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La Extra Y El Demonio.

La Extra Y El Demonio.

Status: Terminada
Genre:Demonios / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En una era de antiguos reinos y secretos ancestrales, Astrid D'Avalon, heredera de un linaje con profundos lazos con lo místico, se encuentra en el umbral de un destino marcado por la reencarnación. Tras una muerte injusta, su alma renace en un mundo donde las sombras danzan y los demonios tejen intrigas. Decidida a reescribir su final y el de quienes la rodean, Astrid busca una vida alejada de las complicaciones que una vez la atraparon.

Sin embargo, el destino tiene otros planes. Su camino se cruza con el enigmático Mason Dryad, un ser con un poder formidable y un pasado envuelto en misterio

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Capítulo 18

En una aldea costera azotada por el viento, vivía Freydis, una mujer sabia cuyas visiones del futuro eran tan claras como el mar abierto.

El descenso desde las cumbres del Velo de Aurora los llevó hacia el oeste, donde las montañas morían abruptamente en acantilados negros que desafiaban al Mar de las Tormentas. El paisaje aquí era duro y desolado. La hierba era escasa y de un gris ceniciento, inclinada permanentemente por los vientos huracanados que traían el olor a sal y a descomposición marina.

—Vík del Destino —dijo Faelan, señalando una pequeña agrupación de cabañas de piedra y techos de turba que se aferraban a la ladera del acantilado—. Es un lugar donde solo viven los que no tienen nada que perder o los que lo saben todo.

La aldea parecía desierta, salvo por el sonido constante de las olas rompiendo contra las rocas cientos de metros más abajo. Las gaviotas gritaban en el aire, volando en círculos erráticos como si presintieran una tormenta que no aparecía en el horizonte.

—Buscamos a Freydis —dijo Astrid a un anciano que remendaba una red de pesca negra cerca del muelle—. Nos han dicho que ella puede ver lo que los ojos normales no alcanzan.

El anciano ni siquiera levantó la vista. —Muchos vienen buscando a la Vieja de la Sal. La mayoría se va deseando no haberla encontrado nunca. La verdad es un plato amargo en esta costa, niña. —Señaló con un dedo huesudo hacia una cabaña solitaria situada en el punto más extremo del acantilado, casi colgando sobre el vacío.

El camino hacia la cabaña era estrecho y resbaladizo. El viento soplaba con tal fuerza que Astrid tuvo que apoyarse en Mason para no ser lanzada al abismo. Él la rodeó con su capa, protegiéndola del frío húmedo que calaba hasta los huesos. No habían hablado mucho desde lo ocurrido en la aurora; la revelación de que habían sido iguales en un pasado remoto colgaba entre ellos como una pregunta sin respuesta.

Llegaron a la puerta de madera carcomida por el salitre. Antes de que pudieran llamar, la puerta se abrió de golpe.

Dentro, la cabaña estaba llena de humo de algas secas y el aroma de hierbas amargas. Las paredes estaban cubiertas de huesos de ballena grabados con runas y frascos que contenían fluidos de colores extraños. En el centro, sentada frente a un cuenco de agua marina que reflejaba la luz de un fuego verde, estaba Freydis. Era una mujer de edad indefinida; su piel estaba tan arrugada y curtida por el sol y la sal que parecía cuero viejo, pero sus ojos eran de un azul eléctrico, tan claros y juveniles que resultaban inquietantes.

—Entrad, caminantes del ciclo —dijo Freydis sin mirarlos. Su voz era como el crujido de la arena bajo los pies—. He estado escuchando vuestros pasos en las olas desde hace tres días.

—¿Sabes por qué estamos aquí? —preguntó Ronan, entrando con cautela.

—Sé que traéis el acero de los Giff y el cristal de los Gnomos —dijo Freydis, levantándose lentamente. Sus huesos crujieron con un sonido seco—. Sé que la mística ha hablado con el Velo y que el demonio está empezando a recordar que una vez tuvo alas. Pero nada de eso importa si no estáis preparados para lo que se está gestando en la oscuridad de Balin.

Freydis hizo un gesto hacia el cuenco de agua. —Acercaos. Mirad lo que el mar me ha contado esta mañana.

