Siempre hubo odio entre ellos. Desde el primer momento, las miradas estaban cargadas de desprecio, las palabras eran cuchillos y las peleas, inevitables. Eran enemigos por naturaleza… o eso creían.
Pero todo cambia cuando él descubre un secreto que nunca debió salir a la luz.
A partir de ese instante, la tensión deja de ser solo odio. Las emociones se vuelven confusas, peligrosas, irresistibles. Lo que antes era rechazo empieza a transformarse en algo mucho más intenso… algo que ninguno de los dos sabe cómo controlar.
¿Es posible que entre enemigos nazca el amor?
¿O todo es solo una ilusión provocada por lo que ahora los une?
En un mundo donde los instintos pueden más que la razón, cruzar esa línea podría cambiarlo todo… para siempre.
NovelToon tiene autorización de juliana scotella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 11 :Él es mi rival en esta guerra
A la mañana siguiente…
Me desperté lentamente.
La cama estaba tibia.
Pero vacía.
Fruncí apenas el ceño.
Hasta qué...
Escuché el agua de la ducha.
Y entonces lo supe.
Seguía ahí.
Una pequeña sonrisa se formó en mis labios.
...Dante (pensamiento)...
No se fue…
Me incorporé un poco, apoyándome sobre los codos.
Esperando.
Contando los segundos sin admitirlo.
La puerta del baño se abrió.
Y salió.
Con una toalla rodeando su cintura.
El cabello húmedo.
Gotas de agua recorriendo su piel.
Como si no le importara en absoluto el efecto que causaba.
O peor…
Como si lo supiera perfectamente.
—Buenos días…
Susurré.
Con la voz aún cargada de sueño.
Pero mi mirada...
Despierta.
Fija en él.
—Te ves bien.
Irán sonrió.
Arrogante.
Seguro de sí mismo.
Como siempre.
—Buena vista para despertar.
—Sí…
Respondí sin apartar los ojos.
—Es una muy buena vista.
...Dante (pensamiento)...
Y lo sabéis… maldito.
Lo recorrí sin pudor.
Sin esconder nada.
Provocándolo.
Desafiándolo.
La puerta sonó.
Un golpe seco.
Y en ese instante...
Su sonrisa cambió.
Se volvió… peligrosa.
Maliciosa.
Sabía exactamente lo que estaba pensando.
Iba a decir algo.
Lo vi en sus labios.
Pero no lo dejé.
Me levanté de golpe.
Y lo besé.
Un beso rápido.
Pero suficiente para cortar cualquier juego.
Para marcar un límite.
Me separé apenas.
Lo justo.
—No pueden saber que estás acá.
Susurré contra sus labios.
Solo para él.
—Nuestros reinos son enemigos.
—¿Recuerdas?
Por un segundo…
No respondió.
Solo me miró.
Y luego...
Se acercó más.
Su brazo rodeó mi cintura.
Atrayéndome contra él.
Como si la advertencia no significara nada.
—Un pequeño espectáculo…\=Murmuró cerca de mi oído.
—No le hace mal a nadie.
Mi mirada cambió al instante.
Se volvió fría.
Filosa.
Autoritaria.
—No juegues con eso.
...Dante (pensamiento)...
Esto no es un juego…
No para mí.
Silencio.
Tensión.
El aire cargado.
—Jefe…
La voz del otro lado de la puerta nos interrumpió.
Mi hombre.
Esperando.
Respiré hondo.
Y en un segundo...
Me recompuse.
Enderecé la postura.
La expresión.
La voz.
—Bajaré enseguida.
Fría.
Controlada.
Como si nada estuviera pasando.
Como si él no estuviera ahí.
Como si no estuviera a centímetros de romper todas mis reglas.
...Dante (pensamiento)...
Primero el reino.
Después… él.
Si es que quedaba un “después”.
Irán tomó mi mano justo cuando estaba por salir.
Me detuvo.
Sin fuerza.
Pero con intención.
Giré apenas.
Y no me dio tiempo a reaccionar.
Sus labios chocaron contra los míos.
Un beso intenso.
Profundo.
Su lengua se abrió paso sin pedir permiso.
Dominando.
Marcando territorio.
Como si necesitara recordarme algo.
O reclamármelo.
Mis dedos se tensaron.
Mi cuerpo respondió antes que mi mente.
Por un segundo...
Solo uno...
Me perdí.
...Dante (pensamiento)...
No…
No ahora…
Pero no me aparté de inmediato.
Y eso fue suficiente para él.
Para tomar más.
Para profundizar el beso.
Para arrastrarme un poco más.
Hasta qué...
Me separé.
Apenas.
Con la respiración entrecortada.
—Ahora sí…
Su voz salió baja.
Cargada.
Peligrosa.
Llena de algo que me erizó la piel.
—Podéis irte.
Mis labios temblaron.
Apenas.
Lo suficiente como para que yo lo notara.
Y odiarlo.
...Dante (pensamiento)...
Contrólate.
No le des eso también.
Lo miré.
Un segundo más de lo necesario.
Grave error.
Siempre lo era.
Di un paso atrás.
Rompiendo la cercanía.
El calor.
La confusión.
Y me di vuelta.
Salí de la habitación.
Sin mirar atrás.
Esta vez sí.
De verdad.
El corazón me latía con fuerza.
Desordenado.
Golpeando contra mi pecho como si quisiera delatarme.
...Dante (pensamiento)...
Respira.
Nadie puede notar esto.
Caminé por los pasillos.
