Cecilia Diaz esta pasando por un cambio emociona, su novio de toda la vida la engaña. En su trabajo su antiguo jefe se a jubilado y a dejado en manos la empresa para la cual ella trabaja a su sobrino que lejos de ser una persona responsable lo único que hace es cargar de trabajo a Cecilia y hacerle la vida imposible en el proceso.
Sebastián Grande es un hombre que esta acostumbrado a que le besen los talones, que con solo tronar sus dedos todas las mujeres caen a sus pies, pero ella, la que era mano derecha de su tío le muestra que no todo el mundo se arrastra por el.
Te invito a leer esta nueva historia, donde conoceremos un poco mas de la vida de Ceci y sus amigas.
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miedo
Termino de vestirme y le pido a Rosalía mi nana, la única mujer que me
a acompañado toda mi vida, que prepare un rico desayuno para Cecilia que se
encuentra en mi habitación tratando de vestirse, lo digo porque…
—¡Mole! Donde dejaste mi ropa —creo que me salió
una risita al escucharla decir aquello.
Mi plan seria dejarla que se pasee desnuda por todo el PH, pero no
creo que le guste la idea. Salgo de mi escondite, terminando de anudar mi
corbata para verla inspeccionar la habitación envuelta en una toalla blanca.
—Te ves mejor así —digo acercándome a ella para arrancarle la toalla
que cubre su bello cuerpo— mucho mejor —se para frente a mi con sus manos en
sus caderas.
—Piensas que iré así a la oficina, estas mal Grandote —finaliza
apuntándome con uno de sus finos dedos.
—Así te quiero todo el día, pero no me apetece compartir tu desnudez —digo
tomando su pequeña cintura entre mis manos para acercarla a mi. Es tan pequeña
que cabe en mi mano—. Ven, Afrodita, tu ropa esta aquí.
—Hoy tenemos una junta con la empresa de Daniel, presentaremos el
presupuesto y luego si es aprobada debemos ponernos manos a la obra rápido, se
nos esta amontonando trabajo —dice mientras se viste, esta mujer solo piensa en
trabajar.
—¿Qué Daniel? —pregunto, ella conoce mejor que yo a los clientes,
aunque a muchas femeninas me las conozco de derecho y de revés, sonrío con la
idea.
—El ceo de Trigamer, la empresa de juegos virtuales —dice ya con su
ropa interior colocada y lista para que se la saque de nuevo, mierda cuenta
hasta diez Sebastián sino no saldremos de esta habitación.
—Si creo que la conozco —murmuro desviando la mirada, es toda una
tentación mi Afrodita.
—Como sea, ya las diapositivas para el señor Robert deben estar listas
—sale del cuarto con la ropa puestas y reprimo un puchero—, la semana entrante
debemos planificar una nueva cita para presentarlas y luego llevar la grabación
de la publicidad. Debemos buscar los permisos para la presentación, Dios como
me encanta que esa publicidad sea en la playa.
—A mi también me gusta la idea de la playa —digo haciendo una mueca
perversa al imaginarme las cosas que podría hacerle en la playa, ella rueda los
ojos y niega mientras se coloca los tacones—. Ahora deja el trabajo para cuando
lleguemos a la oficina y vamos a desayunar que mi nana ya nos preparo el
desayuno.
—Eres un mandón, ¿Ya te lo había dicho? —pregunta y la miro como
diciendo ¿Enserio? No se cual de los dos es mas mandón que
el otro—. No me mires así que yo no soy mandona.
—Si claro, repítelo hasta que te lo creas —digo saliendo de mi habitación—.
Vamos bruja que mi café lo refiero caliente.
—Prefiero tu apodo de Afrodita al de bruja —creo que busca pelea esta
mujer.
—Y yo preferiría que me llames por mi nombre, pero solo cuando estas
excitada como lo haces —acato volteando para verla sonrojada, adorable.
—Apúrale que se enfría el café —dice pasando de mi y rompo en una
carcajada.
