Las personas con discapacidad o condición especial ¿Pueden amar?.Acompáñame a conocer la historia de Diego un joven Asperger, enamorado de su amiga de siempre.
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capítulo 22, MEJORES MOMENTOS
Mili y Diego fueron a la sala con sus postres y Mili sacó varios snacks y bebidas, incluyendo una botella de vino. Se sentaron a ver la televisión, pero en realidad pasaron más tiempo conversando y mirándose el uno al otro que viendo la pantalla. Después de terminar su gaseosa, Mili abrió la botella de vino, lo que sorprendió a Diego cuando vio su copa.
"¿Qué es eso, Mili?" preguntó Diego.
"Una copa, Diego", respondió Mili, girando la botella. "Es un regalo de María, es un vino chileno".
"Sabes que no me gusta el alcohol, y no quiero que haya licor en mi casa", dijo Diego seriamente.
"Jajaja, esta también es mi casa, no se te olvide", respondió Mili riendo.
"¿Qué dices, Mili?" preguntó Diego, sorprendido.
"Sí, y no puedes hacer nada para cambiar eso", dijo Mili, solo para molestarlo. "Además, también haré algunos cambios".
"¿Algunos cambios?" preguntó Diego extrañado. Él amaba su casa y su decoración, así que no quería que cambiara nada.
"Sí, empezaré sacando el piano", dijo Mili sonriendo.
"Ah, está bien", respondió Diego. "Y yo sacaré tus tacones, que siempre dejas regados por todas partes", agregó con picardía.
"No te atrevas, pecoso", dijo Mili riendo.
"Ni tú tampoco, Pitufina", respondió Diego.
"¡Ah! ¡Te pasaste, Diego!", exclamó Mili, lanzándole algunos trozos de galletas.
"Oye, Mili, dame esa copa, no tomes eso", dijo Diego extendiendo su mano para quitársela, pero ella lo esquivaba riendo. Diego intentó varias veces, pero no podía quitársela hasta que se le ocurrió algo.
"Creí que le tenías fobia a los insectos", dijo Diego.
"¡Ah, sí, claro, no los soporto!", respondió Mili estremeciéndose.
Diego la miró fijamente, lo que hizo que Mili se pusiera nerviosa.
"¿Qué ocurre, Diego?" preguntó Mili, tragando grueso.
"Tienes un bicho ahí", dijo Diego.
"¿Dónde, dónde? ¡Quítamelo, quítamelo, ahhhh!", gritó Mili moviendo rápidamente sus piernas y agitando sus manos. Todo el vino se derramó en su cuerpo y en el piso, manchando la alfombra. Diego se reía a carcajadas y le dijo varias veces que no tenía nada, pero ella seguía brincando. Finalmente, Diego la sujetó por los hombros y, mirándola, le dijo:
Es broma, no tienes nada.
En serio, dime la verdad, Diego - con la respiración agitada.
No tienes nada, estaba bromeando, Mili - sonriendo con picardía.
En ese momento, ella se quedó quieta mirando a Diego y cuando él la vio toda llena de vino y su cabello despeinado, más risa le dio.
Ya basta, no te rías, no es gracioso, Diego - decía Mili con tono molesto.
Jajaja, lo siento Mili, aun así, toda desaliñada te ves hermosa.
Cállate, estoy molesta - Mili colocó la copa en la mesa y comenzó a caminar a su habitación. Diego se fue detrás de ella hablándole.
Ya discúlpame, fue solo una broma, Mili, ven discúlpame.
¡No! Vete, sabes que con eso no se juega - dijo Mili haciendo pucheros. Ella de verdad le tenía fobia a los insectos y más a los voladores, le causaban muchas sensaciones hasta náuseas y podía durar días sintiendo asco si algún insecto la tocaba.
Diego la termina de agarrar y la atrae a su cuerpo, pero de una vez le estampa un delicioso beso en sus labios, delicado pero con pasión. Mili se derretía en sus brazos y se dejaba llevar por la suavidad de ese beso. Diego se sentía que si la había conquistado, que si había ganado su corazón. Fue un beso largo, el primer beso que los dos se dieron ganas, porque ambos lo querían. Una vez que ya decidieron separarse, Diego le dice a Mili:
Mili, yo te quiero y deseaba besarte hace mucho tiempo - dijo Diego sosteniendo el rostro de Mili, quien tragaba grueso.
Yo también lo deseaba, Diego - dijo Mili sujetando las manos de Diego.
¿Entonces tú sientes lo mismo que yo? - dijo Diego emocionado.
