En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 21
El silencio después de que Dante se fue…
no se rompió de inmediato.
Se quedó flotando en el aire como una amenaza invisible.
No era un silencio tranquilo.
Era uno de esos que pesan en el pecho, que se sienten en la garganta, que hacen que cada segundo parezca más largo de lo normal.
Denso.
Irrespirable.
Casi como si la habitación misma hubiera cambiado de temperatura.
Luca seguía de pie.
De espaldas a Elena.
Inmóvil.
Pero su cuerpo no estaba relajado.
Nunca lo estaba cuando algo dentro de él no encajaba.
Respiraba lento. Controlado.
Demasiado controlado.
Como si cada inhalación fuera una decisión calculada.
Como si estuviera evitando explotar.
Elena lo observaba desde unos pasos atrás.
Sin moverse.
Sin interrumpir.
Pero su mente… no descansaba.
Ahí está… pensó.
Esa reacción.
Esa tensión que no es solo enojo.
Esa grieta.
La primera grieta real.
—Te molesta —dijo finalmente.
Su voz fue baja.
Suave.
Pero firme.
Luca no respondió.
Elena no se apresuró.
No lo necesitaba.
—Que él me hable —continuó.
Pausa.
El aire parecía más pesado.
—Que se acerque.
Silencio.
Elena lo sintió antes de escucharlo.
La respuesta vino cortante.
—No.
Automática.
Seca.
Demasiado rápida para ser indiferencia.
Elena sonrió apenas, como si hubiera esperado exactamente eso.
—Seguro porque yo pienso lo contrario… solo porque él me habló actuaste diferente.
Eso lo hizo girar.
Rápido.
El movimiento fue seco, casi violento.
Sus ojos encontraron los de ella.
Oscuros.
Más oscuros que antes.
No era solo enojo.
Era algo más peligroso.
—No juegues conmigo —dijo bajo— o no respondo de mí.
Elena inclinó apenas la cabeza, como si evaluara la frase.
—¿Y si quiero?
Silencio.
Un segundo.
Dos.
El aire se cortó entre los dos.
—No estás en posición —agregó él.
—Nunca lo estuve —respondió ella sin dudar.
Pausa.
Y luego, más bajo:
—Y aun así sigo acá.
Eso cambió algo.
Se notó.
En la mirada.
En la forma en que Luca respiró más lento, como si estuviera conteniéndose con esfuerzo.
Luca dio un paso.
Luego otro.
Lento.
No era un acercamiento cualquiera.
Era una advertencia.
—No te confundas —dijo.
Elena no retrocedió ni un centímetro.
—No me confundo.
Pausa.
Sus ojos se mantuvieron fijos.
—Vos sí.
Eso fue demasiado.
Demasiado directo.
Demasiado preciso.
Luca la tomó del brazo.
Fuerte.
El contacto fue inmediato, firme, dominante.
La atrajo hacia él con un movimiento seco.
—No sabés con quién estás hablando —dijo entre dientes.
Elena lo miró directo.
Sin miedo.
Sin parpadear.
—Sí sé.
Silencio.
El mundo pareció detenerse.
—Un hombre que no puede controlar lo que siente —terminó ella.
Y ahí… algo se rompió.
No fue un ruido.
No fue visible.
Pero se sintió.
Luca no pensó.
No midió.
No analizó.
Solo actuó.
La besó.
Brusco.
Sin suavidad.
Sin paciencia.
Sin permiso emocional.
Fue un beso que no preguntaba nada.
Que imponía.
Que exigía silencio.
Que intentaba recuperar el control perdido.
Elena se tensó un segundo.
Solo uno.
El suficiente para reconocer lo que estaba pasando.
Pero no lo apartó.
Y ese detalle…
lo cambió todo.
Porque Luca esperaba resistencia.
Rechazo.
Distancia.
Pero no hubo eso.
Elena respondió.
Levemente.
Casi imperceptible.
Pero respondió.
Luca se detuvo apenas.
Como si su mente hubiera chocado contra algo inesperado.
Confusión.
Pero no se separó.
El beso cambió.
No se volvió dulce.
No se volvió tierno.
Pero dejó de ser solo impulso.
Se volvió consciente.
Peligrosamente consciente.
Elena apoyó una mano en su pecho.
Sintió el latido.
Rápido. Fuerte. Inestable.
No era indiferencia.
Nunca lo había sido.
Se separó apenas.
Lo suficiente para hablar.
—¿Eso también es parte del castigo?
La frase lo golpeó.
Luca la miró fijo.
Respirando más pesado.
—No —dijo al fin.
Una sola palabra.
Pero cargada.
Elena sostuvo su mirada.
—Entonces qué es… porque yo no te entiendo.
Silencio.
Luca no respondió.
Porque no tenía respuesta.
Y eso era lo peor.
Elena dio un paso atrás.
Deshaciendo el contacto.
No del todo.
Solo lo suficiente para recuperar aire.
—Tenés que decidir —dijo.
—¿Qué cosa? —preguntó él, más bajo.
—Si me querés destruir…
Pausa.
El ambiente parecía más frío.
—O si te estás destruyendo vos.
Silencio.
Pesado.
Insoportable.
Luca apretó la mandíbula.
Su control… seguía ahí.
Pero agrietado.
Elena lo miró un segundo más.
Y entendió algo.
No era solo juego.
No era solo manipulación.
Había algo real.
Algo que ninguno de los dos estaba admitiendo.
Algo que no sabían manejar.
Elena retrocedió otro paso.
—Decidí, Luca.
Su voz fue más suave ahora.
Pero igual de peligrosa.
Porque no era una orden.
Era un desafío.
Luca no respondió.
Solo la miró.
Y por primera vez…
no parecía tener el control de la situación.
Porque ya no era solo odio.
Había algo más.
Algo inestable.
Adictivo.
Peligroso.
Y ninguno de los dos sabía cómo detenerlo.