Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.
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Capítulo 21: La Heroína que Renunció
La noche había quedado atrás.
Pero el amanecer no trajo paz.
Solo una luz gris, fría y desagradable que cubría las murallas del reino como si incluso el sol sintiera vergüenza de iluminarlo por completo.
Las torres del castillo seguían erguidas.
Majestuosas por fuera.
Podridas por dentro.
Como todo lo que pertenecía al rey.
Y esa mañana…
algo iba a romperse entre esas paredes.
⚔️ El Regreso de Hikaru
Las puertas principales del castillo se abrieron con pesadez cuando Hikaru cruzó el umbral.
Sus pasos eran firmes…
pero lentos.
Demasiado lentos para alguien como ella.
Una de sus manos seguía presionando su estómago por puro reflejo.
El golpe de la noche anterior todavía le ardía por dentro como una marca de humillación imposible de ignorar.
No era solo dolor físico.
Era peor.
Era la sensación insoportable de haber entendido, en un solo combate, que existía alguien allá afuera capaz de derribar héroes como si no fueran nada.
Y eso…
eso todavía no terminaba de asentarse en su mente.
Aun así, siguió caminando.
No iba a encorvarse.
No iba a mostrarse derrotada.
No delante de ellos.
Jamás delante de ellos.
🌹 Ojos en la Azotea
Muy arriba, en una de las azoteas cercanas al castillo, una figura femenina observaba en silencio.
Himari.
Oculta entre sombras, con una capa oscura cubriendo parte de su silueta, mantenía la mirada fija en la entrada principal.
Había salido a vigilar como tantas otras veces.
A escuchar.
A estudiar.
A memorizar.
Y justo entonces…
vio a Hikaru regresar.
Sus ojos dorados se afilaron al instante.
Notó la postura.
La mano en el abdomen.
La tensión en los hombros.
Y sobre todo…
esa expresión.
No era la expresión de alguien que venía de una simple patrulla.
Era la expresión de alguien que había sido golpeada no solo en el cuerpo…
sino también en el orgullo.
Himari cruzó los brazos.
Y en silencio pensó una sola cosa:
¿Qué demonios te pasó?
🌑 La Burla de los “Protectores”
En el patio interior del castillo ya había varios caballeros y soldados moviéndose entre órdenes, guardias y entrenamientos matutinos.
En cuanto Hikaru apareció, algunas miradas se giraron hacia ella.
Unos con curiosidad.
Otros con desprecio.
Y uno en particular…
con abierta arrogancia.
Apoyado de forma relajada cerca de una columna de piedra, un caballero de porte presumido y sonrisa desagradable soltó una risa seca en cuanto la vio.
Era Riku.
Uno de los hombres cercanos al círculo de los héroes y, sobre todo, uno de los más insoportablemente orgullosos del castillo.
La observó de arriba abajo con crueldad apenas disimulada.
—Miren quién llegó…
Su sonrisa se ensanchó.
—La más débil.
Hikaru no redujo el paso.
Pero su mirada sí se volvió mucho más fría.
Riku ladeó la cabeza, divertido.
—¿Qué te pasó?
Hubo un pequeño silencio.
Y entonces Hikaru respondió sin frenar siquiera:
—Cierra la boca, bastardo.
El patio se tensó.
Varios soldados se quedaron quietos.
Algunos fingieron no escuchar.
Otros bajaron la mirada por pura supervivencia.
Porque en ese castillo, incluso una sola frase mal puesta podía convertirse en problema.
👑 El Rey y su Veneno
La gran puerta del salón principal se abrió.
Y como si el ambiente no hubiera sido ya lo bastante desagradable…
él apareció.
El rey.
Con su túnica impecable, su porte lleno de falsa superioridad y esa expresión repugnante de alguien convencido de que todo lo que pisa le pertenece.
Desde la azotea, Himari sintió cómo la rabia le apretaba el pecho apenas lo vio.
Sus dedos se tensaron sobre la piedra.
Tuvo que contenerse.
Con fuerza.
Con mucha fuerza.
Porque si por ella fuera…
ya le habría atravesado la garganta.
El rey observó a Hikaru de arriba abajo con un desprecio tan abierto que resultaba casi asfixiante.
No hubo preocupación.
No hubo interés genuino.
No hubo siquiera el mínimo respeto por una de las personas que arriesgaban la vida por su corona.
Solo veneno.
—Más respeto —dijo con voz pesada y cruel—, insolente mujer.
Hikaru levantó la mirada hacia él.
El rey dio un paso más al frente.
Y remató con una calma monstruosa:
—Aquí solo eres heroína gracias a tu madre…
Silencio.
El patio entero se volvió más frío.
Más incómodo.
Más peligroso.
