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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“La Noche Más Larga”

📖 CAPÍTULO 17

“La Noche Más Larga”

Las luces del hospital siempre parecían más frías de madrugada.

Como si el cansancio también viviera ahí.

Nicolás estaba sentado en una silla metálica mientras una enfermera le tomaba la presión.

Silencio.

El sonido de máquinas lejanas.

Pasos rápidos.

Puertas abriéndose y cerrándose.

Y él…

cada vez más agotado.

—¿Dolor en el pecho desde cuándo? —preguntó la enfermera.

—Hace rato…

—¿Cuánto es “hace rato”?

Nicolás soltó una pequeña risa cansada.

—Semanas.

La mujer levantó la mirada.

—¿Y hasta ahora viene?

No respondió.

Porque la verdad era simple:

Había pasado la vida huyendo de todo.

Incluso de sí mismo.

Julián seguía sentado al otro lado de la sala.

Serio.

Callado.

Eso era lo que más asustaba.

Cuando Julián dejaba de hacer chistes…

era porque de verdad estaba preocupado.

Un médico apareció minutos después.

—Nicolás Herrera.

Él levantó la mirada.

—Necesitamos hacerle unos exámenes otra vez.

—¿Otra vez?

—Sí.

El médico lo observó unos segundos.

—Los síntomas empeoraron.

Ahí estaba.

La frase que nadie quería escuchar.

Nicolás asintió lento.

Se puso de pie.

Y por un momento…

el mundo volvió a marearse.

Julián reaccionó rápido.

—Ey, suave.

Lo sostuvo del brazo.

—Estoy bien… —murmuró Nicolás.

Pero ya ni él se creía eso.

Horas después…

todo se sentía más pesado.

Electrodos en el pecho.

Máquinas conectadas.

Preguntas repetidas.

Y el mismo miedo creciendo por dentro.

Nicolás estaba acostado mirando el techo mientras esperaba resultados.

Solo.

Por primera vez…

la palabra “morir” empezó a sentirse cercana de verdad.

No como idea.

Como posibilidad.

Cerró los ojos.

Y aparecieron imágenes.

Su mamá riéndose en la cocina.

Julián molestándolo.

Valeria abrazándolo esa tarde.

Y sintió algo horrible:

No estaba listo.

No todavía.

—Mierda… —susurró.

La puerta se abrió lentamente.

Era el médico.

Y apenas Nicolás vio su cara…

supo que algo no estaba bien.

El hombre tomó asiento frente a él.

Silencio corto.

Profesional.

Pero humano.

—Nicolás… necesitamos hablar claro.

El pecho se le apretó.

—Diga…

El médico respiró profundo.

—El corazón está deteriorándose más rápido de lo esperado.

Ahí estaba.

Sin adornos.

Sin esperanza falsa.

Directo.

Nicolás tragó saliva.

—¿Qué significa eso?

Pausa.

—Que necesita empezar tratamiento más fuerte…

Otra pausa.

—Y que debe prepararse para escenarios difíciles.

El aire se volvió pesado.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó Nicolás.

La pregunta salió automática.

El médico dudó.

Y esa duda…

fue peor que cualquier respuesta.

—No puedo darle una fecha exacta.

Pausa.

—Pero ya no estamos hablando de algo lejano.

Silencio total.

Nicolás sintió que todo dentro de él se apagaba un poco.

Porque aunque lo sabía…

escucharlo era distinto.

Real.

Definitivo.

Bajó la mirada.

Las manos le temblaban apenas.

Y el médico continuó:

—Necesita evitar esfuerzos, estrés, exceso de alcohol…

Nicolás soltó una pequeña risa amarga.

—O sea… básicamente dejar de ser yo.

El médico no sonrió.

—Necesita empezar a cuidarse si quiere ganar tiempo.

Tiempo.

Todo giraba alrededor de eso ahora.

Más tiempo.

Unos meses más.

Unas semanas más.

Unos momentos más.

Qué ironía.

Pasó media vida desperdiciándolo…

y ahora lo perseguía desesperadamente.

—¿Puedo salir hoy? —preguntó.

—Sí.

Pausa.

—Pero no debería estar solo.

Golpe suave.

Pero Nicolás entendió.

Ya no era seguro ni para sí mismo.

El médico se levantó.

—Descanse un poco.

Y salió.

El cuarto quedó en silencio.

Nicolás se pasó la mano por la cara lentamente.

Y entonces…

el miedo llegó completo.

No en forma de gritos.

No en desesperación.

En algo peor.

Tristeza.

Una tristeza profunda.

Pesada.

Porque por primera vez…

entendió que tal vez no iba a alcanzar a arreglar todo.

La puerta volvió a abrirse.

Julián entró despacio.

—¿Qué dijeron?

Nicolás levantó la mirada.

Y esta vez…

no pudo fingir.

—Está empeorando.

Julián se quedó quieto.

—¿Mucho?

Nicolás asintió apenas.

Silencio.

Luego Julián se acercó.

Se sentó al lado de la cama.

—Ey…

Pausa.

—Todavía está aquí.

Nicolás soltó el aire lentamente.

—Sí… pero siento que el tiempo me está ganando.

Julián negó de inmediato.

—No piense así.

—¿Entonces cómo pienso?

La voz le salió rota.

—Todo lo que apenas estoy arreglando… apenas estoy empezando a vivir bien…

Los ojos se le llenaron.

—Y ahora resulta que puede acabarse rápido.

Silencio.

Julián lo miró unos segundos.

Y habló serio.

Como nunca.

—Entonces deje de pensar en cuánto tiempo le queda…

Pausa.

—Y piense en cómo lo va a vivir.

La frase quedó suspendida en el cuarto.

Nicolás bajó la mirada.

Porque en el fondo…

sabía que tenía razón.

El problema era otro.

Vivir…

ya empezaba a doler demasiado.

Más tarde, cuando salió del hospital…

la madrugada estaba fría.

La ciudad casi vacía.

Nicolás caminó despacio hacia el carro.

Y entonces el celular vibró.

Mensaje de Valeria.

"¿Cómo salió todo?"

Nicolás miró la pantalla varios segundos.

El pecho todavía dolía.

Pero ahora…

por dentro.

Escribió lentamente:

"Necesito verla."

Tres puntos aparecieron casi de inmediato.

Y la respuesta llegó:

"Yo también."

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