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El Dulce Aroma Del Peligro

El Dulce Aroma Del Peligro

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Omega de un mafioso

La luz del sol se filtraba por los grandes ventanales del estudio, pero no era la luz suave y acogedora de la mañana lo que despertó a Cass. Fue el frío. Un frío que calaba los huesos y que contrastaba con el calor abrasador que había sentido apenas unas horas antes.

Al abrir los ojos, Cass se sintió desorientado. El techo no era el de su pequeño y compartido apartamento con Santi. Era un techo alto, de diseño industrial, con vigas de acero que parecían vigilarlo desde arriba. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba y, sobre todo, con quién. Al intentar moverse, se dio cuenta de que estaba envuelto en una manta de lana negra, pesada y costosa, que olía intensamente a Kenny: una mezcla embriagadora de madera de roble, cuero viejo y romero, como el acero frío.

Se incorporó con lentitud. Cada músculo de su cuerpo parecía protestar, enviando punzadas de un dolor que no era desagradable, sino un recordatorio constante de lo que había sucedido la noche anterior. Su piel, normalmente pálida, estaba sensible al roce de la tela. Cuando se pasó la mano por la base del cuello, soltó un pequeño siseo de dolor. Sus dedos tropezaron con la piel inflamada. La marca temporal que Kenny había dejado allí todavía estaba caliente, latiendo al ritmo de su corazón. Como Omega, podía sentir el rastro de la autoridad del Alfa quemándole la sangre, una conexión invisible que lo hacía sentir extrañamente seguro y, a la vez, aterrorizado.

Cass miró a su alrededor. Estaba solo en el enorme diván de cuero negro que dominaba el centro de la habitación. El silencio en el estudio era absoluto, un silencio que pesaba.

—¿Kenny? —llamó con voz ronca, una voz que apenas reconocía como suya después de tanto gritar y jadear durante la noche.

No hubo respuesta. El silencio solo fue interrumpido por el zumbido lejano de algún sistema de ventilación. Cass se puso de pie, asegurándose de que la manta lo cubriera por completo, como una armadura contra la incertidumbre. Sus pies descalzos hacían un ruido suave, casi imperceptible, sobre la madera oscura y pulida del suelo. Caminó por el estudio, sintiéndose como un intruso en un museo de cosas peligrosas.

Fue entonces cuando sus ojos se posaron en la mesa de trabajo de Kenny. No era el escritorio de un empresario común. Estaba llena de pantallas que mostraban gráficos complicados y cámaras de seguridad de diferentes puntos de la ciudad. Había radios de comunicación profesional y, lo más impactante, fajos de billetes sujetos con ligas elásticas, apilados como si fueran simples bloques de papel sin valor. Justo en el centro, descansando sobre unos informes, había una pistola pequeña de color negro mate. El metal no brillaba; absorbía la luz, recordándole a Cass que ese objeto estaba diseñado para una sola cosa: hacer daño.

El Omega sintió un nudo amargo en el estómago. Sabía que Kenny era un hombre peligroso desde el momento en que entró en la cafetería con esa mirada que parecía devorarlo todo, pero ver la realidad de su mundo allí, frente a él, lo hizo sentir que estaba caminando descalzo sobre cristal roto. Cada paso que daba hacia la mesa era un paso más lejos de su vida sencilla como estudiante y camarero.

Se acercó un poco más a los papeles, movido por una curiosidad suicida. No eran facturas de café ni pedidos de suministros. Eran mapas detallados de las rutas de carga de la ciudad, con marcas rojas en puntos estratégicos. Había fotografías de hombres con aspecto rudo y nombres que Cass recordaba haber escuchado en las noticias, vinculados a casos de corrupción y violencia.

Kenny no era solo un Alfa dominante que buscaba pasar un buen rato con un Omega de aroma dulce; era el hombre que movía los hilos del caos en la ciudad. El protector que Cass creía haber encontrado era, en realidad, el monstruo al que todos temían.

—Te dije que este no era un lugar para niños —la voz de Kenny, profunda y vibrante, resonó desde la entrada del estudio, haciendo que Cass diera un respingo.

Kenny estaba allí, apoyado en el marco de la puerta con una elegancia depredadora. Tenía una taza de café humeante en la mano y el torso todavía desnudo. Cass no pudo evitar fijarse en los rasguños rojos que cruzaban la espalda del Alfa, marcas que él mismo había dejado en un momento de éxtasis. La mirada de Kenny era fría, analítica, como la de un cazador que observa a su presa para ver si va a intentar escapar o si se quedará paralizada por el miedo.

El Omega no corrió. Aunque su instinto le gritaba que se alejara, su cuerpo traicionero se relajó ante la presencia del Alfa. El aroma a miel y café de Cass, que se había apagado un poco durante el sueño, volvió a brotar de su piel con intensidad, mezclándose con el potente olor a roble que emanaba de Kenny.

—¿Quién eres realmente, Kenny? —preguntó Cass, tratando de mantener la voz firme a pesar del temblor en sus manos.