Y entonces él terminó la frase con la crueldad de quien sabe exactamente dónde clavar el cuchillo:
—¿O quieres que ella sufra más?
Desde la azotea, los ojos de Himari se abrieron apenas.
Su mandíbula se tensó.
Y por dentro…
algo en ella se incendió.
Porque ahora entendía algo horrible:
Hikaru no servía al reino por lealtad. Servía porque la tenían atada.
Y eso cambió mucho.
Muchísimo.
🩸 La Grieta
Hikaru se quedó inmóvil.
No por obediencia.
No por sumisión.
Sino por ese segundo exacto en el que alguien está decidiendo si aguantar un poco más…
o romperlo todo.
Su respiración fue lenta.
Pesada.
Controlada a la fuerza.
Riku sonreía.
El rey la observaba como si ya hubiera ganado.
Y entonces…
Hikaru levantó la mano hacia el pecho de su armadura.
Sus dedos se cerraron alrededor del escudo real incrustado sobre la placa metálica.
El símbolo del reino.
El sello de obediencia.
La marca de servidumbre disfrazada de honor.
Lo arrancó de un tirón.
El sonido metálico resonó seco en el patio.
Y sin apartar la mirada del rey…
lo dejó caer al suelo.
CLANG.
El ruido fue brutal en medio del silencio.
Nadie se movió.
Nadie respiró bien.
Nadie se atrevió a hablar.
La voz de Hikaru salió entonces más baja de lo normal.
Pero mucho más peligrosa.
—Ya no voy a formar parte de tu gobierno corrupto.
El rey no respondió de inmediato.
Parecía más sorprendido que furioso.
Lo cual, viniendo de él, era casi gracioso.
Hikaru giró apenas la cabeza hacia Riku.
Sus ojos estaban llenos de algo mucho más oscuro que rabia.
—Y tú, Riku…
Él dejó de sonreír.
La heroína dio un paso hacia él.
—Encontré a alguien capaz de matarlos a ustedes cuatro…
El patio entero se quedó congelado.
Y entonces terminó la frase con una firmeza helada:
—…de manera fácil.
🌙 El Nombre que Nadie Dijo
Nadie preguntó de quién hablaba.
Pero muchos lo pensaron.
Porque los rumores ya se estaban moviendo.
Las desapariciones.
Los soldados muertos.
Los secuestradores eliminados.
La carroza.
El incendio.
Y esa figura que algunos ya empezaban a nombrar en voz baja como si hacerlo demasiado fuerte pudiera invocarlo.
Desde la azotea, Himari observó a Hikaru con una atención mucho más seria ahora.
Ya no era solo una heroína del rey.
Ya no era solo otra pieza del sistema.
Ahora era alguien que había visto al mismo monstruo que ella.
Y que había regresado distinta.
Eso importaba.
Y bastante.
🌑 La Salida
Hikaru no esperó permiso.
No esperó respuesta.
No esperó castigo inmediato.
Simplemente se dio la vuelta.
Y empezó a salir del castillo.
Con dolor.
Con rabia.
Con el abdomen todavía ardiéndole.
Pero también…
con una decisión tomada.
Riku la siguió con la mirada, visiblemente irritado.
El rey no dijo nada.
Lo cual era peor.
Porque el silencio de hombres como él casi siempre significaba que ya estaban pensando en cómo castigar después.
Himari lo entendió de inmediato.
Y en cuanto vio a Hikaru abandonar el patio y alejarse de las zonas principales…
desapareció también de la azotea.
🌹 Frente a Frente
El viento matutino soplaba entre callejones laterales y muros exteriores del castillo.
Hikaru caminaba sola, todavía con una mano en el abdomen, cuando de pronto…
una figura apareció frente a ella.
Silenciosa.
Elegante.
Peligrosa.
Himari.
Aterrizó con suavidad delante de su camino, bloqueándole el paso.
Hikaru se detuvo de golpe.
Su mano fue por reflejo hacia donde normalmente estaría lista para pelear.
Pero el dolor la frenó un poco.
Los ojos dorados de Himari la observaron con calma.
Con demasiada calma.
Una calma que no prometía amabilidad.
Ni confianza.
Ni una conversación cómoda.
Ambas mujeres se quedaron quietas durante un segundo.
Midiéndose.
Estudiándose.
Entendiendo que ninguna de las dos estaba ahí por casualidad.
Himari fue la primera en hablar.
Su voz salió baja.
Controlada.
Pero afilada.
—Así que tú también lo viste.
Hikaru no respondió enseguida.
Solo la observó.
Y por primera vez en mucho tiempo…
el nombre del Fantasma Blanco no se sintió como un rumor.
Se sintió como el centro de algo mucho más grande.
Algo que apenas estaba empezando.
Fin del Capítulo 21