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MODO DIFÍCIL ACTIVADO

MODO DIFÍCIL ACTIVADO

Status: En proceso
Genre:Mujer fuerte/hombre frágil / Ascenso de clase social / Romance / Comedia
Popularitas:65
Nilai: 5
nombre de autor: Jan Vilar

Axel nunca tuvo talento.

No era el más inteligente.
No era el más fuerte.
No era el más popular.

Mientras otros avanzaban, él parecía quedarse atrás.

A sus 22 años, su vida era una colección de trabajos temporales, sueños abandonados y promesas que nunca cumplía. Cada día se parecía al anterior: levantarse cansado, trabajar por poco dinero y regresar a casa sintiendo que no estaba llegando a ninguna parte.

Pero una noche todo cambia.

Al escuchar a su madre llorar en silencio por las deudas y los problemas que amenazan a su familia, Axel comprende una verdad dolorosa: nadie vendrá a rescatarlo.

No existe un destino especial.

No existen los milagros.

No existe un camino fácil.

Si quiere una vida diferente, tendrá que construirla con sus propias manos.

Así comienza una batalla que durará años.

Una batalla contra la pobreza.

Contra el cansancio.

Contra el miedo.

Contra los errores.

Y, sobre todo, contra sí mismo.

En el camino conocerá a Sofía, una joven que parece tener la vida bajo control, aunque detrás de su sonrisa también esconde heridas que nadie imagina. Juntos descubrirán que crecer no significa volverse perfecto, sino aprender a seguir adelante incluso cuando todo parece perdido.

Entre fracasos, pequeñas victorias, amistades verdaderas, amores complicados y decisiones que cambiarán su futuro, Axel descubrirá que la disciplina duele, que los sueños tienen un precio y que convertirse en alguien mejor es mucho más difícil de lo que imaginaba.

Porque la vida nunca estuvo diseñada para ser fácil.

Y cuando el mundo te obliga a jugar en desventaja...

Solo queda una opción.

Activar el modo difícil.

NovelToon tiene autorización de Jan Vilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21 - El precio de crecer

El éxito tenía una cara que nadie mencionaba.

La mayoría hablaba de resultados.

De victorias.

De logros.

De metas cumplidas.

Pero casi nadie hablaba del precio.

Y Axel estaba a punto de descubrirlo.

Los días posteriores a la presentación fueron extraños.

Muy extraños.

Por fuera todo parecía ir bien.

Incluso mejor que antes.

Había realizado una gran exposición.

Había ganado confianza.

Había demostrado lo que era capaz de hacer.

Sin embargo...

Algo se sentía diferente.

Algo estaba cambiando.

Y no sabía exactamente qué era.

Lo descubrió una tarde cualquiera.

Mientras revisaba su teléfono.

Había más de cuarenta mensajes en el grupo de sus antiguos amigos.

Memes.

Bromas.

Invitaciones.

Conversaciones absurdas.

Lo normal.

Pero algo llamó su atención.

Llevaba días sin participar.

Quizás semanas.

Ni siquiera lo había notado.

Antes pasaba horas allí.

Ahora apenas entraba.

No por decisión.

Simplemente estaba ocupado.

Trabajo.

Programa.

Ejercicio.

Estudio.

Objetivos.

Responsabilidades.

Su vida era diferente.

Y por primera vez sintió culpa.

Esa noche salió con ellos.

Quería despejarse.

Relajarse.

Recordar viejos tiempos.

Durante los primeros minutos todo fue normal.

Risas.

Historias.

Bromas.

Pero poco a poco comenzó a sentirse fuera de lugar.

Extraño.

Como si estuviera observando desde afuera.

La conversación giraba alrededor de lo mismo de siempre.

Quejas.

Excusas.

Problemas.

Culpas.

Nada nuevo.

Nada diferente.

Nada que avanzara.

Y aquello le resultó incómodo.

Porque meses atrás él era exactamente igual.

—Hermano, deberías relajarte más.

Uno de ellos señaló su vaso.

