Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Pequeño corazón
Tobías seguía caminando por el gran ático, maravillado por la cantidad de objetos antiguos que lo rodeaban.
—Sabía que te gustaban las antigüedades, pero nunca imaginé que tuvieras una colección tan grande de estas cosas...
Jack se acercó a él. Tobías observaba con asombro un casco de la Segunda Guerra Mundial.
Jack: Esta es mi pequeña colección....bueno no tan pequeña.
Mi madre me da algo de dinero cuando ayudo a limpiar la casa, y con eso compro objetos en el mercado de las pulgas o en tiendas de antigüedades.
Tobías: Ya veo, pero... ¿no son muy costosas estas cosas?
Jack: No, Tobi. Eso depende de lo que busques. Por ejemplo...
Jack tomó una pequeña silla que estaba arrinconada junto a la pared. Se subió a ella, estiró los brazos hacia la parte superior de un viejo mueble y sacó una caja polvorienta.
Tobías: Cuidado, te me vas a caer...
Jack: Ayúdame.
Jack le pasó la caja a su amigo. Era bastante pesada y parecía estar llena de objetos. Tobías la dejó en el suelo y luego le tendió la mano para ayudarlo a bajar.
Jack: En esta caja guardo las antigüedades más costosas que he podido comprar: una radio de 1940, un sombrero antiguo, un arma vieja... varias cosas.
Tobías: Si son tan valiosas, ¿por qué las tienes guardadas en una caja llenándose de polvo? Igual que todo lo demás aquí arriba.
Jack se cruzó de brazos y se acercó un poco más a Tobías.
Jack: Es que, desde que empezaron a escucharse esos ruidos por las noches, no me atrevo a subir aquí solo para organizar todo esto...
Tobías: ¿Y entonces quieres que yo sea tu mayordomo o algo así?
Jack le dedicó una sonrisa encantadora, de esas que parecían cuidadosamente diseñadas para convencer a cualquiera.
Tobías: ¡No! No haré tus deberes, tonto.
Jack: ¡Te traeré jugo! Tu jugo favorito. Y después podemos comer más helado. Además, yo también ayudaré. Será un trabajo en equipo, ¿sí?
Tobías frunció el ceño y siguió caminando entre los enormes estantes, observando más objetos antiguos. Jack lo seguía de cerca, intentando convencerlo.
Jack: Vamos, Tobi... Sé que eres ordenado y muy limpio. No te gusta el desorden. Ayúdame a ser como tú.
Tobías: Una cosa es ayudarte, como hice con tu patio trasero. y otra muy distinta es convertirme en tu mayordomo o en tu robot limpiador.
Jack: Siempre exageras. Ya te dije que te ayudaré. Además, así matamos el tiempo. Hay muchas cosas en esas cajas que seguro te encantarán. Sería un sueño para mí convertir este lugar en un museo de antigüedades... ¿sí?
Tobías se volvió para mirarlo.
Jack tenía una expresión de absoluta lástima, como la de un niño que intenta convencer a su madre de comprarle un dulce.
Y, por desgracia para Tobías, esa estrategia casi siempre funcionaba.
Tobías tomó un viejo diario que descansaba sobre una de las cajas mientras observaba su cubierta desgastada.
Jack: Em... ese diario perteneció a un asesino serial.
Tobías: ¡¿Qué?!
Tobías soltó el cuaderno de inmediato y se sacudió las manos como si acabara de tocar algo peligroso.
Jack lo observó durante unos segundos antes de estallar en carcajadas.
Tobías: ¡Tonto! Ya veo por qué te asustan los ruidos de este lugar. Está lleno de cosas extrañas...
Jack: Solo era una broma. Es un cuaderno completamente normal.
Tobías: De verdad te pasas...
Jack: Entonces... ¿me ayudarás?
Te pagaré con un tazón de helado grande.
Tobías no respondió enseguida.
Su atención se había desviado hacia el hermoso gato de Jack, que en ese momento escalaba con total tranquilidad uno de los estantes más altos del ático.
Tobías: Bueno... pero solo si tu gato nos ayuda.
Jack: ¡Sí!
Jack señaló al felino con entusiasmo.
— Él espantará a los espectros — Decía Jack emocionado
Tobías soltó una pequeña risa y volvió la mirada hacia su amigo.
A veces no entendía cómo alguien podía ser tan extraño.
Y, aun así, resultar tan agradable.
Mientras Jack sonreía satisfecho por haber conseguido ayuda, un pensamiento cruzó la mente de Tobías.
"Eres tan raro... y tan encantador, pequeño tonto."
—Bien, manos a la obra —exclamó Tobías.
De inmediato tomó una caja y comenzó a quitar el polvo de la tapa con un pedazo de tela que Jack le había pasado.
Jack sonrió triunfante, como si acabara de ganar una batalla muy importante.
Jack: Sabía que aceptarías.
Tobías: No te emociones. Estoy aquí por el gato.
El gato maulló desde lo alto del estante, como si aprobara aquella decisión.
Jack lo observó con felicidad y ternura. Su mirada parecía casi hipnotizada.
Jack: Se llama Miaucito.
Tobías: Ya lo sé, Jack. Yo te lo regalé...
Jack salió de su trance y comenzó a mover algunas cajas polvorientas.
Jack: Estaba hablando conmigo mismo. Claro que recuerdo cuando me lo regalaste. Era solo un pequeño torpe.
Tobías: ¿Quién? ¿Tú o el gato?
Jack: ¡El gato, tonto!
Tobías: Tú también eras pequeño en ese entonces... y torpe. Aunque eso último todavía lo conservas.
Jack dejó de limpiar y miró a Tobías con expresión seria.
Tobías: ¿Qué? ¿Vas a pegarme?
Jack soltó un gemido de inconformidad y continuó limpiando.
Tobías: Oye, no te enojes...
Jack: Para que tú logres hacerme enojar de verdad, tendrías que desearme la muerte o golpearme salvajemente.
Tobías: Jamás haría algo así.
Jack: Entonces nunca me enojaré contigo.
Jack sonrió mientras seguía limpiando.
—Yo, por otro lado, te hago enojar muy fácilmente — Dijo Jack mientras tarareaba una canción.
Tobías tomó un trapo más grande y empezó a limpiar uno de los estantes.
Tobías: No me haces enojar fácilmente. Me preocupas fácilmente.
Jack levantó la mirada.
Jack: ¿Qué?
Tobías: Haces muchas cosas que me preocupan. Como cuando hablas mal de ti mismo o actúas como si no importaras.
Jack guardó silencio durante unos segundos.
Jack: No me odio...
Tobías: Bueno... eso espero.
Jack se arrodilló junto a una de las cajas y comenzó a rebuscar entre los objetos.
—Mira esto —Dijo emocionado.
Sacó una pequeña brújula de latón y se la mostró a Tobías.
Tobías: ¿Funciona?
Jack: Creo que sí... aunque no tiene aguja..
Tobías: Qué útil.
Jack soltó una risita.
En ese momento, el gato saltó desde el estante y aterrizó sobre otra caja, haciendo que una nube de polvo se levantara por el aire.
Ambos comenzaron a toser.
Tobías: Tu asistente no parece muy profesional.
Jack: Está haciendo su mejor esfuerzo.
El gato de inmediato se sacudió el polvo y volvió a subirse a otro de los estantes altos.
Tobías: Y miralo...ni siquiera ordena su desastre..no le pagaremos..
Jack: Jajaja