Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.
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CAPITULO 21: "LA LUZ DETRÁS DEL ABISMO"
Capítulo — Bajo la Corriente Fantasma
Kai seguía sosteniéndome.
Incluso después de que las profundidades comenzaran a temblar alrededor nuestro.
El océano rugía.
Las cadenas de las criaturas dormidas resonaban bajo la Corriente Fantasma como campanas gigantescas.
Pero él no me soltaba.
La luz azul de la cruz bendecida atravesaba el agua oscura alrededor de nosotros.
No iluminaba demasiado.
Solo lo suficiente para verlo.
Su expresión tensa.
Su respiración contenida.
Sus ojos grises clavados en mí como si estuviera comprobando constantemente que seguía allí.
Viva.
Real.
La marca debajo de mi clavícula seguía ardiendo.
Pero ya no sentía aquella presencia inmensa observándome.
Solo el océano.
Y las criaturas antiguas moviéndose lentamente bajo nosotros.
Kai señaló hacia arriba otra vez.
Debíamos salir.
Asentí finalmente.
Él suspiró apenas aliviado.
Y entonces empezó a subir conmigo entre la Corriente Fantasma.
El agua parecía resistirse.
Las profundidades no querían dejarnos ir.
Sombras enormes se movían cerca nuestro.
Demasiado cerca.
Pero cada vez que se aproximaban…
la cruz bendecida brillaba.
Y las criaturas retrocedían lentamente.
Como si reconocieran algo peligroso en ella.
Kai seguía sujetándome de la mano mientras ascendíamos.
Firme.
Sin dudar ni una sola vez.
El océano comenzó a aclararse apenas sobre nosotros.
Entonces escuchamos el rugido.
El Luk’s Stray.
O lo que quedaba de él.
La cubierta estaba destrozada.
Las almas perdidas seguían rodeando el barco intentando mantenerlo unido mientras criaturas de la Corriente chocaban contra ellas desde todos lados.
La capitana permanecía de pie junto al timón destruido.
Cubierta de sangre negra.
Sosteniendo el barco con pura voluntad.
Y probablemente con odio.
Kai salió primero del agua sujetándose de una cuerda rota.
Después tiró de mí hacia arriba antes de que pudiera ayudarme sola.
Caí sobre la cubierta jadeando agua salada.
Todo el cuerpo me temblaba.
Kai subió detrás mío inmediatamente.
Empapado.
Respirando agitado.
La tripulación soltó exhalaciones de alivio al vernos vivos.
La capitana también.
Aunque intentó disimularlo.
—Pensé que los había perdido.
Kai todavía estaba arrodillado a mi lado.
—Nosotros también, sinceramente.
Eso me arrancó una risa pequeña entre la tos.
Kai giró apenas hacia mí al escucharla.
Y sonrió.
Cansado.
El barco volvió a sacudirse violentamente.
Una criatura chocó contra el costado.
Las almas perdidas se lanzaron sobre ella inmediatamente.
El impacto atravesó toda la cubierta.
Kai se puso de pie rápido.
Y luego me ofreció una mano.
Simple.
Natural.
Como si ni siquiera lo pensara.
La miré un segundo.
Después la tomé.
Su mano estaba helada por el océano.
Pero el contacto seguía sintiéndose extrañamente cálido.
Kai tiró suavemente de mí para levantarme.
—¿Puedes caminar?
—Sí.
—Excelente porque personalmente me encantaría dejar de casi morir por cinco minutos.
La capitana soltó una risa seca desde el timón.
—Pides demasiado.
Otra ola golpeó el barco.
Las almas alrededor comenzaron a desvanecerse una tras otra.
Se estaban agotando.
La Corriente Fantasma seguía intentando arrastrarnos hacia las profundidades.
Kai miró alrededor.
La mitad de la cubierta estaba destruida.
El mástil principal apenas seguía unido al barco.
—Bueno.
Se pasó una mano mojada por el rostro.
—Tengo buenas y malas noticias.
Lo miré cansada.
—¿Cuáles son las buenas?
Kai señaló hacia adelante.
A través de la oscuridad…
una línea pálida comenzaba a aparecer en el horizonte.
Como luz atravesando niebla negra.
La salida de la Corriente Fantasma.
—Seguimos vivos.
—¿Y las malas?
El Luk’s Stray crujió de forma horrible debajo de nosotros.
Kai observó el barco unos segundos.
—Este pedazo de madera traumado probablemente tiene tres minutos antes de explotar emocionalmente.
Eso hizo que incluso algunos marineros soltaran pequeñas risas nerviosas.
Y por un momento…
solo uno…
el miedo disminuyó.
Kai volvió a mirarme entonces.
Más tranquilo ahora.
Más serio.
Sus ojos bajaron apenas hacia la luz dorada debilitándose bajo mi clavícula.
—¿Eso sigue doliendo?
La pregunta me tomó desprevenida.
Porque no sonó curiosa.
Ni asustada.
Sonó… preocupada.
Aparté la vista un segundo.
—Un poco.
Kai frunció apenas el ceño.
Como si no le gustara esa respuesta.
Pero no insistió.
Nunca insistía demasiado cuando notaba que algo realmente me afectaba.
Y eso…
eso empezaba a doler de una manera distinta.
El barco volvió a rugir.
La salida de la Corriente Fantasma estaba cada vez más cerca.
Y debajo del océano oscuro…
algo enorme seguía moviéndose lentamente bajo nosotros.
Observando.
Esperando.
Pero ya no parecía querer arrastrarme hacia abajo.
Era como si las profundidades supieran algo que yo todavía no entendía.
La capitana levantó la voz:
—¡Sujetense! ¡Último impacto!
Las criaturas de la Corriente surgieron detrás del barco al mismo tiempo.
