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Enamorada De Un Zorro

Enamorada De Un Zorro

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Demonios / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marceth S.S

Lolo siempre ha creído que los mitos pertenecen a los libros… hasta que regresa al valle de su infancia y descubre que el bosque esconde secretos que nadie quiere nombrar.

Entre leyendas de kitsune, advertencias silenciosas y una familia que parece saber más de lo que dice, Lolo se adentra en un mundo donde lo sobrenatural no solo existe, sino que observa, espera… y recuerda.

Cuando conoce a un ser tan hermoso como peligroso, Lolo deberá decidir si está dispuesta a confiar en alguien que no pertenece al mundo humano. Porque amar a un zorro no es solo un riesgo para el corazón, sino una amenaza para todo lo que cree conocer.

NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22: Tío Zayn

Luego de esa charla con Evan decidí no darle tantas vueltas al asunto. Estoy segura de que en unos días se me pasará esta opresión en el pecho, después de todo, no es la primera vez que me rechazan, ya sea directa o indirectamente.

Lo superaré.

O eso espero.

Al día siguiente, el sol salió con una claridad que parecía ignorar el desastre de la noche anterior.

Continuamos con los entrenamientos y, para mi sorpresa, todo estaba yendo de maravilla. Takemikazuchi me respondía con más frecuencia, no siempre que yo quería, pero la conexión era mucho más constante. Eso significaba que, a pesar de todo el drama emocional, estábamos progresando.

—¡Loraine, no te desconcentres! —me gritó Evan, lanzándose hacia mí.

Esta vez no usaba solo su magia, blandía su propia arma. Una katana de un negro tan profundo que parecía absorber la luz del sol, elegante y letal en sus manos.

Chocamos metales, y el sonido del acero resonando en el patio del templo me mantenía alerta. Sin embargo, en medio de un bloqueo, un pensamiento me golpeó como un balde de agua fría.

¡Joder, mamá! ¡Me va a matar!

—¡Por Dios, mamá! —exclamé, bajando la guardia de golpe.

Evan se detuvo a milímetros de mi cuello, mirándome como si me hubiera vuelto loca.

—¡Lo lamento! —dije guardando mi distancia—. ¡Tengo que llamar a mi madre! Ha pasado una semana desde que llegué a Japón y no he dado señales de vida. Debe estar llamando a la policía internacional.

—Tranquila, ve —respondió él, soltando un suspiro y guardando su katana negra en la saya con un movimiento fluido.

—Gracias —le lancé a Takemikazuchi sin pensar.

Evan la atrapó por instinto, pero en cuanto sus dedos rodearon la empuñadura, una descarga eléctrica azul lo sacudió por completo, haciéndolo caer al suelo de espaldas.

—¡Maldita espada! —gruñó desde el piso, con el cabello plateado un poco erizado.

Me eché a reír mientras corría hacia el interior del templo. Era bueno ver que, a pesar de ser un Dios Protector, todavía podía ser derrotado por un pedazo de metal con mal genio.

Entré al templo y marqué el número de casa. Me resultaba extraño que ella no me hubiera bombardeado a llamadas, pero cuando respondió al segundo tono, supe que estaba esperando noticias.

La saludé y le conté un poco sobre mi estancia con el abuelo, omitiendo, por supuesto, los detalles sobre espectros gigantes, mordiscos en el cuello y contratos sellados con besos que "no significaron nada".

—Mamá... ya sé que eres un Kitsune —solté de pronto, cortando las banalidades.

Se hizo un silencio sepulcral del otro lado de la línea. Pasaron segundos que parecieron horas hasta que su voz volvió, pero esta vez sonaba distinta. Grave. Autoritaria.

—Iré a Japón para hablarlo en persona. Ahora me tengo que ir, hablamos allá.

Y colgó.

—Ay, joder... —susurré mirando el teléfono. ¿Había hecho lo correcto?

Salí al patio con las piernas un poco temblorosas. El abuelo ya estaba en su lugar favorito, sentado frente al tablero de damas chinas, tratando de ganarle una partida a Evan, quien seguía luciendo un poco ofendido por la electrocutada de hace un rato.

—Abuelo...

—Oh, Lolo, ¿qué te dijo tu madre? —preguntó sin apartar la vista de sus fichas.

—Dijo que vendrá a Japón —solté.

El abuelo perdió el equilibrio y se cayó de la silla con un estrépito.

—¡¿Qué?! ¡¿Y eso por qué?! ¡¿Ha pasado algo?! —se levantó con una rapidez asombrosa para su edad y me tomó de los hombros, genuinamente alarmado.