Diego, yo no sé qué sientes tú, pero yo me siento que quiero estar contigo todo el tiempo, me siento feliz por cada logro tuyo y, sobre todo, me siento que me das paz, amor, protección...
Diego volvió a besar a Mili un poco más.
-Yo amo estar contigo, Mili, y deseo siempre cuidarte y protegerte, eres lo mejor que tengo.
-Solo quiero que dejemos claro algo y si esto no funciona, seguiremos siendo los mejores amigos del mundo.
-Siempre seremos los mejores amigos, no te preocupes por eso. ¿Entonces quiere decir que somos novios? -preguntó Diego.
-Bueno, en realidad ya somos esposos -respondió Mili.
-Sí, pero eso no vale para mí. ¿Entonces somos novios? -insistió Diego.
Está bien, sí Diego, entonces somos novios -cedió Mili.
Diego la abrazó muy fuerte y la levantó como si ella fuera una plumita. Ambos reían, hasta que Mili se puso seria.
- Diego, pero falta una cosa -dijo Mili.
- ¿Qué? -preguntó Diego bajándola.
- Que estoy molesta contigo por haberme asustado. Mira como me dejaste -respondió Mili.
- Jajaja, tú misma te dejaste así -respondió Diego.
Mili lo miró muy seria y entró a su habitación. Diego se quedó inmóvil frente a la puerta, luego se fue a tocar el piano. Pensaba: "¿Será esto a lo que se refieren cuando no entienden a las mujeres?". Luego de tocar, se acostó en el sofá y se puso a pensar en lo que había pasado.
Diego pensó: "Mili es mi hermosa, la amo. No se lo he dicho. Espero algún día poder decirlo, pero justo en este momento que la veo así, tan indefensa y asustada, más me atrae. Tanto que la atraigo hacia mi cuerpo y le doy un beso. Ya me estaba desesperando por besarla, por probarla nuevamente. La primera vez que la besé, sentí muchas sensaciones en mi cuerpo y no pude evitar una erección que me avergonzó delante de ella. ¿Qué pensaría? ¿Que soy un aberrado o un sinvergüenza? Pero la verdad, ese beso me gustó, aunque fue de práctica. Pero me gustó. Luego ella me besó. Eso me dejó muy confundido, pero gracias a Antonio, he podido canalizar todo lo que siento por Mili. Me siento más seguro de poder conquistarla, de mis sentimientos hacia ella y de lo que quiero vivir y lograr con ella. Este beso fue tan diferente. Sentí como ella también reaccionaba, como sus manos temblaban y su respiración se agitaba. Es el inicio de nuestra relación y trabajaré muy duro para que ella se sienta cómoda conmigo. Jamás voy a soltarte, Mili. Te amo".
Luego, Diego agarra la botella de vino que está en el piso y comienza a leerla y detallarla, y de pronto escucha:
- Creo que hay un bicho en mi cuarto -dice Mili con cara de susto.
-Mili, no hay nada. Tranquila, todo el apartamento tiene un sistema contra insectos y bichos. Nada te va a picar.
Es que siento que se me suben por el cuello. Es horrible esta sensación. No debiste asustarme.
¿Quieres que revise tu cuarto? -preguntó Diego.
-No, pero ¿será que me das un ladito allí en el sofá? No quiero estar sola en la habitación -señalando el sofá.
-Claro, amor. Ven, acuéstate conmigo -dijo Diego haciendo una seña con la mano y soltando el vino.
Diego se acomodó para que Mili se acostara junto a él. Ella se acurrucó en sus brazos y se arropó.
-Ya perdóname por asustarte con eso -lo decía besando a Mili en la cabeza, abrazándola.
-Que sea la última vez.
-Sí, lo prometo.
-¿Sabes que hoy pasó algo que, a pesar de lo malo, me encantó?
-¿Qué? -preguntó Diego con intriga.
-Que te vi reír a carcajadas. Creo que nunca te había visto reír así.
Diego dudó por lo que ella le estaba diciendo. Él no recordaba haber reído tanto y menos a carcajadas.
-¿En serio fue tanto así? Sí me causó risa, pero me reí a carcajadas.
-Sí, te reíste a carcajadas de mí -dijo Mili con voz chillona.
-Lo siento, de verdad no sé qué me pasó.
-Pero me encantó tu sonrisa, me encantó -dijo Mili apretándolo con sus brazos.