Sombras gigantescas avanzando entre el agua negra.
Las almas perdidas chocaron contra ellas en un destello plateado.
El Luk’s Stray aceleró hacia la luz.
Kai se movió instintivamente delante de mí otra vez.
Protegiéndome del impacto antes incluso de que ocurriera.
Y honestamente…
creo que él ni siquiera se daba cuenta de que lo hacía ya.
—¡Último impacto! —gritó la capitana.
Las almas perdidas se lanzaron contra las criaturas de la Corriente Fantasma.
El océano explotó detrás del Luk’s Stray.
Destellos plateados iluminaron la oscuridad líquida mientras los espíritus se desintegraban uno tras otro para abrirnos camino.
Kai seguía delante de mí.
Una mano apoyada contra parte del mástil roto para mantener el equilibrio.
La otra cerca de la espada.
Siempre listo.
Siempre esperando el siguiente desastre.
El barco avanzó violentamente hacia la línea de luz en el horizonte.
Y entonces algo golpeó desde abajo.
La cubierta crujió de una forma horrible.
Demasiado horrible.
Kai reaccionó antes que nadie.
Giró apenas hacia mí y me sujetó de la cintura justo cuando el suelo se inclinaba violentamente.
El impacto me lanzó directamente contra él.
Su brazo me sostuvo firme.
Mi mano terminó aferrándose a su ropa mojada por puro reflejo.
Después…
silencio.
El barco atravesó la niebla negra de la Corriente Fantasma.
Y el mundo cambió.
La oscuridad desapareció de golpe.
El océano volvió a ser océano.
Azul profundo.
Real.
El viento regresó violentamente contra el barco.
La luz gris del amanecer atravesó las nubes.
Podía respirar sin sentir que algo me observaba desde abajo.
La tripulación quedó inmóvil unos segundos.
Como si nadie creyera que realmente habían salido.
Después comenzaron los sonidos.
Personas riendo nerviosamente.
Otros llorando.
Algunos simplemente cayendo al suelo agotados.
Las últimas almas perdidas alrededor del barco se deshicieron lentamente en partículas plateadas.
La capitana las observó desaparecer en silencio.
Y por un segundo…
pareció triste.
Terriblemente triste.
Kai todavía me seguía sosteniendo.
Creo que ninguno de los dos lo notó enseguida.
Hasta que el barco volvió a inclinarse un poco.
No por monstruos esta vez.
Porque literalmente estaba rompiéndose.
Kai miró alrededor.
La mitad del Luk’s Stray estaba destruida.
El mástil principal colgaba apenas unido por cuerdas.
Había agujeros enormes en la cubierta.
—Bueno —murmuró—. Técnicamente seguimos flotando.
La capitana se pasó una mano ensangrentada por el rostro.
—Por milagro.
Kai finalmente bajó la vista hacia mí.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Sus ojos grises seguían llenos de tensión.
Como si todavía esperara que algo saliera del océano para arrastrarme otra vez.
—¿Estás herida?
Negué apenas con la cabeza.
Kai soltó aire lentamente.
Y recién entonces pareció darse cuenta de que seguía abrazándome.
Me soltó un poco rápido.
—Ah.
Desvió la mirada apenas.
—Bueno. Genial. Excelente. Nadie murió inmediatamente.
Eso me hizo sonreír.
Kai me vio hacerlo de reojo.
Y sonrió también.
Solo un segundo.
Después señaló el océano detrás de nosotros.
—Igual creo que oficialmente odio el agua ahora.
—Pensé que ya la odiabas antes.
—Ahora la odio con experiencia.
Solté una risa pequeña.
Y por alguna razón…
eso pareció relajarlo más que salir vivos de la Corriente Fantasma.
La capitana comenzó a dar órdenes rápidamente.
Los marineros se movieron intentando salvar lo que quedaba del barco.
Algunos cerraban grietas.
Otros levantaban velas rotas.
El Luk’s Stray seguía avanzando lentamente sobre el océano gris.
Dañado.
Casi destruido.
Pero vivo.
Como nosotros.
Me acerqué apenas a la baranda rota.
El mar estaba tranquilo ahora.
Demasiado tranquilo después de todo aquello.
Miré mi reflejo deformado sobre el agua.
Y la luz dorada bajo mi clavícula apareció apenas otra vez.
Débil.
Latente.
La escondí rápidamente bajo la ropa.
Pero Kai ya lo había visto.
Claro que sí.
Se acercó a mi lado sin decir nada al principio.
El viento movía su cabello todavía húmedo.
Tenía pequeños cortes en el rostro.
Y aun así seguía actuando como si todo fuera una situación apenas incómoda.
—Entonces… —murmuró mirando el océano—. ¿Quieres contarme por qué las profundidades parecen obsesionadas contigo?
Tragué saliva.
—No lo sé.
Kai me observó unos segundos.
Y aunque claramente no me creyó del todo…
asintió igual.
Como si entendiera que yo tampoco tenía respuestas.
Eso me alivió más de lo que debería.
El silencio entre nosotros no se sintió incómodo esta vez.
Solo cansado.
Compartido.
El barco avanzó lentamente mientras el amanecer terminaba de aparecer sobre el océano.
Entonces Kai habló otra vez.
Más bajo.
—Cuando caíste…
Lo miré.
Él seguía mirando el mar.
—Pensé que no iba a alcanzarte.
Mi pecho se tensó apenas.
Kai soltó una pequeña risa sin humor.
—Y descubrí algo horrible.
—¿Qué cosa?
Giró apenas hacia mí.
—Que aparentemente estoy lo suficientemente desesperado como para lanzarme a un océano maldito por ti...
Una risa cansada apareció de golpe.
Suave.
Pero verdadera.
Kai sonrió al escucharla y el océano no se sintió frío.