—Le dije que sabía que ella es un Kitsune.

El abuelo abrió los ojos de par en par, su rostro palideció y se llevó las manos a la cabeza.

—¿Lolo, estás loca? ¿Por qué le dijiste eso? ¡Ahora vendrá a Japón a joderme la vida! —exclamó, jalándose el poco pelo que le queda con un gesto de pura desesperación.

—Si... espera, ¿qué? —arrugué el entrecejo—. Pensé que te importaba más que ella viniera a jalarte la oreja por habérmelo dicho tú.

—¡Ñe! —hizo un gesto despreocupado con la mano, recuperándose del susto inicial—. En algún momento te lo tendría que decir. Ya tienes 20 años, eres una adulta. Más bien ella se estaba demorando demasiado en contarte la verdad. El problema no es que lo sepas, ¡el problema es que ella odia que yo me meta en sus asuntos!

Pinche viejo loco.

A veces me sacaba de quicio con sus prioridades, pero su reacción me confirmaba una cosa, la llegada de mi madre no iba a ser una visita familiar tranquila. Miré a Evan, quien se mantenía en silencio, observando la escena con una expresión indescifrable.

Si mi madre era un Kitsune y venía dispuesta a "hablar", el encuentro entre ella y mi guardián iba a ser, como mínimo, explosivo.

En apenas una hora, como si las leyes del espacio y el tiempo no fueran más que una sugerencia para ella, mi madre ya estaba cruzando el arco torii del templo de Izanagi. Entró con paso firme, sus tacones resonando contra la madera antigua, mientras escaneaba cada rincón con una mirada afilada que no dejaba pasar ni un grano de polvo fuera de lugar.

—¿Cómo es que llegaste tan rápido? —le solté en cuanto la vi, demasiado impactada para saludarla formalmente o preguntarle cómo estaba.

—Usé un campo de teletransportación de larga distancia —respondió con una seriedad que me heló la sangre—. Ahora, ¿dónde está tu abuelo?

—Aquí estoy, cariño —dijo el abuelo, asomando tímidamente la cabeza desde atrás de la espalda de Evan, usándolo como escudo humano—. ¿Qué tal tu viaje? ¿Todo bien en el aeropuerto?

—Estuvo bien... ¡pero hubiese estado mejor si no tenía que haber venido porque mi hija se enteró de golpe de que ninguno en esta familia es normal! —exclamó ella, apretándose el puente de la nariz con un gesto de agotamiento puro.

—¿Qué hay de papá? —pregunté, sintiendo que mi mundo se desmoronaba un poco más—. ¿Él también es...?

—¿En serio crees que ese hombre es normal? —intervino el abuelo, saliendo de su escondite con una risita—. ¿Lo has visto comer cuando cree que nadie lo mira? Es una fuerza de la naturaleza —ambos soltamos una carcajada, rompiendo por un momento la tensión.

—Mamá, él es Evan —dije, señalando a mi guardián.

Mi madre lo miró de pies a cabeza con una intensidad clínica. Evan, por su parte, se mantuvo erguido, recuperando esa elegancia distante que lo caracterizaba.

—Evan, ella es mi madre, Zylith.

—Mucho gusto, señora Zylith. Es un verdadero placer conocerla —dijo Evan con una cortesía impecable, tendiéndole la mano. Ella se la estrechó, pero sus ojos no dejaron de analizarlo ni un segundo.

—El gusto es mío, jovencito. Ahora dime, ¿de dónde conoces a mi hija? —Su tono era puramente interrogativo, el tipo de voz que usaba cuando sospechaba que yo había roto algo en casa.

—Emmm... mamá, eso es algo que yo debería responder —dije, tirando de un mechón de mi pelo por los puros nervios. "Ahora sí que me matan", pensé.

—¿Y como por qué? —Se cruzó de brazos, impaciente.

—Bueno... ¿cómo lo digo? Verás, hubo un problema con un medallón y...

—Evan es el Dios protector de Loraine, listo. Ya está dicho —soltó el abuelo sin filtros.

—¡ABUELO! —le reproché. Este viejo no sabía lo que era la diplomacia.

—¿Dios protector? ¿Eres un Kitsune? —Zylith se acercó a Evan, rompiendo su espacio personal para examinar sus rasgos con un asombro creciente.

—Así es, señora Zylith —respondió él, manteniendo el tipo. Quién diría que este mismo tipo tenía una lengua tan filosa cuando estábamos a solas.