—Siempre estás ocupado.

Otro asintió.

—Sí.

Pareces un anciano de cuarenta años.

Las risas llenaron la mesa.

Axel sonrió.

Pero por dentro algo se movió.

Porque no era la primera vez que escuchaba comentarios así.

Y probablemente no sería la última.

—Solo estoy trabajando en algunas cosas.

—Siempre dices eso.

—Porque es verdad.

—La vida también es para disfrutar.

Axel no respondió.

Porque estaba de acuerdo.

Pero también sabía algo.

Antes solo disfrutaba.

Ahora estaba construyendo.

Y ambas cosas no eran lo mismo.

Regresó a casa confundido.

Muy confundido.

Porque quería conservar esas amistades.

De verdad quería.

Pero comenzaba a sentir que caminaban en direcciones distintas.

No mejores.

No peores.

Distintas.

Y eso dolía.

Más de lo que esperaba.

Al día siguiente encontró a Sofía en el parque.

Como siempre.

Como si el universo hubiera firmado un contrato con aquella banca.

—Tengo un problema.

—Qué novedad.

—Gracias por tu apoyo.

—De nada.

Ella cerró el libro.

—¿Qué pasó?

Axel explicó todo.

La reunión.

Los comentarios.

La sensación de distancia.

La culpa.

La confusión.

Cuando terminó, Sofía permaneció pensativa.

Luego habló.

—Estás creciendo.

—Eso no responde nada.

—Sí responde.

—No.

—Sí.

Axel suspiró.

—Explícate.

Sofía observó el sendero del parque.

—Cuando una persona cambia...

Sus relaciones también cambian.

—Suena triste.

—A veces lo es.

—¿Entonces pierdes amigos?

—No necesariamente.

—¿Entonces?

—Descubres cuáles amistades pueden crecer contigo.

El silencio apareció entre ambos.

Porque aquella respuesta tenía sentido.

Mucho sentido.

—No todos los amigos están destinados a acompañarte toda la vida.

—Eso duele.

—Lo sé.

—Mucho.

—Lo sé.

Axel bajó la mirada.

Porque estaba entendiendo algo importante.

No estaba perdiendo personas.

Estaba cambiando.

Y el cambio modificaba todo.

Absolutamente todo.

Esa noche abrió la libreta.

Y escribió:

Crecer también significa dejar cosas atrás.

Observó la frase.

Luego añadió:

No porque sean malas.

Porque ya cumplieron su etapa.

Aquellas palabras fueron difíciles de escribir.

Porque representaban una verdad incómoda.

Algunas personas llegan para acompañarte una parte del camino.

No todo el camino.

Y aceptar eso requiere madurez.

Dos días después ocurrió algo inesperado.

Diego lo llamó.

—¿Estás ocupado?

—Un poco.

—Perfecto.

Necesito ayuda.

—Eso no suena perfecto.

—Para mí sí.

Axel soltó una risa.

—¿Qué pasó?

—Tengo una entrevista.

—¿Y?

—Estoy nervioso.

—¿Tú?

—Sí, yo.

—Pensé que eras inmune al miedo.

—Cállate.

Ambos comenzaron a reír.

Y mientras hablaban, Axel comprendió algo.

Estaba formando nuevas conexiones.

Nuevas amistades.

Nuevas relaciones.

Personas que compartían objetivos parecidos.

Y eso también era parte del crecimiento.

Antes de dormir escribió una última línea en la libreta.

Una línea que resumía todo lo aprendido durante la semana.

El precio de crecer no es perder personas.

Se quedó pensando.

Y añadió:

Es aceptar que no todos caminarán contigo para siempre.

Cerró el cuaderno.

Apagó la luz.

Y mientras observaba la oscuridad de su habitación comprendió algo.

El modo difícil no solo consistía en entrenar.

Ni en estudiar.

Ni en mejorar.

También consistía en aprender a despedirse de algunas versiones de tu vida.

Y esa era una de las lecciones más difíciles de todas.

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