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Trazos De Silencio.

Trazos De Silencio.

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Omegaverse / ABO
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

Haru creía que el amor era sacrificio. Graduado con honores en Tokio y con un futuro brillante en el arte y las letras, lo dejó todo por un matrimonio de contrato con Ren, un alfa que solo le devolvió desprecio y violencia. Tras tres años de infierno, Ren lo desecha como a un mueble viejo, dejándole solo un pequeño apartamento en un complejo exclusivo.

En el ático de ese mismo edificio vive Kaito Kuroda, el heredero de un imperio que se mueve entre la legalidad empresarial y las sombras de la mafia japonesa. Kaito no cree en el amor romántico; para él, la lealtad solo existe en la sangre. Sin embargo, su paz se ve interrumpida por un vecino ruidoso que huele a miedo y a pintura fresca.

Lo que comienza como roces por paquetes mal entregados y quejas por mudanzas nocturnas, se convierte en una conexión inevitable. Pero la libertad de Haru es una amenaza para el ego de su exesposo.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: La Fragilidad del Cristal

El aire en el ático de Kaito era pesado, impregnado de una mezcla de antiséptico, el aroma residual a tormenta de un alfa angustiado y el olor metálico de la desesperación. Habían pasado cuarenta y ocho horas desde la cirugía de Haru, y el joven omega no era más que un espectro envuelto en sábanas de seda negra. Su cuerpo, ya debilitado por años de privaciones bajo el yugo de los Ichijō, estaba empezando a rendirse.

Kaito entró en la habitación tras regresar de la "limpieza" de los mercenarios. Su ropa todavía tenía rastros de pólvora y el frío de la noche, pero se despojó de su abrigo y sus armas antes de acercarse a la cama. Al ver a Haru, sintió un golpe en el pecho que ninguna bala podría haberle dado. El rostro del omega estaba hundido, sus labios agrietados y sangrantes por la deshidratación, y su piel tenía un tono grisáceo que indicaba que sus órganos estaban empezando a protestar por la falta de sustento.

—Haru... por favor —susurró Kaito, sentándose al borde del colchón.

El silencio fue la única respuesta. Haru no parpadeaba. Sus ojos, antes llenos de una melancolía artística, ahora estaban fijos en el vacío, como si estuviera observando el final de su propio mundo. No era solo que no hablara; era que había decidido dejar de existir mientras seguía respirando.

Kaito tomó el cuenco de caldo de huesos que la enfermera privada había dejado sobre la mesita. Estaba tibio. Sabía que, si no lograba que Haru ingiriera algo en las próximas horas, tendría que conectarlo a una vía intravenosa, un acto que Haru probablemente interpretaría como otra violación a su autonomía.

—Sé que me escuchas —dijo Kaito, y su voz, usualmente un trueno de autoridad, tembló con una vulnerabilidad que nunca antes había mostrado—. Sé que piensas que el silencio es tu único refugio. Que si no comes, si no hablas, si no sientes, Ren ya no puede lastimarte. Pero me estás matando a mí también, Haru.

Kaito acercó la cuchara a los labios cerrados del omega. Haru ni siquiera hizo el gesto de apartarse; simplemente se quedó allí, como una muñeca de porcelana rota. La resistencia pasiva era su última arma.

—Ren te convenció de que no merecías el espacio que ocupas —continuó Kaito, dejando la cuchara y tomando la mano izquierda de Haru, la que no estaba vendada. Estaba helada—. Te hizo creer que comer era un pecado y que tu voz no tenía valor. Pero él es un mentiroso. Un cobarde que te rompió porque sabía que, si brillabas, él se vería como la sombra patética que es.

De repente, Kaito perdió la compostura. Dejó caer el cuenco sobre la mesa de noche con un estrépito y se inclinó sobre Haru, rodeando su cuerpo frágil con sus brazos, con cuidado de no lastimar su mano operada. Enterró su rostro en el hueco del cuello del omega, inhalando el aroma marchito que quedaba en él.

—¡Reacciona, maldita sea! —exclamó Kaito en un sollozo ahogado contra la piel de Haru—. No puedes rendirte ahora. No después de que encontré un motivo para querer volver a casa todas las noches. Si mueres, si te dejas apagar, él habrá ganado. Y yo no voy a permitir que ese monstruo gane nada más.

Haru sintió algo caliente sobre su hombro. Eran lágrimas. Las lágrimas de un hombre que controlaba los bajos fondos de Tokio, un alfa que nunca se inclinaba ante nadie. El contacto físico, cargado de una angustia pura y no de agresión sexual, empezó a agrietar el muro de Haru. Por primera vez en años, el contacto con un alfa no quemaba; dolía, pero era un dolor que despertaba.

Lentamente, con un esfuerzo que pareció costarle la vida entera, Haru giró levemente la cabeza. Sus ojos se enfocaron por primera vez en días en el cabello oscuro de Kaito. Su mano sana tembló sobre las sábanas hasta que, centímetro a centímetro, logró tocar el hombro del alfa. Fue un toque ligero como una pluma, pero para Kaito fue como un rayo.

