Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor
Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.
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Emergencia
El chat de la boda Bianchi - Conti llevaba tres semanas muerto. Solo stickers de Allegra, presupuestos del catering y Valentina peleando por el color de las servilletas.
Hasta que a las 3:17 pm apareció:
*Valentina Del Monte : EMERGENCIA. COMEDOR. TODOS LOS HOMBRES. EN MENOS DE UNA HORA. NO ES BROMA.*
Nadie preguntó por qué.
A las 4:02 pm la puerta del comedor principal de la mansión Bianchi se abrió de golpe. Uno tras otro.
Thiago entró primero, con la camisa a medio abotonar y la respiración agitada. Detrás, su padre Adriano, serio como siempre, con el saco en el brazo. Gabriel, el padre de Luna, con el rostro desencajado. Luego Mateo, Santiago y Gael, los gemelos que nunca llegaban temprano a nada, y al final Benjamín y Gael, los más pequeños, que todavía tenían cara de haber salido corriendo de una cafetería.
Ocho hombres. Todos de pie. Todos mirando a Allegra.
— Mamá, ¿cuál es la emergencia? — dijo Thiago, buscando con la mirada a Luna que no estaba.
Allegra estaba pálida, con las manos temblando sobre la mesa de mármol. A su lado, Valentina tenía los ojos rojos.
— Ay, hijo, ha pasado algo grave — susurró Allegra y tomó aire como si fuera a anunciar una muerte —. A tu futura esposa le robaron.
Un silencio incómodo.
— ¿Le robaron qué? ¿El coche? — preguntó Adriano frunciendo el ceño.
— El vestido — dijo Valentina seca.
Santiago, que estaba revisando su celular, rio sin levantar la vista.
— ¿Por un vestido están haciendo un escándalo? Mamá, es solo tela.
Fue como prenderle fuego a la casa.
Allegra se puso de pie de un salto. La silla rechinó contra el piso.
— ¡UN VESTIDO, SANTIAGO! ¡ESE VESTIDO ERA EL DE TU HERMANITA! ¡TU ÚNICA HERMANA! ¡Y DICES POR QUÉ HACEMOS UN ESCÁNDALO! — gritó, con la voz quebrada —. ¡Ese vestido lo eligió ella después de tres horas! ¡Era su sueño!
Santiago retrocedió un paso, sorprendido. Nadie le gritaba a Santiago.
— Mamá, gritándole a Santiago no va a aparecer el vestido de la enana — intervino Mateo, poniéndose entre los dos —. Tenemos tiempo. Podemos buscar un nuevo vestido y si no encontramos otro mejor que ese, pues atrasamos la boda hasta que encontremos uno nuevo.
Thiago negó con la cabeza al instante.
— No podemos atrasar la boda — dijo Thiago, y su voz sonó firme por primera vez —. ¿Qué va a decir la gente? ¿Que los Bianchi y Del Monte no pueden ni cuidar un vestido? Mira, podemos hacer esto: las mujeres van a todas las tiendas de todo Milán a buscar ese vestido perfecto para Luna, y Mateo las acompaña para que no les pase nada. Y los demás hombres buscamos al ladrón de ese vestido y hacemos el intento de recuperarlo.
Todos lo miraron. Tenía sentido.
Mateo se cruzó de brazos, pensativo.
— Tienes razón, cuñado. Ustedes buscan ese vestido, pero tú no lo puedes ver porque es de mala suerte — dijo mirando a Thiago —. Así que propongo algo. Nos vemos en 4 días. En 4 días para ver si ya tenemos noticias del vestido de la novia. Si va a ser uno nuevo o si recuperamos el otro. Mientras tanto, contratamos a la mejor agencia de seguridad de Milán para vigilar ya sea uno o hasta los dos vestidos. Y solo dos modistas de alta confianza pueden entrar y arreglar el vestido de mi hermana. Y cuando terminen, lo ponemos en una caja de seguridad que cambia la contraseña cada día. Y solo Luna y yo vamos a tener la contraseña de la caja. ¿Qué les parece?