Cada paso más firme que el anterior.
Construyendo la máscara.
La postura.
La presencia.
Cuando crucé las puertas principales.
Ya no era Dante.
No el que estaba en esa habitación.
Era el líder.
El que tenía el control.
El que no dudaba.
—Traigan los informes.
Ordené con voz firme.
Sin rastro de lo anterior.
Sin grietas.
Sin errores.
...Dante (pensamiento)...
Primero el reino.
Siempre el reino.
Me senté.
Tomando el control de todo.
Como si nada hubiera pasado.
Como si sus labios no siguieran en los míos.
Como si su voz no siguiera repitiéndose en mi cabeza.
Como si él...
No siguiera ahí.
En cada maldito pensamiento.
La reunión terminó.
Las voces se apagaron.
Los pasos comenzaron a dispersarse por el salón.
Y recién entonces...
Me permití soltar el aire.
Había salido bien.
Demasiado bien.
...Dante (pensamiento)...
Todo en orden…
Como debe ser.
Di un paso hacia la salida.
Pero no llegué lejos.
Un brazo tomó el mío.
Firme.
Seguro.
Inconfundible.
Antes de que pudiera reaccionar...
Me arrastró hacia un rincón más apartado.
Contra la pared.
Lejos de miradas.
Mi espalda chocó suavemente.
Y una sonrisa se escapó de mis labios.
Sin permiso.
Sin sentido.
...Dante (pensamiento)...
Sabía que ibas a aparecer…
—Irán…\=Murmuré.
Pero no sonó como una queja.
Ni cerca.
No me dio tiempo a decir más.
Sus labios encontraron los míos.
De golpe.
Intenso.
Directo.
Como si no existiera nada más.
Ni el lugar.
Ni el riesgo.
Ni las consecuencias.
Mi cuerpo respondió.
Otra vez.
Como siempre.
...Dante (pensamiento)...
Esto está mal…
Y aun así...
No lo detuve.
No de inmediato.
Mis dedos se aferraron apenas a su ropa.
Traicionándome.
Hasta qué...
Se separó.
Demasiado rápido.
Dejándome con el aire a medias.
Con el pulso acelerado.
Con la mente… en caos.
—Te veo en la reunión de mañana, cariño.
Lo dijo contra mis labios.
Con esa calma peligrosa.
Como si acabara de firmar algo importante.
Y luego...
Se fue.
Sin mirar atrás.
Como si nada.
Me quedé ahí.
Quieto.
Procesando.
Y entonces...
Todo encajó.
La reunión.
...Dante (pensamiento)...
No…
Las mafias.
El acuerdo.
El encuentro que definía todo.
...Dante (pensamiento)...
La olvidé…
Apreté los dientes.
El cuerpo aún reaccionando al beso.
Pero la mente...
Volviendo a su lugar.
A la realidad.
Al peligro.
...Dante (pensamiento)...
Esto no es solo un juego.
Es una guerra.
Y él...
Estaba en el otro lado.
Me preparé para la reunión con cuidado.
Cada detalle calculado.
Cada decisión pensada.
El traje rojo era elegante.
Llamativo.
Pero no excesivo.
Lo justo para destacar.
Lo justo para imponer.
...Dante (pensamiento)...
Que miren…
Pero que no se atrevan.
Bajé.
Y, como esperaba.
Las miradas cayeron sobre mí.
Una tras otra.
Pesadas.
Evidentes.
Algunas cargadas de envidia.
Otras de deseo.
Otras…
De miedo.
Pero ninguna me importó.
Porque la mía...
Ya tenía un destino.
Irán.
Sentado en el centro de la mesa.
Como si le perteneciera.
Como si siempre hubiera sido suyo.
Mis ojos se clavaron en él.
Sin disimulo.
Sin vergüenza.
Mordí apenas mi labio inferior.
Y una sonrisa se dibujó en mi rostro.
Sutil.
Peligrosa.
Antes de avanzar.
Antes de ocupar mi lugar.
Justo frente a él.
El aire entre nosotros cambió.
Se tensó.
Invisible.
Pero imposible de ignorar.
...Dante (pensamiento)...
No reacciones.
No le des nada.
Tomé asiento.
Lento.
Controlado.
Elegante.
Sosteniéndole la mirada solo un segundo más...
Y luego la aparté.
Como si no significara nada.
Como si él fuera uno más.
—Comencemos.
Mi voz salió firme.
Autoritaria.
Perfecta.
...Dante (pensamiento)...
Actúa.
Actúa como el líder que sos.
Las conversaciones comenzaron.
Negociaciones.
Tensiones.
Estrategias.
Todo fluyendo como debía.
Y yo...
En control.
Al menos por fuera.
Porque por dentro...
Cada palabra suya pesaba más.
Cada gesto.
Cada silencio.
Cada mínima reacción.
...Dante (pensamiento)...
No lo mires.
No constantemente.
Pero lo hacía.
Sin querer.
Sin poder evitarlo.
Y cada vez...
Era un error.
...Dante (pensamiento)...
No te afecta.
No debería afectarte.
Me repetí eso una y otra vez.
Como un mantra.
Como una orden.
Mientras sostenía la cena.
Mientras mantenía el poder.
Mientras jugaba el papel que debía jugar.
El líder.
El intocable.
El que no duda.
El que no siente.
Pero en el fondo...
Sabía la verdad.
...Dante (pensamiento)...
Sí me afecta.
Y eso…
Podía destruirlo todo.