Astrid y Mason se inclinaron sobre el cuenco. El agua, inicialmente tranquila, comenzó a agitarse. Las imágenes aparecieron de forma caótica: miles de Gnolls marchando, no como una turba desorganizada, sino como un ejército disciplinado bajo estandartes de sombra. Vieron a Balin sentado en un trono de hueso, sosteniendo el Anclaje de Eterio, que latía con una luz negra que consumía todo a su alrededor.

—Balin no solo quiere conquistar —explicó Freydis, su voz volviéndose solemne—. Él cree que el mundo está defectuoso porque permite el sufrimiento y el cambio. Quiere usar el Anclaje para detener el tiempo, para crear un estado de estasis eterna donde él sea el único pensamiento consciente. Un mundo sin muerte, pero también sin vida.

—¿Cómo lo detenemos? —preguntó Astrid, sintiendo que un frío real se instalaba en su estómago al ver la escala del ejército de su hermano.

Freydis miró a Astrid fijamente. —El espejo que buscáis os dará la clave de su debilidad, pero la confrontación final no será una batalla de ejércitos. Será una batalla de voluntades en el nexo del mundo. —La anciana suspiró y tomó un puñado de sal, lanzándolo al fuego, que estalló en llamas púrpuras—. Escuchad mi advertencia. El peligro que se avecina no es solo la fuerza bruta de Balin. Hay un traidor entre los que consideráis aliados, alguien cuya sombra ha sido comprada por la promesa de un lugar en el nuevo mundo de Balin.

Ronan puso la mano en su espada. —¿Quién?

—Si os lo dijera, el destino cambiaría y el resultado sería peor —dijo Freydis con una sonrisa triste—. La duda es una herramienta necesaria para la supervivencia. Pero hay algo más... una sombra antigua se está despertando. Silvanie, la Tejedora de Pesadillas, ha sentido vuestro rastro. Ella no sirve a Balin, pero odia a la luz tanto como él.

Freydis se acercó a Mason y le puso una mano en el pecho, justo sobre su corazón oscuro.

—Tú, demonio... serás el primero en ser tentado. Silvanie te ofrecerá lo que más deseas: el fin de tu ciclo, la muerte definitiva y el descanso para tu alma cansada. Si aceptas, Astrid caerá y el mundo con ella.

Mason apartó la mano de la anciana con un movimiento brusco. —He resistido tentaciones de dioses, vieja. Una bruja de las sombras no me hará flaquear.

—El orgullo es la grieta por donde entra el abismo —sentenció Freydis—. La confrontación que se avecina decidirá si el mundo vuelve a nacer o si se convierte en un monumento de piedra y sombra para siempre. El tiempo de las búsquedas está terminando. El tiempo de la sangre ha comenzado.

Salieron de la cabaña bajo un cielo que se había vuelto negro de tormenta. Las palabras de Freydis pesaban en el ambiente más que el propio viento. Astrid miró hacia el horizonte, donde los relámpagos iluminaban el mar embravecido. Se sentía pequeña, una pieza de ajedrez en un juego que se extendía por milenios.

—¿Crees que tiene razón? —preguntó Astrid a Mason mientras comenzaban el descenso—. ¿Sobre el traidor? ¿Sobre Silvanie?

Mason se detuvo y la miró, su expresión era una mezcla de resolución y una tristeza infinita.

—No lo sé, Astrid. Pero sé una cosa: no me importa lo que Silvanie me ofrezca. No hay descanso que valga la pena si significa dejarte sola en la oscuridad. Si el mundo tiene que arder para que tú vivas, yo mismo encenderé la antorcha.

Astrid quiso responder, pero un grito agudo de una gaviota la interrumpió. En la distancia, el cielo comenzó a rasgarse. No era una tormenta natural. Eran las nubes de sombra de Balin, que avanzaban como una marea imparable desde el este. La guerra ya no era una posibilidad lejana; estaba llamando a su puerta.

Freydis predijo un gran peligro que se avecinaba, una confrontación que decidiría el destino de su mundo.

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Adrianis López
Que protagonista tan inútil y ridícula
Lelu 🇺🇾
maravillosa!!! 🥰🥰🥰 historia fantástica!! 👏👏 Redacción y ortografía impecables!! 😁 agradezco infinitamente el haber compartido tu trabajo 🥰🥰😍
Lelu 🇺🇾
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 pobre Astrid!!! De Guate-mala a Guate-peor🤣🤣🤣🤣
Mónica Aulet
Que quería que los dejara vivos para tomar el té? todavía que la salva se queja porque los mato a todos
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