inmediato. Miraba fijamente el lugar donde Miller había estado sentado, y en su mente, las piezas del rompecabezas empezaban a chocar entre sí de forma violenta. ¿Qué hacía él en ese edificio?, se repetía como un mantra. Recordó la muerte de su padre, el informe oficial que hablaba de un "accidente" o "decisión personal", y cómo Miller fue el primero en llegar para consolar a su madre, para cerrar el cajón, para asegurarse de que nadie hiciera demasiadas preguntas. La sospecha, que durante meses había sido un susurro lejano, ahora gritaba con fuerza: si Miller estaba en el edificio de Hades, es porque el rastro de la muerte de su padre y el rastro de la caída de Hades conducen al mismo lugar.

—Qué hombre tan atento es Miller, ¿no te parece? —la voz de su madre rompió sus pensamientos. Estaba recogiendo los platos con un entusiasmo artificial—. Siempre pendiente de nosotras. Es un verdadero alivio tener a alguien así de nuestro lado, Isela. Deberías ser más amable con él.

Isela sintió un nudo de frustración. Quiso gritarle la verdad, decirle que lo había visto merodeando la escena de una tragedia que no le correspondía, pero se obligó a morderse la lengua. Si su madre sabía que ella había faltado a clases para ir al edificio de un "suicida", se lo contaría a Miller. Y si Miller sabía que Isela estaba investigando, la burbuja de seguridad en la que vivían se reventaría de la peor manera.

—Solo estoy cansada, mamá —dijo Isela, forzando una voz neutra—. No me gusta que haya gente extraña en casa los domingos, eso es todo.

—Él no es un extraño, es familia —replicó su madre, y su voz se quebró un poco, dejando ver el miedo que intentaba ocultar—. Es el que asegura que no nos falte nada. No quiero que tus... obsesiones arruinen lo único estable que nos queda. Tu padre también empezó así, viendo conspiraciones donde no las había, y mirá cómo terminó.

Isela no esperó a que terminara la frase. La mención de su padre como alguien paranoico fue el golpe final. Subió las escaleras corriendo, con el sonido de su propio corazón retumbando en sus oídos. Al entrar en su habitación, cerró la puerta con llave y se dejó caer contra la madera, deslizándose hasta el suelo mientras las lágrimas de impotencia empezaban a nublarle la vista.

Hades apareció frente a ella, arrodillado en ese espacio que compartían, rodeado por esa burbuja de estática que los aislaba del mundo. No intentó hablar de inmediato; simplemente se quedó allí, siendo el único testigo de su dolor.

—Ella también tiene miedo, Ela —dijo Hades finalmente, con una voz que sonaba extrañamente cálida—. Pero es un miedo diferente al de Miller. Cuando hablaba de él, su código no se rompía por la mentira, sino por la necesidad de creer. Ella lo usa como un escudo, sin saber que el escudo es el que la está asfixiando.

Isela levantó la vista y lo miró. Por un segundo, el hilo rojo brilló con una intensidad carmesí, un color tan vivo que iluminó las sombras de la habitación. Isela sintió una necesidad desesperada de anclarse a algo real, a algo que no fuera una mentira. Estiró la mano hacia Hades, esperando atravesarlo como siempre, pero esta vez fue diferente.

Al rozar la mano de él, no sintió solo aire frío. Sintió una resistencia. Fue como tocar una corriente de agua muy densa, o la vibración de un motor lejano. Sus dedos no se hundieron por completo; pudo sentir la textura de su piel espectral, una suavidad eléctrica que le envió un escalofrío por todo el brazo.

Hades contuvo el aliento —o el simulacro de aliento que su cuerpo producía— y miró sus manos unidas con total asombro. Su imagen se volvió más nítida, más sólida, como si el sentimiento de Isela le estuviera otorgando átomos.

—Te... te puedo sentir —susurró ella, con los ojos muy abiertos.

—Es el hilo —respondió él, sin apartar la mirada de ella—. A medida que dejas de verme como una sombra y empiezas a verme como... esto, mi frecuencia se estabiliza. Tu confianza me está materializando, Ela.

Isela cerró los ojos, dejando que la sensación de su mano contra la de él la calmara. En ese cuarto oscuro, rodeada de sus dibujos y del silencio de una casa llena de secretos, Isela Novak comprendió que ya no le importaba que su madre no la entendiera. Tenía a Hades. Tenía a este chico que procesaba la vida en códigos y que era el único capaz de ver la oscuridad que Miller intentaba ocultar.

—Tenemos que abrir ese pendrive —dijo ella, con una determinación nueva, apretando ligeramente los dedos de Hades, sintiendo su solidez—. No importa lo que Miller intente ocultar. Si él estuvo en tu edificio, es porque tiene miedo de lo que hay aquí dentro. Y si tiene miedo, es porque tenemos el arma para destruirlo.

Hades se puso de pie junto a ella, su figura ahora más presente que nunca en la habitación.

—Lo haremos. Cada vez que ese hombre se acerca, siento que una parte de mi memoria intenta reiniciarse. Él es el virus, Ela, y nosotros somos el anticuerpo. Vamos a encontrar esa contraseña, aunque tengamos que hackear el pasado mismo para lograrlo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play