Kenny caminó hacia él con pasos lentos y seguros. Dejó la taza en la mesa, justo al lado del arma, como si ambos objetos tuvieran la misma importancia en su día a día. Se detuvo a pocos centímetros de Cass y lo tomó suavemente por la barbilla, obligándolo a levantar la cabeza para mirarlo a los ojos. Esos ojos oscuros no mostraban arrepentimiento, solo una posesividad feroz.

—Soy el tipo de error que tu amigo Santi te advirtió que no cometieras —susurró, y su aliento cálido rozó los labios de Cass—. Pero anoche, cuando te deshacías en mis brazos y gritabas mi nombre, no parecía importarte quién soy ni qué hago. Te encantaba la forma en que te reclamaba, Cass. Te encantaba pertenecerle a alguien que puede quemar esta ciudad si se lo propone.

Kenny no apartó la vista de Cass. Sus dedos, callosos y firmes, seguían sosteniendo la barbilla del Omega con una delicadeza que contrastaba con la violencia de su entorno. En ese instante, el aire en el estudio comenzó a cambiar. No era algo visual, sino algo que se sentía en la base del cerebro, un instinto primario que Cass no podía ignorar.

Kenny empezó a liberar sus feromonas de manera consciente. El aroma a roble, que antes era una caricia, se volvió denso, pesado y dominante. Era como si el bosque entero se cerrara alrededor de Cass, envolviéndolo en una capa de autoridad absoluta. Era una advertencia silenciosa para cualquier otro depredador: este Omega es mío. Aunque la marca en su cuello era solo temporal, Kenny estaba saturando los sentidos de Cass con su esencia, asegurándose de que cualquier Alfa que se atreviera a acercarse a kilómetros de distancia supiera que el chico ya tenía dueño.

Cass, por su parte, se quedó totalmente absorto, observando a Kenny como si estuviera entrando en un trance. Sus pupilas se dilataron hasta casi borrar el color de sus ojos, atrapadas en la profundidad de la mirada del Alfa. El miedo que sentía hace un momento por el arma y los mapas empezó a ser reemplazado por una sumisión instintiva, una neblina mental que lo hacía querer dar un paso más cerca, buscar el calor de ese pecho marcado y esconderse del mundo.

—Mírame bien, Cass —ordenó Kenny, su voz vibrando con una nota de mando que hizo que el Omega soltara un suspiro entrecortado—. Estás en trance porque tu cuerpo sabe que me perteneces, incluso si tu cabeza todavía intenta pelear.

Kenny bajó la mano de su barbilla y rodeó su nuca, apretando con suavidad justo donde la marca latía. Cass cerró los ojos, dejando que su cabeza cayera hacia atrás, exponiendo su garganta de manera indefensa. Estaba fascinado por el poder que emanaba del hombre. Kenny era la tormenta y él solo una hoja arrastrada por el viento, pero en ese momento, no quería estar en ningún otro lugar.

—Mis hombres me informaron hace una hora que alguien te busca —continuó Kenny, su tono volviéndose gélido mientras volvía a la realidad del peligro—. Han estado vigilando mis movimientos y creen que tú eres mi punto débil.

Cass parpadeó, intentando salir de la bruma de feromonas. Las palabras "punto débil" resonaron en su mente con la fuerza de un martillo.

—¿Quién? ¿Quién me busca? —logró articular, aunque su voz sonaba pequeña.

—Alguien que cree que puede golpearme quitándome lo que considero mío —respondió Kenny, sus ojos brillando con una luz peligrosa—. No vienen por un café, Cass. Vienen para usarte como moneda de cambio, o algo peor.

Kenny se acercó más, invadiendo el espacio personal de Cass hasta que sus pechos casi se tocaban. La manta negra resbaló un poco de los hombros del chico, pero a Cass ya no le importaba su desnudez. Solo podía ver el rostro de Kenny, que ahora parecía el de un ángel caído, hermoso y letal a partes iguales.

—No voy a permitir que te toquen —sentenció el Alfa, y el aroma a roble se volvió tan potente que Cass sintió un escalofrío recorrerle la columna

Cass lo observaba, hipnotizado por la promesa de protección y el peligro latente. El nudo en su estómago regresó, pero esta vez no era solo miedo; era la adrenalina de saber que su destino se había entrelazado con el del hombre más temido de la ciudad. Estaba atrapado en su red, y la parte más profunda de su ser Omega no quería escapar.

Kenny se dio la vuelta para recoger su arma de la mesa, guardándola en la parte trasera de su pantalón con un movimiento experto. Cass se quedó allí, de pie en medio del lujo y la pólvora, procesando que ya no era solo el chico de la miel y el café. Ahora era el Omega de un mafioso, y el juego acababa de empezar.

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Erika Peña
muy buena me gustó la trama
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho
Skay P.: ¡Gracias, cielito!😘👆
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Pues si las cosas salen mal que sea responsable y no se queje
Maru19 Sevilla: Muchas gracias, ya la estoy disfrutando 🥰🥰🥰🥰
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Promete ser muy interesante 👏👏👏
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