Gabriel, que no había dicho nada hasta entonces, golpeó la mesa con la palma de la mano.
— Tiene razón. Vamos a hacer esto. Todo por mi princesa.
Y así se selló el pacto.
*Los 4 días más largos.*
El primer vestido no aparecía. Thiago, Adriano, Gabriel, Santiago, Gael, Benjamin y Leo removieron Milán. Cámaras de seguridad de la boutique, empleados, la chica del delivery, hasta el ex novio tóxico de la costurera. Nada. Era como si la tierra se lo hubiera tragado.
Mientras tanto, el escuadrón mujeres: Allegra, Valentina, Luna y Mateo de escolta, recorrieron todas las boutiques de Milán. Desde Via Montenapoleone donde un vestido cuesta lo mismo que un departamento que para ellos no era un problema, hasta las boutiques escondidas de media sociedad que solo conocen las abuelas.
Y ningún vestido le gustaba a Luna.
Se probó uno de encaje. Uno sirena. Uno minimalista. Uno con perlas. Se miraba al espejo, se tocaba la tela y negaba con la cabeza. Y todos sabían por qué.
Esa boda unos pesaban qué era por amor, paro Luna y Thiago sabían, que Luna odia a Thiago y Thiago amaba a Luna. Había sido por obligación. Por esa frase de su mejor amigo que un día le dijo "nos vamos a casar y tienes que decir que sí". Y aunque era por obligación, aunque se estaba casando con su mejor amigo y no con el amor de su vida, ella quería lucir hermosa ese día. Quería, por una vez, sentirse la protagonista y no el arreglo de un trato.
En la noche del tercer día, Luna lloró en el vestidor de la última tienda. Valentina la abrazó en silencio.
Fue entonces que Mateo llamó a Benjamín.
— Vámonos.
—¿A dónde?
— A Nueva York.
Mateo y Benjamín tomaron el primer vuelo a Nueva York sin decirle a nadie. 9 horas de ida. Entraron a Kleinfeld, a tres ateliers que solo atienden con cita. Hasta que en una pequeña boutique en el SoHo, colgado como si los estuviera esperando, lo vieron.
No era un vestido. Era EL vestido.
Regresaron a Milán al día siguiente, con el vestido en una funda negra enorme y con dos guardias de seguridad pagados por Adriano.
Toda la familia estaba de nuevo en el comedor Bianchi, menos Thiago
— Hermanita, ya tus hermanos se encargaron del asunto del vestido — dijo Benjamín, con ojeras pero sonriendo como un niño.
Luna levantó la vista. Tenía los ojos hinchados.
— ¿En serio?
Mateo no dijo nada. Solo bajó la funda y abrió el cierre con cuidado.
El silencio fue absoluto.
Era todo lo que Luna siempre quiso y nunca supo pedir. Corte princesa, de esos que te hacen sentir que flotas. Hombros descubiertos, delicados. La tela llena de brillo, pero no un brillo vulgar, sino como si le hubieran cosido estrellas. Brillaba con cada movimiento. Era hermoso, era elegante, era ella.
Luna se tapó la boca con las dos manos. Las lágrimas le empezaron a caer sin permiso.
— Hermanos... es muy bonito... y es mejor que el de antes — logró decir entre sollozos.
Allegra lloró. Valentina lloró. Hasta Gabriel tuvo que voltearse para que no lo vieran.
Luna corrió y abrazó a Mateo y a Benjamín al mismo tiempo.
Cinco días después de la emergencia, a las 3:17 pm, en el grupo de la boda Bianchi - Del Monte apareció un mensaje.
*Mateo Bianchi: Misión cumplida. Encontramos un nuevo vestido para la novia. 👰♀️✨*
Y abajo, una foto de la caja de seguridad cerrada.