Diego pasaba su mano por el cabello de Mili hasta que se quedaron dormidos, abrazados, sintiendo cómo los latidos de sus corazones se alineaban en un solo latir. Pasaron una noche relajante donde ambos descansaron y allí amanecieron. Al día siguiente era sábado, así que podían dormir un poquito y levantarse más tarde. Diego tenía una cita, pero aún así se quedó observando el rostro de Mili. Era tan hermosa hasta sin maquillaje, todo despeinada, con ropa holgada. Suspiraba para él. Estar con Mili había sido los mejores momentos. Luego de admirarla, se levantó sin hacer mucho movimiento para que Mili no se despertara, tomó un café y no se duchó, solo lavó su cara y dientes, y se fue. Lo bueno es que ya no manejaría su auto. Ya tenía su chófer y guardaespaldas.
Al cabo de una hora, Mili despertó encontrándose sola en el sofá. Estaba desubicada y miraba a todos lados. Luego se sentó y recordó todo. Sonrió por haber dormido con Diego, pero luego se sintió asqueada al pensar en los bichos y sentía escalofríos. Respiró profundo e intentó calmarse. Se levantó, hizo su rutina de todos los días y luego preparó su desayuno.
Mili no entendía hacia dónde se iba Diego, por qué no le decía nada, con quién se reunía en la semana y los sábados también. Esto le empezó a causar curiosidad.
Diego llegó al mediodía. Mili ya había preparado el almuerzo, pero había dejado en la estufa una sopa a fuego bajo mientras ella tomaba una ducha rápida. Él entró y vio la sopa, pero como no estaba Mili, no la quiso apagar y se fue a duchar.
Mili se relajó tanto en el baño que olvidó por completo la sopa. Diego se metió a duchar despreocupado porque sabía que Mili estaría al pendiente de la sopa. Pasaron unos minutos. Mili salió del baño con una toalla cubriendo su cuerpo y otra en la cabeza. Agarró la crema hidratante y sintió olor a quemado. De pronto, recordó la sopa y cuando comenzó a dirigirse a la puerta, comenzó a sonar la alarma contra incendios.
Mili estaba tan asustada que corrió sujetando su toalla, pero resbaló y cayó dándose un golpe en la rodilla. Se levantó y siguió. Diego, que también estaba saliendo de la ducha, escuchó la alarma y salió corriendo a la cocina, donde se encontró con Mili colocando la olla en el fregadero dejando caer agua. Pero salía muchísimo humo. Esto fue lo que activó la alarma. Diego la desactivó inmediatamente antes de que llegaran los bomberos. Una vez que se disipó el humo, se miraron y vieron que Mili solo tenía alrededor de su cuerpo una mini toalla y Diego había alcanzado solo a colocarse un bóxer y estaba con su cabello despeinado.
-¿Qué fue eso? -dijo Diego asustado.
-Discúlpame, Diego. Me dejé llevar por la ducha relajante y lo olvidé por completo -respondió Mili.
-Se me vinieron millones de escenas feas a mi mente. Tengo el corazón acelerado -añadió Diego.
Lo siento mi amor, lo siento. respondio Mili con vergüenza.
Los dos se recostaron sobre el desayunador. Aunque ambos estaban desnudos, por así decirlo, no sentían vergüenza, pero era por la adrenalina del momento. Cuando ya se calmaron, Mili comenzó a reír y reír a carcajadas. Diego no entendía y solo fruncía el ceño.
- ¿Qué es tan gracioso, Mili? - preguntó Diego.
- Es que me da risa porque yo salí tan rápido que me caí y me golpeé la rodilla y aun así corrí. No sé por qué pensaba que tú te molestarías.
- Ay Mili, yo me asusté mucho. Creí que todo esto iba a estar prendido en fuego. Luego imaginé a papá diciéndome que me fuera a la mansión. Ja, ja, ja, ja.
Ambos reían pasando el susto y Mili se sobaba la rodilla.
- Déjame ver, ¿te duele mucho? - preguntó Diego.
- Sí me duele. El golpe fue de lleno ahí - dijo Mili quejándose del dolor.
Diego se inclinó un poco y revisó la rodilla de Mili.
- ¿Puedes caminar? - preguntó Diego.
- Creo que sí.
- Ven vamos, siéntate en el sillón - dijo Diego ayudando a Mili a caminar y dejándola en el sillón mientras él iba a buscar un ungüento. Él hizo todo muy rápido y se arrodilló frente a Mili y comenzó a aplicar el medicamento, haciendo movimientos en círculos. Mili se quejaba de que le dolía y él se preocupaba.
- Creo que mejor vamos al hospital - dijo Diego preocupado.
- No, no, tranquilo. Estoy bien. Si duele, pero estoy bien.