—Kai... to... —la voz de Haru salió como un graznido seco, un sonido doloroso de cuerdas vocales que no habían sido usadas—. Per... dón...

Kaito se levantó de golpe, mirando a Haru con una mezcla de shock y esperanza salvaje. —No pidas perdón. Nunca más pidas perdón por sufrir, Haru. Solo... quédate conmigo. Ayúdame a ayudarte.

Haru miró el cuenco de caldo. El miedo a comer seguía ahí, esa programación mental que le decía que engordar era fallar, que nutrirse era vulgar. Pero al ver los ojos enrojecidos de Kaito, el omega entendió que su ayuno no era una "pureza artística", era una forma de suicidio lento que estaba destruyendo al único hombre que lo había tratado como un ser humano.

Con la ayuda de Kaito, Haru se incorporó un poco. Sus músculos estaban tan débiles que su cabeza se balanceaba. Kaito lo sostuvo por la espalda, convirtiéndose en el pilar que Haru no tenía.

—Despacio —murmuró Kaito, acercando de nuevo la cuchara.

Cuando el primer sorbo de caldo tocó la lengua de Haru, el omega tuvo una arcada involuntaria. Su estómago, encogido por el hambre, protestó violentamente. Cerró los ojos, luchando contra la náusea y contra el pánico psicológico.

—Mírame, Haru. Solo a mí —pidió Kaito—. No hay nadie más en esta habitación. Ni Ren, ni su madre, ni tus traumas. Solo estamos tú y yo. Come por mí. Si no puedes hacerlo por ti, hazlo para que yo pueda seguir respirando.

Haru tragó. Luego otro sorbo. Y otro. Fue un proceso agónico de casi una hora para terminar un pequeño tazón, pero fue la victoria más grande que Kaito Kuroda había ganado en toda su vida.

Al terminar, Haru estaba exhausto, sudando por el esfuerzo físico de ingerir comida. Kaito lo acomodó de nuevo en las almohadas y le limpió los labios con una delicadeza infinita.

—¿Por qué... me salvó? —susurró Haru, con los ojos entrecerrados por el cansancio.

Kaito se quedó en silencio un momento, mirando la mano vendada de Haru. —Porque el mundo es un lugar oscuro y lleno de gente que solo sabe destruir. Y tú... tú eres lo único que he encontrado que todavía intenta crear algo hermoso, incluso en medio del infierno. No voy a dejar que esa luz se apague, Haru. Aunque tenga que darte mi propia vida para que sigas brillando.

Haru no respondió, pero por primera vez, no se encogió cuando Kaito le acarició el cabello. Se quedó dormido con el estómago caliente y la mano de un "monstruo" entrelazada con la suya, dándose cuenta de que, quizás, no todos los alfas eran dueños de esclavos. Algunos, muy pocos, eran guardianes de almas rotas.

Sin embargo, en las sombras de la oficina de Ren, el odio estaba madurando. Ren ya sabía que Kaito Kuroda estaba detrás del ataque financiero, y su obsesión con Haru se había convertido en un veneno mortal. "Si el gran Kuroda quiere a mi omega", pensó Ren mientras miraba una foto de la boda de Haru, "tendrá que conformarse con sus cenizas".

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Maria Quintero
búscate 3 alfas y que lo violen peor que a Haru
Maru19 Sevilla
Por favor que no lo mate pronto que lo encierre y lo martirice por años
Maru19 Sevilla
Por favor que alguien atrapé a Ren
Maria Quintero
Haru en verdad vivió un infierno con ese Alfa de cuarta 😭 me duele leer y a la vez imagínarme lo que vivió me parte el corazón nadie debería vivir así 😭
Maria Quintero
me va encantando la historia, me encanta este alfa que quiera ayudar al Omega a recuperarse del infierno que sufrió
Yudiela Arboleda
yo culpo a la autora por escribir esa atrocidad 😭😭😭😭 Haru no merecía eso kaito inteligente para los negocios y imbécil para el amor si no haces pagar a ren te odiare más que a el 😭😭😭
Aury Garcia: que horror cuantas violencia pobre haru Katio no sabe cuidar ni buscar
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Que revise la ventilación
Maru19 Sevilla
Maldito Ren!
Maru19 Sevilla
Pero como escapo?
Maru19 Sevilla
Esta emergiendo 👏👏👏👏👏
Escorpiona Saucedo
autora cada capítulo me deja con un nudo en la garganta 💔
Maru19 Sevilla
Que bonito!!!👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Ahhh, maldito Ren
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏 que lo destroce
Maru19 Sevilla
Espero que el martirio que infringió en el Omega se retribuido al maldito Alfa con creces
Maru19 Sevilla
Eso! que le hagan pagar👏👏👏
Maru19 Sevilla
Pobrecillo😭
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