Al entrar a la cocina me encuentro con Rosalía haciendo sus quehaceres,
me mira y sonríe de forma maternal. Si ya se que ronda por su cabeza y la
verdad no se si desmentirlo.
Desayunamos escuchando a mi bruja contar anécdotas de su adolescencia
y nombra mucho a ese coso que era su novio. No quiero parecer un loco, pero con
gusto le borraría la memoria solo para que deje de nombrarlo.
Me encuentro con la mirada de mi nana, se ríe y sigue haciendo no se
que. Terminamos el desayuno y mi bruja se despide de mi nana. Me acerco a
saludarla.
—No arruines lo que tienes con esta joven ¿Si? —me susurra y yo solo beso su mejilla para seguir a mi mano derecha
junto con la izquierda, así de loco me tiene.
Pasa la semana y he descubierto que me estoy volviendo muy dependiente
de esta bruja. No puedo dejar de pensarla, tocarla, escucharla hablar de
cualquier cosa. Algunos dirán que eso es bueno, pero para mi es algo nuevo y
muchas veces las cosas nuevas causan miedo.
Y cuando el miedo se apodera de mi cometo alguna estupidez. Siendo fin
de semana y habiendo pasado casi todos los días junto a ella no solo en la
oficina, como era de esperarse me pidió que la dejara respirar y si no fuera
por eso no habría caído en cuenta de lo metido que estoy.
Llego a mi PH sin saber que hacer. Mi nana siempre se ocupa de mi
salvo los fines de semana que lo dedica a su familia. Como cosa nueva pienso
tirarme en el gran sillón de mi sala y ver algún partido de futbol o alguna
pelicula.
Todo plan queda derribado al recibir la llamada de mi amigo de toda la
vida.
Amigo de parrandas, amigo que le gusta tanto la joda como a mi, pero
hay un pequeño detalle. Siento que si salgo voy a cagarla, pero eso no impide
que le conteste de forma afirmativa a su invitación.
Salimos y como siempre terminamos en ese bar especial.
Voy con la idea de tomar un trago, pero al ver a mi amigo acompañado
de dos bellas mujeres, me quedo con la duda de si solo tomare una copa.
—Acá esta el hombre que le encanta hacer gemir a las mujeres —saluda presentándome
como lo que soy, un promiscuo de primera, cosa que ahora no se si seguirle el
juego.
—Javier, hola a ti también —digo sonriendo estrechando la mano de mi
amigo.
—Te presento a estas bellezas —dice y señala a un rubia pechugona—. Ella
es pamela —luego mira a su derecha donde tiene agarrada de la cintura a una
pelirroja de labios rellenos— y ella es mi dulce Virginia —señala y la chica se
sonroja cuando mi amigo pellizca sus nalgas.
—Encantado, soy Sebastián —me presento con ambas pera luego no recordar
nada mas de esa noche.
¿E mencionado que el miedo me llevaría a cometer una estupidez? Bueno,
acá estoy, despertando en mi PH sintiendo el calor corporal de alguien que al
fijar la mirada me encuentro con la melena de la rubia que en este momento no
recuerdo su nombre.
Enseguida salgo de mi cama como espantado, me dirijo a mi baño y mi
cuerpo esta cubierto de marcas, al parecer a la muy zorra le gusta las mordidas.
Estoy cubierto de ellas. Mierda.
¿Qué mas puede empeorar mi día? A si, el sonido del ascensor al
anunciarme que alguien a llegado, porque si, hoy habíamos quedado con mi bruja
en que iríamos a almorzar y luego ver una pelicula. Si todo una cursilería, que
acabo de arruinar.
—¡Grandote! ¡Ya despertaste! —la escucho decir al igual que sus pasos
al acercarse a mi habitación.
Me asomo tratando de detener el tiempo, de querer esconder a esa rubia
que no recuerdo ni como llego aquí, de querer hacer desaparecer la noche de
ayer. Todo en vano porque me encuentro con la mirada de mi bruja y no es una de
enojo, es una de decepción porque ella sabe como soy y su confianza pendía de
un hilo, hilo que acabo de cortar.