Enya una humana trasmigrada al mundo animal despierta en el cuerpo de una hembra leopardo de las nieves raza casi extinta en ese mundo, marginada por ser considerada fea, pero al ser víctima de las intrigas de su media hermana Enya al caer al agua descubre que no es fea solo está sucia, un día en su cueva toma un baño y descubre que posee una belleza hechizante conoce a sus maridos bestia, guiada por su guía bestial para ganar fuerza en esa tierra extraña dónde las bestias tienen forma humana formara vínculos con los machos más fuertes,descubriendo su verdadera forma bestial y su verdadero origen en las tierras nevadas de las montañas ocultas.
tendrá la opción de quedarse con la vida que construyo en el mundo de las bestias con sus maridos o regresar a su mundo original donde era una chaebol de primera generación
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Instintos.
Enya sintió que se mareaba. Ese extraño olor la llamaba; era seductor. Su cuerpo palpitaba en lugares que nunca había imaginado.
De repente se escuchó el sonido de una rama crujir en el bosque y Enya salió del trance en el que estaba. Observó en la dirección del sonido agudizando sus ojos, pero no vio nada.
Salió lentamente del agua, se envolvió en pieles y caminó a su cueva.
De entre los arbustos saltó un enorme leopardo dorado que se sumergió en el agua.
Emergiendo un hermoso hombre de cabello dorado, mandíbula afilada y piel ligeramente
Félix casi pierde el control al ver el cuerpo desnudo de la hembra: su piel, su cuerpo y aquel lugar secreto que había visto revelarse entre sus piernas. Si no hubiera sido por la rama que crujió bajo su pata, habría saltado sobre ella, presionándola, haciendo caso a sus instintos.
Aún no podía dejar de pensar en aquella hembra. ¿Quién era realmente ella? ¿Por qué era tan diferente de las demás mujeres de la tribu? Porque su piel era tan blanca y su cabello plateado
La curiosidad había crecido aún más; deseaba ver cuál era su forma animal; no era igual a ellos.
Como el guerrero más fuerte de la tribu, considerado el próximo líder, nunca supo que una hembra como esa existiera entre ellos; jamás hubiera olvidado ese rostro tan hermoso
Su cuerpo no daba señales de ceder; su sangre hervía, sus instintos gritaban que se apareara hasta perder la razón. Suspiró; no le quedó más que consolarse a sí mismo,acarisiando su gran pilar. Lo agitaba de arriba a abajo violentamente, recordando una y otra vez esa piel blanca,como las gotas de agua se deslizaban lentamente por su cuerpo, imaginaba acariciando con sus manos lentamente hasta llegar a su gran pecho redondo. Y poner su boca sobre él. Félix se mordía el labio; agitando más y más rápido, de su garganta salió un gruñido. Jugo de amor brotó de la punta de aquel pilar enojado.
Al sentir la liberación, Félix decidió que esa hembra sería suya.
Nadie podría tenerla; sería solo de él. Recordó que él la salvó, así que no podría rechazarlo; ya había ganado el derecho de tomarla como su hembra. Sonrió maliciosamente. Enya aún no lo sabía: alguien quería devorarla y no descansaría hasta lograrlo.
Félix salió lentamente del agua, transformándose en su forma animal, y salió corriendo hacia la cueva de Enya
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