—Ya entiendo. Con razón tus ojos son de ese color —comentó ella mientras lo observaba. Por un breve instante, una sombra de nostalgia cruzó el rostro de Evan, un destello de un pasado que yo aún no comprendía, pero se recompuso enseguida, volviendo a su máscara de piedra.

—Y aquí está Yune, mamá —lo tomé en brazos y se lo acerqué.

—Parece que ya lo recuerdas —suspiró ella, y su expresión se suavizó por primera vez—. Sí que ha crecido. Hace años que no veía a este guardián tan despierto —añadió, acariciándole la cabeza al gato, quien ronroneó sumiso bajo su toque.

Nos sentamos y le conté todo, los ataques de los demonios, el encuentro con el Oni, la traición de Yoshuro y cómo casi perdemos el templo. Ella escuchó en silencio, asintiendo de vez en cuando, con una calma que me ponía más nerviosa que si estuviera gritando.

—La pregunta sigue siendo cómo carajos llegaste tan rápido a Japón desde el otro lado del mundo —insistió el abuelo.

—Con los poderes de zorro logré abrir un portal que conecta nuestra casa con el templo. Es una técnica de plegado de espacio, por eso llegué en un parpadeo —explicó ella con naturalidad.

Evan quedó atónito. En su mirada se veía una curiosidad vibrante, casi infantil, por saber cómo alguien podía manejar una magia de tal calibre.

—¿Me podría enseñar a hacer eso? —preguntó emocionado, olvidando por un momento su papel de protector serio.

—Por supuesto —le sonrió ella.

Me quedé de piedra. ¡Un momento! ¿Le estaba sonriendo a Evan? A mi madre nunca le caía bien ninguno de mis amigos, era la mujer más crítica del planeta. ¿Qué estaba pasando aquí?

—Mamá, Evan me está ayudando a entrenar. Estamos progresando mucho con la espada —añadí, tratando de recuperar algo de protagonismo.

Zylith me miró y luego miró a Evan. Su sonrisa se volvió algo más profesional. —Eso está bien, Evan es un guerrero capaz. Pero para lo que viene, es mejor que un Dios sea entrenado por alguien de su misma jerarquía y linaje.

Evan titubeó ante esas palabras. Pude ver en su mirada que le dolía la idea de ser desplazado, después de todo, a pesar de sus quejas, le gustaba pasar tiempo conmigo. Pero no dijo nada, simplemente bajó la vista, respetando la autoridad de mi madre.

—¿Mamá, quién me va a entrenar entonces? ¿El abuelo? —pregunté con sarcasmo.

De repente, el aire en el centro de la sala empezó a vibrar. Un portal de luz dorada y sombras se abrió de la nada. Evan y yo nos pusimos en posición de defensa al instante, yo empuñé a Takemikazuchi y él sacó las garras, sus ojos volviéndose dorados y brillantes.

—Él te entrenará —sentenció mamá con calma.

Del portal emergió un hombre alto y fornido. Tenía el cabello oscuro pero unos rasgos idénticos a los de mi madre, con esa misma elegancia felina y una presencia que inundaba la habitación de una energía abrumadora. El hombre me miró, y una sonrisa de lado, cargada de una confianza antigua, se dibujó en su rostro.

—Hola, sobrina... —dijo con una voz profunda que hizo vibrar los cimientos del templo.

Me quedé sin palabras. Evan dio un paso al frente, pero el hombre ni siquiera lo miró, sus ojos estaban fijos en mí.

1
EYAM
ya quiero más capítulos porfavor está súper buena la novela ☺️
Lisandra Alvarez
exelente,me gusta mucho esta novela
Yooung
que lindo 😩
~Mio^Mio~
Que maravilla de historia... Me encanta 🤗
~Mio^Mio~
🤣🤣 ¡Diablos senorita!
Me encanta la referencia ... o asi lo entendí 🤣🤣🤣
tamaky
Que montón de cosas están pasando 😩
pero está muy interesante, es la primera vez que leo un libro de romance que tenga tanto folklore japonés 🤭
tamaky
Ay yo JAHSJAJAJA
Yooung
Que atrevido 🤭
~Mio^Mio~
Que emoción!
~Mio^Mio~
Me gusta 🤗. Esta interesante
~Mio^Mio~
🤣
MONICA GODOY RIOS
🤯🤯🤯🤯😱😱😱😤
MONICA GODOY RIOS
Ella no estudia, no trabaja ,🤔
MONICA GODOY RIOS
Interesante 🤔y original
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