Si siempre estás en busca de un giro inesperado este es el lugar equivocado... o tal ves no ... ups, ya dije demasiado.
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capítulo 21
La luz del sol se colaba suavemente por la ventana de la habitación, tocando suavemente su cara y despertándola poco a poco y con una suavidad dulce para su rostro. Abrió los ojos con pesadez, todavía con los recuerdos borrosos de la noche anterior, esa noche en la que había llegado perdida entre el alcohol y la confusión, y en la que entre sus brazos había encontrado refugio y calor. Se sentó despacio en la cama, se pasó una mano por el pelo revuelto y miró a su alrededor: la habitación estaba ordenada, olía a limpio y a algo delicioso que venía de fuera, era muy probable que ella misma no había sido la responsable para un acto tan decente como ese.
Se puso de pie, se acomodó la ropa y caminó descalza hacia la puerta,pareciendo que hiba guiándose por ese olor que le abría el apetito y le despertaba la curiosidad. Al salir al pasillo, se detuvo en seco, con la boca ligeramente abierta por la sorpresa.
En la mesa del comedor, todo estaba perfecto. Neithan había preparado algo que parecía más una obra de arte que un simple desayuno. Había platos con frutas cortadas en formas delicadas, coloridas y frescas; panes recién horneados y de los cuales provenían de la repostería favorita de ella, con mantequilla y mermelada dispuestos con mucho cuidado; huevos preparados de formas distintas pero siendo los revueltos los encontrados con abundancia, jugos naturales de varios sabores, café humeante servido en tazas de porcelana fina, y hasta unas pequeñas flores en el centro que le daban un toque hermoso y acogedor. Todo estaba puesto con una precisión y un cariño que ella hacía muchísimo tiempo no veía en él, y que le recordaba solamente al niño tierno y encantador que se portaba bien con ella por la posición que ocupaba en la casa.
Neithan estaba de pie al lado de la mesa, esperándola. No tenía esa cara de fastidio, ni esa mirada fría y cortante de los últimos meses. Al contrario, la miraba con una ternura profunda, con los ojos brillantes, con esa luz que creía perdida para siempre y que volvió de un rincón escondido para quedarse quizás por un tiempo más que lo esperado. Se acercó a ella despacio, como si nada de lo ocurrido hubiera pasado, y le tomó suavemente la mano para guiarla hasta su silla, ayudándola a sentarse con una delicadeza extrema.
—Buenos días, mi querida —le dijo en voz baja, con una sonrisa que le llegaba hasta los ojos—. Espero que hayas descansado bien. Quería que al despertarte lo primero que sintieras fuera algo bonito, algo que te dijera sin palabras lo importante que eres para mí, algo que a lo mejor no habías visto en mi desde hace mucho tiempo.
Ella lo miraba sin saber qué decir, totalmente confundida. No entendía nada. Hace apenas unos días no se soportaban, se decían cosas horribles, se trataban con indiferencia y desprecio. Él se aburría de ella, ella le causaba fastidio… y ahora estaba ahí, frente a ella, con un desayuno que parecía de cuento y una actitud que no reconocía del todo. Se quedó callada, mirándolo, con una mezcla de extrañeza y una chispa de algo que empezaba a moverse dentro de su pecho, algo que quizás podría semejarse a curiosidad, eso es, simplemente curiosidad.
Neithan se sentó frente a ella, se inclinó un poco sobre la mesa y comenzó a hablar, y su voz, suave al principio, se fue volviendo profunda, cargada de deseo, de pasión y de todo lo que le había guardado y descubierto en su interior. Sus palabras eran dulces, sí, pero también ardientes, llenas de lujuria contenida, de amor auténtico y de esa necesidad inmensa de hacerla suya, de conquistarla por completo.
—Te preparé esto con mis propias manos, pensando en cada detalle, pensando solo en ti —empezó a decir, clavando sus ojos en los de ella, una mirada que recorría cada parte de su cara, cada curva de su cuerpo con una intensidad que le hizo estremecer por completo —. Porque tú te mereces que todo lo que te rodea sea hermoso, tú te mereces que el mundo entero se detenga para servirte, para adorarte, para reconocer lo maravillosa que eres. A veces debo admitir que fui un total ciego, una persona estúpida que no supo ver lo que tenía enfrente. Dejé que la costumbre y la rutina me quitaran el gusto de admirarte, de desearte, de amarte como te mereces. Pero ya se me abrieron los ojos, amor. Ya entendí todo, ese hombre que alguna vez me contaste que necesitabas, definitivamente está hablando contigo ahora mismo.
Hizo una pausa, tomó un sorbo de café sin dejar de mirarla, y su voz se volvió más grave, más cargada de esa pasión que quemaba en su pecho.
