Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 21: La torre de los fundadores
El improvisado puente de troncos crujió bajo los pasos de los cuatro estudiantes.
La corriente del río era fuerte, pero la estructura resistió.
Cuando Kael llegó al otro lado, extendió la mano para ayudar a Selene. Lucien cruzó inmediatamente después, mientras Lysandra era la última en abandonar la orilla.
—Lo logramos —dijo Kael con una sonrisa.
—Aún no —respondió Lysandra, observando la antigua torre frente a ellos—. La verdadera prueba recién comienza.
La torre era mucho más antigua de lo que parecía desde la distancia.
Sus paredes de piedra estaban cubiertas de musgo y enredaderas, y sobre la puerta principal había un relieve desgastado por el tiempo.
Lysandra se acercó lentamente.
Sintió un extraño cosquilleo en el dedo donde llevaba el anillo de la Casa Aster.
Volvió a aparecer el mismo símbolo.
Una estrella rodeada por un círculo.
Pero esta vez había cuatro figuras diferentes alrededor de ella.
—¿Qué significa esto...? —murmuró.
Lucien pasó la mano sobre la piedra.
—Hay inscripciones.
Selene limpió el polvo con un pañuelo.
Las antiguas letras comenzaron a distinguirse.
Kael leyó en voz alta:
—"Solo aquellos que confíen unos en otros podrán abrir el camino."
Los cuatro intercambiaron miradas.
—¿Será un acertijo? —preguntó Selene.
Lysandra negó lentamente.
—No... creo que es una prueba.
Empujaron la puerta.
Sorprendentemente, se abrió sin resistencia.
El interior estaba completamente oscuro.
Solo una tenue luz entraba por las pequeñas ventanas.
En el centro de la sala había cuatro pedestales de piedra.
Sobre cada uno descansaba una placa con un símbolo diferente.
Una espada.
Un libro.
Una balanza.
Y una estrella.
Lysandra sintió cómo el anillo emitía un leve brillo.
—No los toquen todavía.
Kael observó los pedestales.
—Parece que cada uno representa una virtud.
Lucien asintió.
—La espada podría simbolizar el valor.
Selene señaló el libro.
—El conocimiento.
Kael miró la balanza.
—La justicia.
Finalmente todos observaron la estrella.
Lysandra sonrió.
—La esperanza.
En ese instante, una voz grave resonó por toda la sala.
—Respuesta correcta.
Los cuatro dieron un pequeño salto del susto.
Del techo descendió lentamente una esfera de cristal que comenzó a iluminar el lugar.
La voz volvió a escucharse.
—Primera prueba superada.
De pronto, una puerta oculta se abrió al fondo de la habitación.
Tras ella aparecía un estrecho corredor.
Los cuatro avanzaron con cautela.
Al final encontraron una sala circular.
En el centro había una mesa de piedra.
Y sobre ella...
La bandera que debían recuperar.
Kael sonrió.
—Fue más fácil de lo que esperaba.
Pero cuando dio un paso hacia adelante, Lysandra lo detuvo.
—Espera.
Todos la miraron.
La niña observó el suelo.
Había pequeñas grietas formando un dibujo casi invisible.
—Hay un mecanismo.
Lucien se arrodilló.
Después de examinarlo unos segundos, levantó la vista.
—Tiene razón.
Si tomamos la bandera sin desactivar esto...
Probablemente activemos una trampa.
Selene soltó una pequeña risa.
—Cada vez me impresiona más.
Entre los cuatro comenzaron a buscar una solución.
Kael encontró una antigua palanca escondida detrás de una columna.
Lucien calculó cómo funcionaba el mecanismo.
Selene descubrió el orden correcto de las placas.
Y Lysandra unió todas las piezas.
Cuando accionaron la palanca...
El dibujo del suelo desapareció.
La trampa había sido desactivada.
Kael tomó finalmente la bandera.
En ese instante, la esfera de cristal volvió a iluminarse.
—Segunda prueba superada.
La cooperación prevalece sobre el orgullo.
Mientras abandonaban la torre, ninguno de ellos notó que, desde una de las ventanas superiores, una figura encapuchada los observaba.
No era un espía de Umbra.
Llevaba una túnica azul oscuro con bordados plateados.
Cuando los cuatro desaparecieron entre los árboles, sonrió con satisfacción.
—Así que el legado... por fin ha comenzado a despertar.
Al regresar al punto de partida, los profesores quedaron sorprendidos.
Ningún otro equipo había llegado todavía.
Lady Helena recibió la bandera con una sonrisa.
—Han trabajado mejor de lo que esperaba.
El director asintió.
—No ganaron porque fueran los más fuertes.
Ganaron porque supieron confiar unos en otros.
Los demás estudiantes comenzaron a aplaudir.
Incluso quienes habían sentido envidia no podían negar el resultado.
Sin embargo, mientras todos celebraban, Armand observaba la antigua torre a lo lejos.
Su expresión era más seria que nunca.
Porque había reconocido la figura que los vigilaba desde la ventana.
Y solo él sabía la verdad.
Aquella persona pertenecía a una orden desaparecida hacía más de trescientos años...
Los Guardianes del Legado.
Y si habían decidido mostrarse de nuevo, significaba que algo mucho más grande que Umbra estaba comenzando a moverse en las sombras del Imperio.