Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 21: La Próxima Revolución
Las guerras comerciales rara vez se quedan quietas.
Empiezan pequeñas.
Casi silenciosas.
Pero cuando crecen…
lo hacen rápido.
Y desordenado.
La noche cubría Noctheris.
Las rutas brillaban.
Las caravanas no se detenían.
Todo parecía funcionar.
Demasiado bien.
Nyxara apoyó ambas manos en la baranda del balcón.
Frías.
Firmes.
Pero sus dedos… se tensaron levemente.
Casi imperceptible.
—El reino está más activo.
La voz de Malakar rompió el silencio.
Nyxara no giró de inmediato.
—El comercio crece.
—Y los problemas también.
Silencio.
—Aurora Lux.
—Sí.
Malakar la observó de reojo.
—Esa humana no se detiene.
Nyxara soltó una pequeña exhalación por la nariz.
No era risa.
—Nadie que quiera ganar se detiene.
—¿Y tú?
Ahora sí giró.
Sus ojos brillaban, pero no era calma total.
Había algo más.
—Yo tampoco.
Malakar sonrió.
Pero la estudió un segundo más de lo normal.
—Eso suele salir caro.
Nyxara no respondió.
Volvió a mirar el horizonte.
(Aún no…)
A la mañana siguiente…
El calor golpeó antes de entrar.
Denso.
Pesado.
Húmedo.
Las forjas rugían.
Metal chocando.
Vapor escapando.
Gritos.
Órdenes.
Movimiento constante.
Nyxara caminó entre los ingenieros.
Algunos se apartaban rápido.
Otros apenas alcanzaban a inclinar la cabeza.
—Princesa.
—Muéstramelo.
La máquina estaba ahí.
Gigante.
Imperfecta.
Demasiado compleja.
El Núcleo Abisal latía en el centro.
Como un corazón oscuro.
Nyxara se detuvo frente a él.
Sus ojos no parpadeaban.
—Actívenlo.
—Princesa… aún no—
—Ahora.
El ingeniero tragó saliva.
Bajó la palanca.
Nada.
Un segundo.
Dos.
—No está funcionando—
Entonces—
Un pulso.
El Núcleo brilló.
La máquina respondió.
Primero lento.
Luego—
demasiado rápido.
—Eso no es normal…
—¡Está subiendo!
—¡Demasiado!
El suelo vibró.
Nyxara no se movió.
—Bajen la presión—
—¡No responde!
—¡Las válvulas—
CRACK
Una tubería explotó.
El vapor salió disparado.
Un grito.
Un cuerpo cayó.
—¡APÁGUENLO!
—¡YA!
—¡NO!
La voz de Nyxara cortó todo.
El ingeniero la miró como si estuviera loca.
—¡Va a explotar!
Nyxara dio un paso adelante.
El calor le golpeó el rostro.
El aire quemaba.
Pero no apartó la mirada.
—Aguanta…
Sus manos se cerraron levemente.
—Solo un poco más…
La máquina tembló.
Más fuerte.
Más violenta.
—¡PRINCESA!
Un segundo.
Otro.
Y entonces—
El ritmo bajó.
El ruido se estabilizó.
El sistema… sobrevivió.
Silencio.
Pesado.
Irreal.
El vapor aún salía de una tubería rota.
Alguien tosía en el suelo.
Otro gritaba por ayuda.
Nyxara respiró.
Lento.
Controlado.
Pero su pecho subía más de lo normal.
—Funciona…
Miró al ingeniero caído.
—Atiéndanlos.
Su voz no tembló.
Pero fue más baja.
—Y arreglen eso.
El ingeniero la miró.
—Princesa… eso casi—
—No me sirve “casi”.
Silencio.
—Lo quiero estable.
Se giró.
Pero antes de salir—
miró el Núcleo otra vez.
(Y si falla…)
No terminó el pensamiento.
Mientras tanto…
—Esto no me gusta.
Seraphine no estaba sentada.
Caminaba.
De un lado a otro.
Rápido.
—Nyxara no hace esto porque sí.
Lysander la observaba.
—Está aumentando su capacidad.
—No.
Se detuvo en seco.
—Está forzando algo.
—¿Forzando?
Seraphine apoyó ambas manos en la mesa.
—Crecimiento demasiado rápido.
—Tecnología nueva.
—Sin pruebas reales.
Levantó la mirada.
—Eso siempre rompe algo.
Silencio.
Lysander la estudió.
—¿Y tú qué harías?
Seraphine dudó.
Solo un segundo.
—Esperar.
Pausa.
—Y golpear cuando falle.
Lysander frunció el ceño.
—Eso afectará a personas.
Seraphine no respondió de inmediato.
—Sí.
Silencio incómodo.
—Entonces decide —dijo él.
—¿Qué?
—Si quieres ganar…
Pausa.
—o dormir tranquila.
Seraphine bajó la mirada.
—En esta guerra…
Su voz fue más baja.
—probablemente no se puede ambas.
Esa noche…
Nyxara volvió al balcón.
Pero esta vez no estaba tranquila.
Sus manos no estaban relajadas.
Las rutas brillaban.
Todo seguía funcionando.
Pero ahora…
sabía algo.
(Es inestable.)
En la distancia—
Una luz parpadeó.
No una vez.
Varias.
Nyxara frunció el ceño.
Eso no era sabotaje.
Era fallo.
Su mandíbula se tensó.
—…mierda.
Silencio.
Porque ahora el problema no era el enemigo.
Era su propio sistema.
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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