—No tienes idea de cómo me duele pensar que hubo otros ojos que te miraron como yo te miro, que hubo otras manos que tocaron tu piel suave, que hubo otros labios que probaron lo que solo a mí me pertenece. Daniel… él no es nada, te lo aseguro. Porque él solo pudo tener un pedazo de tu tiempo, un momento de confusión, un rato en el que tú buscabas lo que yo ya no te daba. Pero él no tiene tu alma, no tiene tu esencia, no tiene ese fuego que llevas dentro y que a mí me consume de amor y de deseo cada vez que te tengo cerca. —Se pasó una mano por el pelo, visiblemente alterado por lo que sentía, y siguió, con palabras que eran pura miel y pura llama—. Me muero de celos, sí, me quema por dentro solo pensar que otro pudo sentir tu calor, pudo escuchar tu voz diciendo cosas bonitas, pudo ver esa sonrisa tuya que ahora sé que es lo que me da la vida. Pero esos celos ya no son rabia, querida mía. Son hambre de ti, son ganas de recuperarte, de hacerte mía de nuevo y para siempre, de grabarme en tu piel y en tu mente tan profundo que nunca, nunca más puedas pensar en nadie que no sea yo.
Se inclinó más hacia adelante, acercando su cara a la de ella a través de la mesa, y sus palabras se volvieron más candentes, más íntimas, cargadas de una lujuria desbordada que salía de lo más hondo de su ser.
—Eres lo más hermoso que existe. Cuando te veo, no solo veo a la mujer que amo, veo el deseo hecho carne, veo todo lo que quiero tocar, todo lo que quiero probar, todo lo que quiero hacer mío una y mil veces sin descanso. Me encanta cada parte de ti: tu pelo que huele a cielo, tus ojos que me miran y me desarman, tu boca que me vuelve loco solo de imaginar cómo se siente contra la mía, tu cuerpo perfecto que me llama, que me pide, que me exige que lo adore como se debe. Te he deseado desde el primer día, y ahora te deseo el doble, el triple, mil veces más fuerte que antes. Porque ahora sé que no es solo atracción, no es solo el gusto de lo prohibido… es que tú eres mi vida, eres mi todo, eres el único ser capaz de hacerme sentir este fuego que no se apaga, que crece y crece cada vez que te respiro.
Le pasó la mirada lentamente por el cuello, por el escote, bajando despacio como si la estuviera acariciando con los ojos nada más, y su voz se hizo un susurro ronco, cargado de una pasión incontrolable.
—Quiero volver a conocerte, quiero volver a conquistarte, pero esta vez con amor de verdad, con un amor que te llene, que te cubra, que te haga sentir la mujer más amada y más deseada del universo. Quiero hacerte cosas que nunca imaginaste, quiero que goces conmigo hasta perder el sentido, quiero que cada vez que estés entre mis brazos sepas que ahí es tu lugar, que ahí es donde perteneces. Me da igual el pasado, me da igual lo que pasó o lo que dejamos de hacer. Lo único que me importa es que tú eres el amor de mi vida, la dueña absoluta de mis ganas, de mi corazón y de todo lo que soy. Y te juro, querida mia, que a partir de hoy, voy a hacer que te sientas como una reina, voy a llenarte de detalles, de palabras dulces y de pasión infinita, hasta que tú también te des cuenta de que conmigo es donde debes estar, y que nadie, absolutamente nadie, podrá jamás amarte ni desearte con la fuerza y la locura con la que yo te amo y te deseo a ti.
Ella seguía sentada, inmóvil, con el tenedor en la mano sin haber probado bocado, totalmente atónita. No sabía qué responder. Esas palabras, tan cargadas de sentimiento, de ternura, de posesión y de un deseo que casi se podía tocar en el aire, la habían dejado sin habla. Todo lo que habían vivido, el odio, el aburrimiento, la indiferencia, parecía haberse desvanecido bajo ese torrente de palabras ardientes y sinceras. Lo miraba y veía a un hombre nuevo, pero al mismo tiempo al mismo hombre que un día le había robado el corazón, pero ahora con algo más: con la certeza absoluta de que ella era todo para él, y con la determinación de hacerla suya de la forma más auténtica y completa posible.
Neithan sonrió al verla así, confundida pero cautivada, y le extendió la mano por encima de la mesa, buscando la suya.
—Así que no se si te agrade la idea de irnos a algún otro lado, pero antes... —le dijo con voz suave pero firme—. Prueba este desayuno, prueba todo lo que he preparado para ti, y empieza a acostumbrarte, porque de ahora en adelante, cada día será así: lleno de cosas bonitas, lleno de amor, lleno de mí, lleno de todo lo que te mereces y mucho más porque ahora sí ya no te voy a comer a dejar ir ya que te tengo conmigo una vez más.